Misión Imposible: Fallout
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“Salvar una vida debe importar tanto como salvar millones de vidas. No se debe permitir un gran sacrifico para que se llegue a la paz. No importa que te repudien, que te persigan, ser señalado, quedarte solo, abandonado por tú propio país, con tu agencia negando tu existencia, herido, sin válvula de escape… ya se te ocurrirá algo para demostrar, de nuevo, que sigues siendo algo así como una paradoja”. Tom Cruise vuelve a acelerar a tope para convertirse en Ethan Hunt por sexta vez en… ‘Misión: Imposible-Fallout’.

Crítica de Misión Imposible: Fallout

Una vez más se demuestra lo que es un hecho irrefutable: Tom Cruise es, hoy por hoy, el único actor que sólo con su nombre es capaz de vender una película de alto presupuesto y que triunfe en 4 de cada 5 veces de manera aplastante. Con ‘Misión Imposible: Fallout’ lo vuelve a demostrar, dando al espectador todo de sí mismo en el nivel interpretativo, físico, emocional y llenando más de dos horas y veinte minutos de película de pura adrenalina. Una película que merece ser vista en cines como mínimo un par de veces (servidor solo la pudo visionar en 2D, pero la espectacularidad de algunas secuencias, rodadas sin trucos digitales, merecerá seguro el pago de una segunda entrada en tres dimensiones).

Es muy difícil controlar el hype que deja en tu cuerpo una secuela del nivel de ‘Fallout’, un film que claramente gana enteros sí sé es conocedor de la saga en su totalidad, y que perfectamente puede superar a cualquiera de sus predecesoras, manteniendo el nivel de la ‘Saga Imposible’ en lo más alto.

La pauta de ‘Fallout’ la marca Misión Imposible 3 de J.J. Abrams, del estilo de acción y thriller épico de aquella se empapa este film. Un film que da comienzo con un aire que evoca a la Misión Imposible de Brian De Palma, esto es, con un intercambio fallido bajo un puente empedrado al estilo de la emboscada de Praga. A partir de ahí se pone rápidamente al espectador en situación, ofreciendo un manual de cómo hacer cine de acción con un actor/estrella dispuesto a jugarse el pellejo y que conoce al dedillo todos los entresijos de un vehículo para su lucimiento.

Por aire, tierra, mar, en coche, a moto o a pie (amén de las luchas cuerpo a cuerpo) Tom Cruise y el director Christopher McQuarrie (el que mejor ha entendido su dimensión como estrella) hacen un repaso, a modo de highlights mejorados, de los grandes directores de acción de la historia, desde precursores como William Friedkin, John Frankenheimer o Michael Mann… a figuras autodenominadas mesiánicas como James Cameron. Para ello, toman secuencias icónicas de sus films y las trasladan al universo de Ethan Hunt redefiniéndolas en versión mastodóntica. Todas ellas, en su mayoría, protagonizadas por Cruise y la apabullante presencia de un Henry Cavill titánico, en clara reminiscencia a los superhombres vitaminados de los años ochenta. De hecho, la simple entrada en plano de Cavill, en su personaje del tanque humano Walker, da una dimensión de misión aún más imposible a la nueva aventura de Ethan Hunt.

Henry Cavill presenta a su Walker como un tipo que es una amenaza en sí mismo, incluso para su propia agencia (la CIA) y para el propio Hunt, ya que si éste no consigue las cabezas nucleares, Walker pasará por encima suya para conseguirlas él mismo con sus propios métodos. ¡Impresionante Cavill! convertido en un rival a la altura de un héroe como Ethan Hunt. La propia Angela Basset, en su rol de Erica Sloan, lo define perfectamente en una conversación con Alec Baldwin repitiendo como Alan Hunley: “Ustedes actúan como un cuchillo –en referencia a Hunt- yo tengo a mi propio martillo”.

El resto del reparto roza la perfección, con cada intérprete perfectamente conocedor del rol que le toca. Además de los ya mencionados, aquí vuelve Rebecca Ferguson como Ilsa Faust, la revelación de Nación Secreta y que, de nuevo, tiene una misión que cumplir que chocará en paralelo con la de Hunt. Estaba el listón muy alto, pero aun así Ferguson no decepciona, trayendo de vuelta a un personaje que bien podría ser el reverso británico de Hunt. El pérfido Solomon Lane, vagabundea de gobierno en gobierno con el rostro carcomido por la ira y de nuevo interpretado por Sean Harris, de lejos, el enemigo más peligroso al que se ha enfrentado Ethan Hunt. Simon Pegg sigue en su línea, aunque, poco a poco, va alejándose del rol de “alivio cómico” para ir haciéndose un agente de campo, con todos los peligros que ello conlleva. También vuelve Ving Rhames, el único superviviente de la primera entrega junto a Cruise. Su Luther Stickwell ya no es el que era, ahora se conforma con estar sentado la mayor parte del tiempo y llegar tarde cuando se trata de correr en busca de alguien o algo.

Entre las caras nuevas destacar a Vanessa Kirby como la viuda de blanco, su primera aparición en pantalla conlleva una revelación que remite a un personaje clave de la primera entrega. Y en el papel de Zola, el hermano de la viuda, encontramos a Frederick Schmidt, quien seguro hace carrera en breve en Hollywood y que aquí presenta candidatura para ello, por lo menos físicamente. Papeles breves para Michelle Monaghan como Julia (la ex-mujer de Hunt) y para Wes Bentley como el Doctor Patrick.

En cuanto a la dirección, decir que McQuarrie vuelve a demostrar que tiene una mano privilegiada para la acción, sabiendo rodar persecuciones a un nivel altísimo, al mismo tiempo que va uniendo set-pieces con un argumento que se va haciendo más grande e imposible a cada paso. Sólo se le puede dar una gran nota a McQuarrie por llevar al siguiente nivel a la franquicia, tanto con el anterior film como con éste, filmando (en global) las que probablemente sean las mejores persecuciones vistas en los últimos años.

McQuarrie es capaz de meternos de lleno en la adrenalina de la acción y hacernos sentir el riesgo en nuestra propia piel. Ayuda, por supuesto, el no tener que recurrir a ningún truco de cámara para esconder a los dobles de Cruise o Cavill (¡ojo! al salto Halo, o a la persecución psicótica entre dos helicópteros… por no olvidarnos del tremebundo enfrentamiento a tres bandas en los lavabos de una discoteca). Para los ávidos de morbo, decir que el salto en donde Cruise se partió el tobillo y fracturó varias costillas está en el montaje final y, llegado el momento, se identifica perfectamente.

“Deberías haberme matado” (Solomon Lane)

En resumidas cuentas.
Finalizo mi misión con esta crítica de Misión Imposible: Fallout, una secuela ejemplar, un vehículo de lucimiento épico para Cruise, una montaña rusa psicótica de acción desenfrenada con un argumento al más puro estilo James Bond. Un viaje por el globo para mostrar al mundo las set-pieces de acción más memorables del viejo cine de acción de los setenta y noventa, redefinido al estilo Cruise/McQuarrie. Tom Cruise es el último cowboy y la saga ‘Imposible’ es su viejo Oeste.

Tráiler de Misión Imposible: Fallout