El ascensor
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Un ascensor logra adquirir conciencia de sí mismo y decide acabar del modo más cruel posible con todos aquellos que osen hacer uso de sus servicios. Absténganse claustrofóbicos y lectores con miedo a acceder a las cabinas de los ascensores porque nunca se sabe lo que puede suceder…

“¡¡Por las escaleras!!”

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Crítica de El ascensor

Si echamos la vista atrás y nos centramos en el género fantástico de las décadas de los 70 y 80, podemos llegar a la conclusión de que se trataba de una era donde la creatividad se encontraba por encima del simple negocio, y en la que realizadores de todas las nacionalidades buscaban humildemente su sitio en la industria, mostrando verdaderas ganas de innovar y sorprender aunque fuera a costa de argumentos delirantes o incluso atroces, pero dejando a un lado el afán exclusivamente lucrativo. Algunos alcanzaron rápidamente la cima con éxitos inesperados que les encumbraron a lo más alto, mientras que otros de estos cineastas, muchos de ellos de origen europeo, se quedaron en el camino pese a sus intentos desesperados por dotar a sus cintas de Serie B con un look netamente americano.

De este modo, y dejando a un lado directores de gran prestigio internacional que dejaron su huella en el cine de género, como es el caso de los Steven Spielberg (‘Close Encounters of the Third Kind’, 1977), Sam Raimi (The Evil Dead, 1981), John Carpenter (The Thing, 1982) o David Cronenberg (The Fly, 1986); así como otros de rango menor pero también responsables de algunas de las mejores películas del fantástico ochentero, como por ejemplo, Steve Miner (‘House’, 1986), Tobe Hooper (Poltergeist, 1982), Tom Holland (Child´s Play, 1988) o Stuart Gordon (‘Re-Animator’, 1985), no deberíamos olvidarnos de ciertos cineastas mucho más desconocidos para el gran público pero que también tuvieron su momento de gloria, quizás gracias a ciertas producciones aisladas y de éxito pasajero, aunque tremendamente rescatables y dignas de interés.

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Precisamente en este grupo podemos incluir esos artesanos que lograron cierta fama moderada fuera de sus fronteras, como el alemán Jörg Buttgereit (con su obra ultra-gore ‘Nekromantik’, 1987), el español Juan Piquer Simón (y su estupendaLa Grieta, 1989), o el holandés Dick Maas con su cinta de género más conocida, ‘El ascensor’ (The Lift, 1983), siendo este el film que nos ocupa hoy en portada. Y es que no nos olvidamos de aquellos lectores que crecieron con el cine fantástico de Serie B en la época dorada de los videoclubs, porque muchos de nosotros añoramos este tipo de cine y porque, en cierto modo, fue el género que nos convirtió en los cinéfilos que somos hoy en día.

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Maas ha sido considerado durante años como el director holandés con más proyección americana de su generación, de hecho, y como afirmaba unas líneas más arriba, Maas fue uno de esos directores que no cesaron en su empeño por dotar a sus películas con un cierto aire americano, aunque realmente la mayoría de ellas fueron filmadas en su país natal, financiadas por productoras holandesas y protagonizadas por actores nativos. En cualquier caso algunos de sus trabajos gozaron de una distribución internacional más que decente, especialmente la presente ‘El ascensor’, estrenada en todo el mundo (esencialmente en VHS) y siendo su trabajo más reconocido y relevante. La película, filmada íntegramente en Holanda con un presupuesto que no llegó a los 490,000 dólares americanos (unos 350.000 euros), narra la historia de un técnico de ascensores y una periodista que se embarcan en una peligrosa investigación que implica a un ascensor con una serie de misteriosas muertes.

Finalmente se descubre que el ascensor goza de vida propia como consecuencia del llamado ‘biochip’, microchips de última generación fabricados con proteína que pueden incluso reproducirse y multiplicarse entre sí. Esto da lugar a que las máquinas en las que los ‘biochips’ se encuentran implantados, en este caso un ascensor, adquieran conciencia de sí mismas, resultando tremendamente hostiles e incontrolables para el hombre.

