Yo soy la venganza
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Perdóname Señor, porque hace mucho tiempo de mi última confesión. He matado a muchos hombres, algunos los merecían, otros no. Le juré a la mujer que amaba que dejaría atrás esta vida, pero me han obligado a volver porque… ‘Yo soy la venganza’.

“Has dado una patada a un avispero, y ahora tienes dos opciones: matarlos a todos o huir” (Dennis “El Barbero”).

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Crítica de Yo soy la venganza.
Contundente (rutinario dirán muchos) thriller de un tema tan trillado como la venganza del hombre corriente contra los maleantes que le hicieron daño a él y/o su familia. Esta cinta fue estrenada en España directa a televisión, sin pasar ni por video por demanda, ni venta física.

Se nota tras ‘I am Wrath’ (título original, que tiene su sentido, llegado el momento, y que en España no fue respetado) la mano de un artesano de la vieja escuela, Chuck Russell, y no de un joven director que buscara labrarse cierta fama dirigiendo para actores antes de moda (ver caso de Bruce Willis y sus colaboraciones con el infame Brian A. Miller). Recordemos que Rusell fue el firmante de conocidos films como:Pesadilla en Elm Street 3: Los guerrero del sueño (1987), ‘La máscara’ (1994), Eraser (1996) o El rey Escorpión (2002). Aquí se encargó de entregarnos un thriller de venganzas al estilo de los años 90, quizá de los de la época del video y no de los que llenaban cines.

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El tono y formas del film recuerdan (salvando las distancias) aAl límite (Martin Campbell) protagonizada por Mel Gibson en 2010. En ‘Yo soy la venganza’ nos encontramos todo esto: un par de actores protagonistas que vivieron su época de oro en los años noventa, peleas nítidas, tiroteos contundentes, puntuales toques de humor, revueltas ciudadanas, pánico en la calles, inseguridad…

Todo lo anterior lo viviremos en las calles de Ohio (Cincinnati), en un entorno real y presente. Una ciudad donde el clima político y social parece muy revuelto… incluso para las familias acomodadas, nadie está a salvo de que un día le toque la negra. Esas calles en donde las drogas circulan como si fuesen caramelos (algo típico del cine de los setenta y ochenta), esos camellos que eran a su vez soplones de la policía, y esos pasa-papelinas de ayer que se creen los señores del crimen de hoy. ¿Será que vuelve el cine de explotation de la Cannon Group y cia? Por lo menos aquí lo hizo para, por un poco más de hora y media, retrotraernos a los tiempos en donde las palabras dejaban paso a las armas.

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No se puede pasar por alto un detalle de guión que me chocó sobremanera: el curioso caso de que el protagonista, Stanley, acabe recurriendo a la Biblia en busca del perdón, intentando encontrar en la Religión el billete para expiar sus pecados, algo que, teniendo como actor que le da vida a Travolta, conocido cienciólogo, descoloca bastante…

Un John Travolta que se sobrepone a un postizo (estilo nido de pájaros) a base de sus tics habituales en el terreno dramático. El resto del elenco lo completan Sean Trammell (actor visto en “True Blood”), el armario de cuatro puertas Christopher Meloni en su mejor papel y el co-autor del guión Paul Sloan como Lemi K, un antiguo pasa-papelinas tatuado que hoy, y gracias a saber guardar secretos de gente importante, es un auto-nombrado señor del crimen. Para el final dejamos el inenarrable reencuentro con Rebecca De Mornay quien desde ‘Identidad’ (James Mangold, 2003) se ha dejado destrozar la cara por los carniceros del bisturí que campan por Hollywood (¡ojo! a cuando para un flashback de su personaje, el director usa imágenes de archivo de la actriz de los años 90, de cuando aún no había pasado por los quirófanos).

Conviene hacer mención a que este film salió en USA y resto del mundo para video por demanda y formato físico, y que su director de fotografía, Andrezj Sekula, llevó a cabo la misma labor en los dos primeros films de Tarantino y en un film que vimos en España en la gran pantalla, Tokarev (Paco Cabezas, 2014). Atención a sus secuencias de apertura con revueltas callejeras reales que ponen rápidamente en situación.

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En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Yo soy la venganza, un contundente thriller criminal sin tiempo para el respiro en donde sólo vale ajustar cuentas a cualquier precio. Un film cimentado en la buena mano de un artesano como Chuck Russell y en dos intérpretes que dan sobradamente el pego como tipos duros: Travolta y Meloni, aún mejor el segundo que el primero. Su estilo y maneras recuerdan muy mucho a las cintas de vigilantes clásicas de los 80s y 90s, además gradecidos toques de humor para relajar al espectador ante una trama rutinaria.