Carrie
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En 1976 Brian De Palma dio el paso a los films de estudios con una adaptación muy personal de una novela de Stephen King que además era la primera que pasaba del formato escrito a la gran pantalla. Un nuevo estilo de terror veía la luz. Y un cineasta de talento descomunal se presentaba al mundo entero. En el instituto Bates está a punto de estallar una violencia nunca antes vista, la ira de un alma atormentada, el poder de una mente privilegiada, la de… ‘Carrie’.

“Después de la sangre, viene el pecado” (Margaret White).

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Crítica de Carrie

El 22 de septiembre de 1977 se estrenó en España ‘Carrie’, un año antes lo había hecho en Estados Unidos, donde fue un éxito fulminante logrando una recaudación de unos excelentes 33.800.000 $ con sólo un presupuesto estimado de 1.800.000 $. Además fue la primera novela de Stephen King en ser llevada a la gran pantalla. Escrita por Lawrence D. Cohen, el film pasó de forma instantánea a ser una obra de culto de referencia dentro del cine de terror, y llevó a Brian De Palma al siguiente nivel, luego de esta vinieron los mejores años del cineasta, firmando obras ineludibles en su filmografía como ‘Vestida para matar’ (1980), ‘Impacto’ (1981),Scarface’  (1983) o ‘Los Intocables de Elliot Ness’ (1987).

Regresando con esta crítica de Carrie, cabe destacar la tremenda intensidad de las interpretaciones de sus dos protagonistas: Sissy Spacek y Piper Laurie, quienes fueron nominadas al Oscar por sus respectivos papeles. También en este film podemos ver a un joven John Travolta en su primer papel co-protagonista, tras haber participado el año anterior en ‘La lluvia del diablo’ (Robert Fuest). En 1981 un Travolta ya en el cenit de su celebridad, protagonizaría ‘Impacto’ de nuevo a las órdenes de De Palma.

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Tras llamar la atención de los peces gordos de la industria con sus pequeñas y referenciales cintas primerizas: ‘Hermanas’ (1972) y ‘Fascinación’ (1976), De Palma, por fin, obtuvo la oportunidad de trabajar para un gran estudio con unos medios más desahogados y un reparto de actores de nivel. Y el voyeur por excelencia del cine americano no lo desaprovechó, llevando su personal estilo de ver el cine y su maestro uso del suspense a un nivel difícilmente superable. Además, con ‘Carrie’ tenía la oportunidad de aumentar sus referencias y homenajes al cine de Alfred Hicthcock, su auténtico tótem cinematográfico. Detalles que pueden parecer nimios a primera instancia para el espectador neófito de turno, como la durísima escena de opening en las duchas, la figura de la madre sobreprotectora, el nombre del Instituto a donde acude Carrie (el Bates Institute), o el manejo de la cámara-grúa para aumentar la intensidad del suspense en su clímax final… nos llevan claramente a obras precedentes del maestro inglés. Y, en ese aspecto, De Palma siempre ha sido el director que mejor ha sabido recoger el testigo de Hicthcock, aunque para muchos críticos americanos esa pose de homenajeador del neoyorkino haya sido su mayor lastre a la larga.

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‘Carrie’, por mucho que esté englobada dentro del cine de terror, es un drama humano desgarrador de personajes, la mayoría de ellos auténticos seres despreciables que proyectan sus frustraciones en la protagonista: Carrie White, quien acabará estallando debido a los severos abusos, tanto físicos como mentales, a los que es sometida, deviniendo todo en un descontrolado y mortal clímax final.

Dentro de ese grupo de aberraciones humanas cabe destacar a Chris Hargensen (Nancy Allen), la muy abofeteable niñata malcriada que podemos encontrar en cualquier Instituto de secundaria que se precie. Tras ser puesta en su sitio por la maestra de gimnasia, Chris proyectará todo su odio contra Carrie, y llevará a cabo un plan para destruir su imagen pública para siempre. La actuación de Allen (pareja durante un buen tiempo del director) es una de las mejores de su carrera, simplemente perfecta. Bobby Nolan (Travolta) es el novio monigote de Chris, un auténtico cenutrio, que hará todo lo que esta le pida, sin importarle las consecuencias de sus actos. Y por encima de todos, Margaret White (Piper Laurie) la demente madre de Carrie, una fanática religiosa extremadamente trastornada que está llevando a su hija a un estado de locura irreparable… atención a la interpretación de Laurie, porque es de las que ponen muy nervioso, sus peroratas sacadas de la Biblia están cargadas de odio hacia el ser humano, al hombre y a su propia hija, y son realmente dignas de ser recordadas, además de su personaje de Margaret, que debe ser (por derecho propio) una de las mayores lunáticas que haya dado el séptimo arte.

Muy pocos son los personajes que apoyarán a Carrie incondicionalmente, uno de ellos es el de la maestra de gimnasia, la señora Collins (Betty Buckley) quien ve en Carrie, destellos de la joven que ella misma fue en sus años de juventud. Sue Snell (Amy Irving, en una caracterización con reminiscencias nada disimuladas a la de la Virgen María) será otro de los apoyos morales de Carrie en la distancia, cuando en un acto pleno de buena intención, Sue, pida a su novio (Tommy Ross) que invite a Carrie al baile.

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No se puede obviar, la música del maestro Pino Donaggio, sin duda el complemento perfecto para las imágenes de De Palma. Atención a cómo la partitura principal obra de Donaggio acompaña al opening en las ya citadas duchas, y al crescendo de suspense creado por De Palma, que logra que con una cámara en una grúa y un seguimiento a una cuerda entremos en un estado de tensión máxima.

Volviendo a las duchas, no está de más recordar que en el comienzo de ‘Vestida para matar’ (posiblemente al mayor homenaje a la memoria de Alfred Hicthcok que se haya hecho) De Palma, abriría el film con una escena aún más explicita que en ‘Carrie’, usando de nuevo una partitura de Pino Donaggio.

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En resumidas cuentas. 
El cristianismo extremo, la telequinesis, la manipulación, el odio, la incomprensión… todo ello y más son los temas que De Palma utiliza para redondear su ‘Carrie’, un film pequeño que se sustenta en la maestría de su director para manejar la cámara, y en su magnífico retrato de personajes. Todo ello desemboca en una explosión de terror final merecidamente inolvidable.

El plano: La sombra de Chris tras la cortina debajo del escenario, sujetando la cuerda y saboreando su momento.
La escena: La cena previa al baile de fin de curso en casa de los Whites, con un cuadro de la última cena de Jesucristo al fondo del plano.
La secuencia: La que escenifica la ira de Carrie que vive su punto álgido cuando sale del salón de baile en llamas, como si estuviera atravesando las puertas del mismísimo infierno.