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Sin duda se trata de una premisa argumental tan delirante como divertida que hasta cierto punto simboliza una surrealista metáfora sobre el peligro que los avances tecnológicos puedan ocasionar en nuestra sociedad. En cualquier caso ‘The Lift’ no deja de ser otra original vuelta de tuerca al eterno enfrentamiento cinematográfico del hombre contra la máquina, temática muy de moda en el cine de los años 80. Incluso podemos contemplar la película como una oscura sátira sobre los miedos de cierto sector de la sociedad a verse atrapada en un ascensor, aunque en esta ocasión será el ascensor el que atrape al ser humano, quizás harto de ser una máquina de utilidad limitada que debe cumplir con la monótona obligación de transportar al hombre.

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Visto así puede resultar bastante risible, pero Mass sabe jugar a la perfección sus cartas y consigue imprimir a su película una atmósfera efectiva y plagada de tensión, especialmente en todos y cada uno de los momentos en los que el ascensor aparece en pantalla. Definitivamente, el ascensor se convierte en un personaje más de la historia, logrando transmitir al espectador una sorprendente sensación de credibilidad, y eso es sólo obra de un Dick Mass que, pese a encargarse también de un guión para nada notorio, sí que sabe mantener al espectador bastante expectante hasta el final de la película. Amén de escenas maravillosamente bien resultas como la de la niña jugando con el ascensor o todas aquellas del tramo final, con el protagonista alcanzando las entrañas de la diabólica máquina. Desafortunadamente la historia quizás se encuentra arropada por un guión un tanto irregular que contiene alguna subtrama innecesaria, restándole algo de ritmo narrativo al conjunto en general (esa pseudo historia de amor entre el mecánico y la periodista, o los problemas de pareja del protagonista con su esposa, sobran a todas luces).

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A parte de esto, también debemos de ser conscientes de que ‘The Lift’ es un film de Serie B, de recursos muy limitados y escasos medios, pero no por ello debemos de dejar de disfrutar de una cinta que cumple perfectamente con su cometido y que contiene algunos momentos de tensión verdaderamente logrados. Que está condimentada con buenos efectos especiales de época y que mostrará alguna que otra muerte con ciertos toques de ‘splatter’ y muy mala leche. En cualquier caso no podemos engañarnos: en muchos aspectos su calidad puede dejar bastante que desear, como es el caso de interpretaciones bastante llanas, actores desconocidos de bajo rango (con Huub Stapel como el actor fetiche del realizador aún a día de hoy), o un guión totalmente surrealista y no excesivamente trabajado. Pero esto es cine fantástico de Serie B, y debemos saborearlo con el apropiado punto de vista. Un análisis desde la perspectiva del cine actual sería bastante equívoco e injusto.

Por tanto, si somos capaces de cambiar momentáneamente el chip, disfrutaremos a la perfección de esta interesante película de terror que sin duda nos replanteará si en un futuro deberíamos de seguir usando el ascensor, o por el contrario, utilizar las escaleras. La decisión está en sus manos.

En el año 2001 Dick Maas escribió y dirigió una secuela-remale titulada ‘El Ascensor. Nivel 2’ (‘Down’), con producción americana y protagonizada por actores como Naomi Watts, Michael Ironside o Ron Perlman. Una rareza de la que pronto hablaremos en Cineycine.

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En resumidas cuentas

Como les decimos en la presenta crítica de El ascensor, estamos ante una Interesante cinta de Serie B basada principalmente en la claustrofobia y miedos de la sociedad hacía los ascensores. El realizador lleva a cabo una curiosa odisea de terror y muerte llevada a cabo por un ascensor que decide terminar con la vida de aquellos que hicieron uso de él durante tanto tiempo. Maas saca partido de la película jugando a la perfección con su atmósfera, consiguiendo crear en el espectador buenas dosis de tensión e inquietud, principalmente como consecuencia de las sobrecogedoras apariciones del ascensor y sus tropelías. Buenas escenas de muertes, efectos especiales más que decentes, una premisa argumental realmente delirante pero original, y un buen final, convierten ‘El ascensor’ en un recomendable producto digno de recuperar, a pesar de un guión un tanto irregular como consecuencia de alguna subtrama innecesaria.