Encuentros en la tercera fase
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Dos años después de su consagración, y de haber pegado el pelotazo asustando a millones de bañistas por todo el mundo gracias a ‘Tiburón’ (1975), Steven Spielberg regresaba detrás de las cámaras para regalarnos otra historia inolvidable de la que ya han pasado la friolera de 40 años. Llegó el momento de tener unos… ‘Encuentros en la tercera fase’.

“Esto significa algo y es importante”.-Roy Neary.

Crítica de Encuentros en la tercera fase

En 1977 Steven Spielberg tenía tan sólo 31 años y ya nos había dejado dos películas inolvidables que pasaron a formar parte de la cultura popular mundial, a saber:El diablo sobre ruedas (1971) yTiburón (1975). Con estas destacadas credenciales se puso manos a la obra para escribir y dirigir ‘Encuentros en la tercera fase’, un film que aún hoy en día es considerado como una de las mejores películas sobre el fenómeno OVNI. Otra cinta para la historia personal del realizador nacido en Ohio y para la historia general del cine. Y todavía Spielberg nos iría regalando muchas más cintas memorables…

Como acabo de exponer, el libreto del film es obra del propio Spielberg que contó con el asesoramiento del astrofísico y ufólogo J. Allen Hynek (1910-1986). Hynek expuso al famoso cineasta las fases del fenómeno OVNI: avistamiento, evidencias y contacto físico. En base a ellas Spielberg desarrolló el libreto (los avistamientos que tienen los protagonistas, los vehículos que van reapareciendo y los sucesos de la Torre del Diablo). Además, el cineasta y guionista, divide la narración del film en dos líneas argumentales que se van juntando: por un lado somos testigos de la actuación, seguimiento y preparativos de las fuerzas estatales norteamericanas lideradas por el profesor Claude Lacombe… y por otra parte somos testigos de cómo el fenómeno afecta a una serie de personajes a nivel particular, Roy Neary y Jillian Guiler. Finalmente, ambas narraciones terminan por unirse en el inolvidable tramo final con un breve cameo del propio Hynek incluido.

Acabo de comentar que la película sigue dos narraciones: la gubernamental y la personal. En la primera de ellas somos testigos del modo de proceder de los organismos oficiales, negando la existencia del fenómeno y ocultándolo con diferentes maniobras para manipular y engañar a las masas (por ejemplo, la estrategia del escape del gas tóxico para evacuar la zona del contacto). En la segunda se ahonda en cómo el fenómeno termina por obsesionar al testigo de tal modo que termina aislado socialmente y bordeando casi la locura. Tenemos pues una buena exposición con algún que otro momento terrorífico como el asalto a la casa de Jillian Guiler, una secuencias tan destacadas e icónicas como el tan reconocido final.

De los pocos reproches que se le pueden hacer al libreto de Spielberg son: el hecho de una ausencia total de indagación científica al respecto de dónde podían proceder los OVNIS… o el hecho de que los humanos entablen una comunicación en la que ellos mismos reconocen no saber lo que “comunican”. Pero bueno, en general esta “inocencia” era muy habitual en los libretos de la época, amén de que antes no necesitábamos explicaciones tan supuestamente “inteligentes” como las que tratan de exponer hoy en día algunas películas buscando un “realismo” del todo punto exagerado en la ciencia-ficción… Por otro lado, más sorprendente y reprochable resulta el hecho de que personajes cultos como Roy Neary y Jillian Guiler no fueran capaces de reconocer la Torre del Diablo, cuando es uno de los monumentos naturales más reconocidos de Estados Unidos.

En cuanto a los efectos especiales cabe decir que para la recreación de las naves avistadas, principalmente, se usaron trucajes de luces y dispositivos generadores de señales digitales en las cámaras y maquetas, especialmente destacada fue la realización de la gigantesca nave nodriza a través de dos maquetas: una de 2,5 metros de ancho (que era la del juego de luces repleta de tubos de neón) y otra de cuerpo entero de unos 90 kgs de peso.

Por su parte, la música de John Williams se convirtió en fundamental, sobre todo porque Spielberg la consideraba el lenguaje con el que tendría lugar la comunicación entre humanos y extraterrestres. Así las cosas, director y compositor, trabajaron codo con codo hasta conseguir una especie de “saludo sonoro”. Un “saludo” compuesto por tan sólo cinco notas que se convirtieron en inolvidables y que hicieron “sudar sangre” a Williams…

“¿Qué es lo que se está cociendo aquí?”… Naves misteriosas.

En el reparto de ‘Encuentros en la tercera fase’ cuatro son los nombres importantes, tres hombres (Richard Dreyfuss, François Truffaut y Bob Balaban) y una mujer (Melinda Dillon). La labor de otros intérpretes como Lance Henriksen o Carl Weathers se limitó a meros cameos, incluso la aparición de Weathers fue eliminada del montaje final aunque su nombre se mantuvo en los créditos. Empiezo a comentar el rol de los caballeros…

Richard Dreyfuss interpretó a Roy Neary, un padre de familia bastante desordenado que trabaja en una empresa de suministros eléctricos. Su vida da un vuelco cuando sufre un inesperado avistamiento… La labor de Dreyfuss es realmente buena, sobre todo, a la hora de retratar la obsesión (e incluso locura) que se apodera de Neary por saber todo lo posible acerca del fenómeno. Algo que llevará a su personaje a alejarse totalmente de sus hijos y de su esposa interpretada por Teri Garr.

Para François Truffaut y Bob Balaban quedaron los papeles del profesor Claude Lacombe y de su ayudante/traductor David Laughlin. Lacombe es un especialista francés nombrado máximo responsable del seguimiento de los avistamientos por los diferentes territorios y Laughlin “simplemente” es su traductor. Decir que Truffaut era reconocido por su labor como guionista y director, además apenas hablaba inglés y participó en esta película por empeño personal de Spielberg, que lo admiraba y quería tenerlo a bordo. Pese a que casi no tenía experiencia como actor, la labor de Truffaut es muy relevante y llena la pantalla de carisma, educación, elegancia y saber estar con un personaje como Claude Lacombe que transmite una calma y serenidad impagables. Por su parte, un barbado Bob Balaban cumplió sobradamente como su “escudero” y traductor.

Finalmente, queda resaltar el trabajo de la actriz Melinda Dillon que dio vida a Jillian Guiler, una madre soltera y pintora que vive con su hijito pequeño (papel interpretado por Cary Guffey) en una aislada casa de campo. Es cierto que Melinda se esfuerza, pero su labor queda por debajo de la de Dreyfuss, Truffaut y Lacombe. Incluso, en un momento dado, su personaje decide quedarse por detrás como en una metáfora de la realidad interpretativa del film.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Encuentros en la tercera fase, una película que vista cuarenta años después de su estreno sigue conservado toda su magia y buen hacer. Este es un film que, sin ningún género de dudas, está a la altura de las mejores películas de Steven Spielberg y, probablemente, es la cinta que mejor supo reflejar todo el misterio del fenómeno OVNI y el “contactismo” cuando ambos fenómenos estaban en uno de sus momentos de mayor apogeo, fuerza e importancia. Debió ser algo impresionante verla en la gran pantalla a finales de los años 70. Hagan el favor de no perdérsela.

Tráiler de Encuentros en la tercera fase