El tesoro de Sierra Madre
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“La montaña está esperando a quién la descubra y tome su tesoro. La cuestión es: ¿Eres tú esa persona? Las minas reales son muy escasas, cuesta mucho encontrarlas. Respóndeme por favor, ¿cuánto vale una onza de oro? ¿20 $? Mil hombres van en busca de oro, después de seis meses, uno tiene suerte. Uno de mil. Su hallazgo representa no sólo su trabajo, sino el de los otros 999. Eso son 6000 meses, o sea 500 años, arrastrándose por la montaña con hambre y sed. El oro vale lo que vale por el trabajo humano que cuesta encontrarlo. El oro es algo diabólico. Se hace una fortuna y se desperdicia buscando otra. Eso es el oro”… y esto es ‘El tesoro de Sierra Madre’.

“He excavado en Alaska, Canadá y Colorado. Fui a las Honduras Británicas y gané sólo para el billete de vuelta y curarme de unas fiebres. Sé lo que el oro hace en el alma de los hombres” (Howard)

Crítica de El tesoro de Sierra Madre

Tras volver de la II Guerra Mundial, donde hizo de documentalista, John Huston tenía en mente llevar, por fin, a la gran pantalla ‘The Treasure of Sierra Madre’, la novela de B. Traven, la cual ya quería que fuera su segunda película como director, tras el triunfo de ‘El halcón maltés’ (1941). La Warner Bros. ya había intentado en varias ocasiones llevar la obra al medio cinematográfico sin éxito, no logrando desprenderse del tono depresivo por el camino, pero Huston tenía “la formula”… y cuando recibió el visto bueno (en verano de 1946) sólo tardó dos meses en finiquitar el libreto.

Por su parte, Humphrey Bogart se había consolidado como súper-estrella de la Warner y mito americano desde la marcha al frente de Huston, y cobraría 200.000 $ por protagonizar el film. Walter Huston tuvo su oportunidad para lucirse y co-protagonizar un film dirigido por su hijo, en un papel por el que acabaría ganando el Oscar al mejor actor secundario. Un habitual actor de reparto de producciones de Serie B y asiduo del western como Tim Holt tendría a su cargo el tercer rol en importancia, sobre todo gracias a su juventud y cara afable, que serviría de contrapunto al anciano Huston y a un Bogart cuyo papel cambiaría su personaje recurrente.

En ciertos cameos podríamos ver a Ann Sheridan como la prostituta y al propio director, John Huston, como el hombre del traje blanco que sirve de sustento durante todo un día al vagabundo de Bogart, hasta que harto le para los pies: “Esto es lo último que le doy, y tome otro peso para que no olvide mi promesa. Desde ahora tendrá que apañárselas sin mi ayuda”. Todo un guiño a una conversación real que Huston y Bogart tuvieron cuando el primero se fue a la guerra y que traía de vuelta la lucha del director por conseguir que Bogie fuera el protagonista de ‘El halcón maltés’, por encima de las preferencias del estudio.

‘El tesoro de Sierra Madre’ se rodó durante seis meses, un mes más de lo acordado en principio y la mayor parte en México, bajo un calor abrasador en localizaciones reales (hacía 40 grados a la sombra… lo malo es que no había sombra) y tuvo escenas adicionales una vez ya se daba por concluida su filmación en Los Ángeles (las secuencias que tienen lugar en Tampico fueron las únicas que fueron grabadas en estudio). La cinta acabó costando unos 3 millones de dólares.

La Warner Brothers, una vez montada y editada la película, se encontró con un problema a pesar de su calidad y de ser calificada por Jack Warner como una de las mejores películas que había producido. El problema consistía en que no sabían cómo vendérsela al gran público… Para ello, optaron por potenciar los aspectos de búsqueda del oro y publicitarla como un western de aventuras. De esta forma, varios carteles presentaban a Bogart como un aventurero con una mujer a su lado, cuando en el film las únicas mujeres que aparecen son prostitutas (o lugareñas) y ninguna tiene ni de lejos contacto con el Fred C. Dobbs de Bogart.

El film no fue un éxito precisamente. Los fans de Bogart salían totalmente desencantados de cómo habían cambiado a su icono, sin embargo los críticos elevaron el film entre las más grandes y los premios de la Academia lo confirmaron. Acabó ganando tres Oscars: mejor director, mejor guión y mejor secundario. Incompresiblemente, Bogart no recibió ni siquiera una nominación importante, cuando esta fue, posiblemente, la mejor interpretación de su carrera. Sí las logró por papeles más de su estilo en ‘La reina de África’ (John Huston, 1951) y ‘El motín del Caine’ (Edward Dmytryk, 1954).

