Crónicas de San Sebastián 2016, día 6
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Crónicas de San Sebastián 2016, día 6.

En la sexta jornada de la 64 edición del Festival de San Sebastián pudimos disfrutar de una de las mejores películas proyectadas hasta la fecha, la rumana ‘Sieranevada’ con la que Cristi Puiu pretende conquistar el Oscar a Mejor película extranjera. No estuvieron a su nivel la esperada ‘I, Daniel Blake’ o ‘El invierno’, dos propuestas fallidas que engrosan la lista de películas olvidables que han pasado por los cines de Donosti.

‘Sieranevada’.
Cristi Puiu se ha convertido, junto a Corneliu Porumboiu, en uno de los nombres más importantes de la Nueva Ola del cine rumano. La excelente recepción crítica de ‘La muerte del Sr. Lazarescu’ y ‘Auora, un asesino muy común’ le convirtieron en una de las figuras más internacionales de la cinematografía rumana. Con ‘Sieranevada’ el director vuelve a demostrar su destreza tras las cámaras, convirtiendo un drama familiar de casi tres horas en un espectáculo muy ágil al que abraza con naturalidad la comedia. Para provocar eso el cineasta se ha valido de la historia de una familia que tres días después del atentado contra Charlie Hebdo y cuarenta del fallecimiento del patriarca, se reúnen para pasar el sábado juntos. Sin embargo, el encuentro no se desarrolla como debería…

Con ecos de ‘El ángel exterminador’, Puiu encierra a sus personajes en espacios cerrados, limitando su libertad al reducido espacio de una casa o un coche, para iniciar los conflictos con mayor facilidad. Mostrando una gran inteligencia, el director aleja la cámara de todas las situaciones dramáticas, convirtiéndose en el testigo incómodo de las comunes desavenencias de una familia rumana. La agilidad con la que rueda Puiu, que cierra y abre conflictos a través de las puertas de la casa, convierten la duración de la película en una mera anécdota. Además, la forma de rodar del cineasta, que aprovecha cada espacio de la estancia para desplazar su cámara, convierten ‘Sieranevada’ en un ejercicio de estilo tan estimulante como su premisa. La comicidad que desprenden los discursos de la familia, que van desde la crítica política hasta el (des)engaño amoroso, son un elemento más a destacar de este impresionante híbrido entre cine y teatro que, a pesar de la variedad de temas, mantiene impertérrito el nivel de atención del espectador. Una joya que no debe pasar desaparecida.

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‘I, Daniel Blake’.
Después de alzarse con la Palma de Oro en la pasada edición del Festival de Cannes se esperaba mucho de la última propuesta de Ken Loach, el cineasta social por excelencia de Gran Bretaña. Y aunque reconocemos y compartimos el discurso crítico sobre el que se levanta, nada en ‘I, Daniel Blake’ funciona de manera natural. Las intenciones del director son tan evidentes que ni la vis cómica de su protagonista consigue que empaticemos con la causa. En su nueva película, el veterano director cuenta la historia de un carpintero inglés de 59 años que tras sufrir un infarto se ve obligado a recurrir a las ayudas sociales para salir adelante.

Sorprende que una película así haya conquistado el mayor premio del circuito festivalero cinematográfico. La crítica que plantea ‘I, Daniel Blake’ es muy necesaria, pero Loach le da forma de manera lamentable, cayendo en el tópico y rayando el mal gusto en no pocas ocasiones. La poca delicadeza que muestra el director al criticar la burocracia británica lastra a una propuesta que podría haber funcionado mejor siendo menos obvia, pero Loach parece empeñado en mostrarnos la miseria de la manera más repentina y gratuita posible, prestando muy poca atención a la construcción de tramas y al sentido de las relaciones. De ahí que ‘I, Daniel Blake’ funcione cuando se centra en su protagonista masculino, por quien se canaliza todo el conflicto, pero falle al abordar la problemática desde la perspectiva de Katie, la madre soltera a la que Daniel Blake presta ayuda, o en los momentos de mayor carga emocional. Loach debería haber confiado más en las posibilidades de su protagonista para construir el filme comprometido que buscaba, sin añadiduras facilonas de por medio. Un producto importante por su espíritu de lucha pero fallido en su llamada a la acción.

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‘El invierno’.
Como tantos otros de la Sección Oficial, Emiliano Torres debuta en la dirección con ‘El invierno’, una película argentina sobre un viejo capataz de un rancho en la Patagonia que es sustituido por un peón más joven después de ser despedido. Es entonces cuando ambos deberán adaptarse y hacer frente al crudo invierno que les espera por delante. Avalada por multitud de premios en Latinoamérica, la película de Torres ha cumplido las sospechas y ya es una de las obras más interesantes de la categoría grande del certamen.

El argentino se atreve a reflexionar sobre la existencia y las consecuencias de la industrialización apoyándose únicamente en lo visual. El hecho de que Torres delegue la importancia de su obra en la capacidad del espectador para observar (que no mirar), restringe la accesibilidad de la misma, pero también la convierten en un producto muy estimulante. Su aparente falta de conflicto y la intención del director de acercarse a la realidad mediante la ausencia de elipsis, la convierten en un ejercicio de resistencia en algún momento, pero también en un producto de incuestionable interés para el público festivalero. ‘El invierno’ encuentra su mayor valor en la capacidad del argentino de contar mucho con muy poco.

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Terminamos la jornada con buenas sensaciones tras la gran ‘Sieranevada’, aunque esperamos que ‘Snowden’, ‘After the storm’ o ‘Yourself and Yours’ den la sorpresa en la próxima jornada del Festival de San Sebastián.

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