Cenicienta
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Siguiendo el precedente que supuso Maléfica (trasladar los Clásicos a versiones de acción real) en 2015 le tocó el turno al que es, seguramente, el cuento de hadas más conocido por todos. Así pues, acompañemos a ‘Cenicienta’ a su baile con la ayuda de su Hada Madrina para que pueda vivir por siempre feliz.

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Crítica de Cenicienta.
Disney lo volvió a hacer; aunque esta vez un poquito mejor. Pese al éxito que supuso Maléfica y la brillante interpretación de Angelina Jolie, esa representación de La Bella Durmiente no logró sobresalir del todo. Sin embargo, este fue el caso de ‘Cenicienta’, un film dirigido por el conocido Kenneth Branagh y que supuso una gran adaptación en muchos aspectos… si bien es cierto que tampoco aportó lo suficiente como para ser una versión considerablemente superior.

Cuando hice mi reseña del Clásico original de La Cenicienta hablé de que consiguió sacar a flote al departamento de animación de Disney con un rotundo éxito… pero tampoco es que fuera una sobresaliente película de animación. Aunque no por ello el propio Walt Disney no se sintiera muy orgulloso por lo conseguido. Así pues, nos encontramos con un caso similar con esta versión de acción real. Se ofrecen muchas cosas muy buenas… pero al mismo tiempo tampoco las suficientes como para destacar del todo.

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Lo primero que habría que hacer es hablar de las comparaciones con el Clásico. Sin ser exactamente idénticas contiene suficientes similitudes: los animales como parte de la historia (concretamente los ratones y el gato Lucifer), el Hada Madrina (con sus palabras mágicas) y el resto de los personajes. Inclusive, hay muchos más guiños como algunas canciones que canta Cenicienta o hasta la importancia de los cuadros. Eso sí, y aunque el contenido original esté aquí, no quiere decir que todo será exactamente como antes; después de todo, ¿dónde estaría el incentivo de ver esta película entonces?

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Ahora en esta crítica de Cenicienta, me gustaría hablar de las actuaciones ya que son el principal punto fuerte. Lily James como Ella/Cenicienta es la que menos destaca o aporta; y no porque lo haga mal sino porque su papel tampoco exige demasiado y sus propias circunstancias hacen que el público se identifique con ella fácilmente. Richard Madden como el Príncipe le otorga bastante más profundidad a la versión animada que apenas hablaba; no es que el actor tenga que hacer una interpretación tan compleja como lo hiciera en la (soberbia) serie “Juego de Tronos” pero da lo más de sí posible. Holly Grainger y Sopphie McShere como Anastasia y Drisella (respectivamente) vienen a hacer más o menos lo mismo que sus versiones animadas. Helena Bonham Carter de Hada Madrina no es precisamente la versión bondadosa que recordamos pero se aprecian ciertas similitudes en cuanto a personalidad. Ahora bien, la que roba el espectáculo es Cate Blanchett como Lady Tremaine. En muchos aspectos es muy similar al Clásico, pero a la vez, sin ser radicalmente dinámica, tiene mayor participación. Cada escena en la que aparece, cada vez que habla, cada vez que se mueve… siempre te deja enganchado y se lo pone bastante cómodo al espectador para odiarla, ya que es sumamente despiadada y despreciable.

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Por último, quedaría hablar de la cinematografía y el diseño. La película es PRECIOSA. Sumamente espectacular. Un verdadero deleite para la vista. Todo aquí fue hecho para que mereciese la pena el dinero invertido en la taquilla: los vestuarios son bellísimos, las tomas casi rivalizan con las de “El Hobbit/El Señor de los Anillos” y, por supuesto, la mejor secuencia de todas: la transformación del traje de baile (bebe de la versión animada y a la vez es totalmente nueva y única)… inclusive, dicho traje es espectacular, al nivel o superior del de Bella enLa bella y la bestia‘.

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Conclusión.
El Clásico animado no pasa del notable, pese a sus puntos fuertes. Así pues, esta versión de imagen real de Kenneth Branagh lo tenía muy fácil para ser sumamente superior y sin embargo no lo es. Ofrece pocas novedades con respecto al original. Y aun así, por pocas que sean, merecen la pena. Los actores hacen una labor encomiable y el apartado visual es superior. En mi opinión, la mejor versión de esta historia es ‘Por siempre jamás’ (1998). Pero, teniendo en cuenta que esta no es más que la adaptación de la película animada de Disney merece la pena también por sus propios méritos.