‘El tesoro de Sierra Madre’ es una obra maestra del cine, en donde el oro bien podría cambiarse por el petróleo o por la cocaína (algo que haría en 1981 Brian DePalma enEl precio del poder). Estamos ante un film que lo tiene todo: aventuras, comedia, suspense y, sobre todo, drama desgarrador, el cual empieza cuando esos tres pobres diablos Howard, Dobbs y Curtin (Walter Huston, Humphrey Bogart y Tim Holt) llegan hasta las montañas y empiezan a explotar su mina. Dobbs y Curtin, que decían conformarse con 5.000 $ en oro aunque tuvieran la posibilidad de sacar 500.000, verán como la historia del viejo de lo que el oro hacía en el alma y el corazón de los hombres eran ciertas.

Aquí seremos testigos de cómo empezarán a aparecer las dudas, la amistad se convertirá en confrontación, la avaricia nublará el buen juicio, y surgirá la desconfianza y, sobre todo, la negrura se apoderará de los corazones de los buenos hombres (ojo especialmente a la desintegración del personaje de Bogart, quien en su segundo acto, totalmente enloquecido, lleva a cabo un adelanto inenarrable del primer “Joker cinematográfico” de la historia del séptimo arte, atención a su risa y su sombría iluminación).

Por medio de su personaje, Humphrey Bogart llevó a cabo un insuperable descenso a los infiernos en una de sus mejores (sino la mejor) recreaciones de todos los tiempos, totalmente alejada del antihéroe carismático que le dio el estrellato: no se toca la oreja en ningún momento (uno de sus tics por excelencia) y son contadas las veces que se sube los pantalones con su estilo inimitable. Su Fred C. Dobbs es un hombrecillo que empieza siendo un tipo honrado que sólo quiere vivir y que acaba siendo un espectro andante. Su momento culminante será su encuentro final con “Sombrero dorado” (Alfredo Bedoya) al que John Huston filma como una sombra en el agua, como si fuera el reverso del propio Dobbs.

No se queda atrás de Bogie, Walter Huston como el viejo explorador Howard. Todos sus avisos sobre el oro se van cumpliendo, pero al igual que sus compañeros, Howard desea al oro, lo desea por la atracción diabólica que produce, pero como buen perro viejo sabe mantener la calma. Huston padre (sin dentadura por petición de su hijo) lleva a cabo una actuación memorable, para el recuerdo su primera aparición en el Oso negro (transcrita en parte en la introducción), su baile cuando encuentran los indicios de oro a las faldas de la montaña y todas y cada una de las escenas en conjunto con Curtin, un excelente Tim Holt, la cara amable del grupo, un joven que quiere el tesoro para comprar una finca donde poder plantar su propio sustento, recordando sus tiempos de jornalero recogiendo melocotones

También merecen ser destacados Bruce Bennett como el intruso tejano Cody, breve pero gran aparición que además se suma a defender el fuerte del ataque de los bandidos, y Alfredo Bedoya como el jefe de los bandoleros, un tipo que quiere cambiarle el rifle con el que le apuntan a Dobbs por un reloj de oro, en un momento de comedia negra tan genialmente bizarro, tan John Huston… Un John Huston que, con su dirección clásica, usa las sombras, las luces, un manejo de los tempos y una dirección de actores sencillamente maestra. No sólo eso, su guión traslada la novela de forma fascinante, dándole al género de aventuras una nueva variación, anticipando el boom del cine sobre el oro negro que vendría en los años 50.

Finalmente, mención para la música de Max Steiner, con bellas sonatas mexicanas que se tornan en una partitura desgarradora para los momentos de acción y del personaje de Dobbs.

“Las cartas ahora están de mi parte, ya no se baraja más. Hoy he ido al son de tu música ahora tú irás al son de la mía… ¡a tu funeral! ¿Tienes sueño? Pronto dormirás. Profundamente” (Dobbs)

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de El tesoro de Sierra Madre, una de las películas favoritas de Martin Scorsese, John Milius o Brian DePalma. Una obra maestra, la excelencia de John Huston, posiblemente la mejor interpretación de toda la carrera de Humphrey Bogart, y una de las asiduas entre las listas de las cien mejores películas de todos los tiempos. Un film imprescindible.

Curiosidades.
-Para hospedarse en México, Huston (padre e hijo), Bogart y compañía eligieron un balneario local, allí el alcohol corría sin parar durante la noche. Miembros del rodaje, en su momento, bromeaban con el español que aprendió Bogie durante su estancia en el país, dos palabras: “dos equis”, que era el nombre de una cerveza mexicana.
-Lauren Bacall (esposa de Bogart) y la por entonces mujer de Huston, Evelyn Keyes, visitaron el rodaje para preparar comida casera cuando varios miembros del equipo empezaron a caer enfermos por la mala calidad de la gastronomía local.
-Durante la filmación John Huston tuvo un detalle que honra su memoria y dejaba ver su carácter de patriarca ejemplar cuando quería: tomó bajo su manto a un niño huérfano llamado Pablo al que le dio comida, techo y lo tenía entretenido y lejos de la calle trabajando como recadero. Una vez terminado el rodaje, fue tanto el cariño que Huston le tomó al niño que se lo llevó a Los Ángeles donde tramitó todos los papeles necesarios para su adopción.

Tráiler de El tesoro de Sierra Madre