13 horas: Los soldados secretos de Bengasi
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Michael Bay adapta el cruento suceso acontecido en la noche del 11 de septiembre de 2012. Una noche en la que el consulado americano en Bengasi (Libia) fue atacado por un grupo paramilitar radical. En este hecho real destacó un grupo de 6 hombres que defendieron sus posiciones. Todo ello a pesar de la negación del gobierno al respecto de la existencia de bases secretas en el país. ¡Bienvenidos a Bengasi!

“¿Y vas a ir en shorts?”.-Bon.

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Crítica de 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi

Con Michael Bay el tema es simple: se le ama o se le odia. El que escribe estas líneas es fan del cineasta californiano. Bay es un realizador cuya filmografía está enteramente relacionada con los blockbusters. Ahora bien, en la misma también se pueden apreciar intentos de seriedad. Por ejemplo con aquella cinta apadrinada por Jerry Bruckheimer y titulada ‘Pearl Harbor’ (2001). La película provocó cierto “odio” por coger un suceso tan duro en la historia americana e intentar convertirlo en otro ‘Titanic’ (James Cameron, 1997). Tan es así que el propio Bay abogó por olvidarse de historias reales y centrarse en otras cosas.

Posteriormente, y a medio terminar la tercera Transformers: El lado oscuro de la Luna(2011), el director puso su mirada en la historia que daría lugar a Dolor y dinero(2013), otro film “serio” que, de nuevo, fue carne de cañón para que sus detractores fueran a saco. Sin embargo, ciertos críticos norteamericanos (y la crítica europea) vieron que Bay aprendía de los errores de ‘Pearl Harbor’. De esta forma, entregaba una cinta negrísima sobre el sueño americano… Y es que debajo de ese director de melena al viento y obseso de las explosiones, se encuentra un realizador cuyas cualidades artísticas son obvias. Me refiero a un fuerte estilo visual, su uso del humor (cuando está alejado de los guilty pleasures que son las cuatro entregas de los robots alienígenas de Hasbro) y su visión del patriotismo. Aquí no lo sólo se reafirma, sino que lo deja claro.

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Tomando como argumento el violento asedio que duró 13 horas al consulado americano, y a la base de la CIA en Bengasi, Bay entrega su particular visión de la guerra moderna. Una guerra cruenta, sucia, visceral y brutalmente caótica. Esto es lo que le encanta a Bay: el caos… Este film lo rebosa por los cuatro costados.

Afirmar que “13 horas” es “otra película de Michael Bay” (que lo es, su firma está en todos los planos) es quedarse tan sólo en la superficie. Esta cinta es un homenaje puro y duro a los soldados de a pie, no a los trajeados que se paseaban en la (notable) La noche más oscura (Kathry Bigelow, 2012), sino aquellos que sudan y sufren frente al enemigo. Bay se siente como pez en el agua en este tipo de historias. Tan cómodo como sus compañeros (salvando distancias) Ridley Scott en ‘Black Hawk derribado’ y Peter Berg en El único superviviente’.

Bay imprime al film su brutalísimo estilo visual y su ritmo trepidante. Resulta increíble que sus 144 minutos se pasen en un suspiro. Esta «agilidad» la consigue con su potente galería de planos. Planos videocliperos pero totalmente pegadizos con el modo de visualizar todas y cada una de las set-pieces (guiño inclusive a ‘Pearl Harbor’ en lo visual en un momento concreto). También destacan sus soberbias secuencias de acción. Secuencias acompasadas por la arrolladora banda sonora de Lorne Balfe y apadrinada por Hans Zimmer. Mención a la primera incursión de los insurgentes en el consulado (tensión a lo bestia es quedarse corto).

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Sin embargo, todo lo anterior no funcionaría (y este es uno de los puntos débiles de Bay, pero no en esta película) sin el guión de Chuck Hogan (firmante del libro en que se basaría Ben Affleck para su The Town). Hogan sabe sacar partido al sentido vibrante de Bay e imprimirles carisma a sus seis personajes principales. Algunos se quejarán de su sensiblería… Sin embargo, logran una enorme empatía con el público, sobre todo John Krasinski. El actor logra sacar jugo a su Jack Silva, uno de los pilares del film junto con el duro James Badge Dale. Tanto Krasinski como Badge Dale (en este reparto de actores más o menos conocidos) llevan la batuta del film. Ambos están excepcionales en sus roles.

El californiano incide también dentro de la política de intervención de los USA. Lo hace en términos de que los que van a luchar son aquellos que están en tierra, sudando, sangrando y sufriendo frente al enemigo. Son estos hombres los que van a combatir en tierras que sus hijos no conocen y en situaciones que a otras personas les serían infernales. Bay claramente escribe una carta a los miembros del cuerpo militar americano. Y lo hace no en un sentido o sensiblería como pasaba en ‘Pearl Harbor’, más bien con sinceridad. Parafraseando al personaje de Eric Bana en ‘Black Hawk derribado’: “Cuando suene la primera bala, los políticos y todas esas chorradas, irán directamente a la basura”… Esto se puede ver perfectamente reflejado en esta ’13 horas’.

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En conclusión.
Termino ya esta crítica de 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi. Una película visceral, cruenta y bruta… pero también con un humor negro y un sentido real y emotivo hacia los personajes (y personas) que han visto cosas horribles en los conflictos. Este es el modo de ver la guerra moderna a través de los ojos de Michael Bay. No tengo reparos en afirmar que ha dirigido una de las mejores películas de su filmografía. Bay demuestra que también sabe hacer films más allá de los fuegos artificiales (por mucho que les pese a algunos).

Tráiler de 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi