Crónicas de San Sebastián 2016, día 2
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Crónicas de San Sebastián 2016, día 2.

En la segunda jornada de la 64 edición del Festival de San Sebastián asistimos a la presentación de una de las cintas españolas más esperadas del año, ‘El hombre de las mil caras’, la película con la que Alberto Rodríguez pretende acercar al público a la figura de Luis Roldán. A la apuesta española le siguió ‘Little Men’, que supone la vuelta de Ira Sachs al certamen tras la presencia de ‘El amor es extraño’ hace un par de años. El día se cerró con la peor película vista hasta la fecha, la caótica ‘Orpheline’.

‘El hombre de las mil caras’.
El rotundo éxito de La isla mínima garantizó a Alberto Rodríguez un hueco en la historia de nuestro cine contemporáneo. Aquella película, en la que el cineasta sorprendió con un planteamiento visual completamente novedoso para el audiovisual español, le aupó a lo más alto de nuestra cinematografía, convirtiendo cada uno de sus proyectos en un acontecimiento de interés general. En ese contexto ha llegado ‘El hombre de las mil caras’, un thriller pseudopolicíaco con el que el director pretende acercarnos a la figura de Luis Roldán, un político del PSOE que se vio envuelto en un caso de corrupción durante los 90. Para contar su historia Rodríguez ha utilizado como eje central de la acción a Francisco Paesa, el hombre que ayudó a Roldán a intentar salir indemne de aquella situación. El resultado es una cinta muy ágil, bien interpretada y que supera con éxito todas las complicaciones narrativas que una historia con tantos elementos podía plantear.

En ‘El hombre de las mil caras’ Rodríguez sigue fiel a su grandilocuente estilo, acercándose cada vez más a las grandes producciones norteamericanas de este tipo. En este proyecto el director se aproxima a recursos como el ralentí o el montaje frenético, recordando en no pocas ocasiones al cine de Guy Ritchie, pero lo hace bajo el amparo de su historia y tono, que no rechazan en absoluto un enfoque de este estilo. Puede que la aproximación de estos recursos al cine comercial rebajen el nivel de aceptación de la película entre la crítica especializada, pero tampoco deja en buen lugar a aquellos que consideran un aspecto criticable y, por tanto, remarcable la inclusión de rótulos enunciativos superpuestos en pantalla completa. El tratamiento de personajes y la velocidad que exige una historia tan enrevesada como esta, agradecen un tratamiento como el de Rodríguez, y prueba de ello es que el principio y final sean lo que mejor funcione.

Es difícil evaluar el valor histórico de ‘El hombre de las mil caras’ sin tener un conocimiento certero de la historia real, aunque la mera preocupación de Rodríguez por compilar tanto en su película (y hacerlo bien), es una muestra del respeto que debe sentir por la historia que ha contado. El mayor problema de la película es la concepción de su tramo central. El nudo de la historia, además de demasiado extenso, carece de interés. Durante una parte demasiado pronunciada, impera la sensación de que la trama no avanza, volviéndose dolorosamente lineal, y evidenciando un fallo de planificación de la información. Aún así, Rodríguez construye un thriller muy potente en ‘El hombre de las mil caras’, dando paso además, a unas imperiosas actuaciones de Eduard Fernández y Carlos Santos.

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‘Little Men’.
Ira Sachs vuelve al Festival de San Sebastián con ‘Little Men’, una película pequeñísima con la que el director pretende tocar la fibra del espectador, algo que ya hizo tras su anterior paso por el certamen, cuando presentó con éxito el drama amoroso ‘El amor es extraño’. En esta ocasión Sachs se ha marchado a Brooklyn para contar la historia de dos jóvenes, Jake y Tony, que descubren en el arte un nexo de unión al que no están dispuestos a renunciar. Su relación, sin embargo, se ve amenaza cuando sus padres se enfrentan por el arrendamiento de una tienda.

Al igual que en su anterior trabajo, Sachs plantea en ‘Little Men’ una historia sobre la pérdida. En ‘El amor es extraño’ dos ancianos homosexuales se veían obligados a separarse tras perder su piso, mientras que en ‘Little Men’ es una mujer la que puede perder su sustento por no poder pagar el alquiler. Aunque al final ninguna película de Sachs habla de ese tipo de pérdida, focalizada en lo material, sino de otra más profunda que tiene más que ver con el desamparo o la impotencia que se generan en el interior de uno mismo. En su nueva película el cineasta se centra en una parte muy pequeña de la vida de unos niños para contarnos, con admirable sutileza, lo que supone para ambos y para su entorno su relación. Ambos encuentran en el arte el elemento unificador que necesitan para seguir dando sentido a su existencia, y es a partir de esa idea como se canalizan conceptos más complejos, como los del amor o el dolor.

Ira Sachs ofrece en ‘Little Men’ su historia más pequeña, y lo hace para hablarnos de partes concretas de la vida, de los problemas (no siempre) cotidianos y de los sentimientos. Todo con enorme naturalidad, controlando muy bien los tiempos y reservando un lugar privilegiado al espectador, que comprueba embelesado cómo un pedacito de vida pasa por delante de sus ojos. El mayor defecto de la cinta es que en ese dejarse llevar por lo cotidiano, por lo real, Sachs da demasiada importancia a la trama del alquiler, una historia que pierde interés cuando se utiliza para algo más que desencadenar el resto de la acción. Lo verdaderamente triste es que, por pequeña, probablemente olvidemos ‘Little Men’ mucho antes de darnos cuenta.

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‘Orpheline’.
‘Orpheline’ tiene todas las papeletas para convertirse en una de las peores películas de esta edición. La torpeza de Aranaud des Pallières para narrar lo que sea que quisiera contar en esta película, la ha catapultado a lo más bajo de la tabla en este festival, porque o bien ha hecho la obra vanguardista del año y nadie se ha enterado, o se trata de la obra más incoherente que se ha visto en el Zinemaldia en mucho tiempo. La cuestión es que nadie tiene muy claro qué es ‘Orpheline’, e incluso dudamos de que su director lo sepa (o al menos de su capacidad para contarlo). Y lo que mejor ejemplifica esta incomprensión es el dilema generado en torno a su protagonista, ya que mientras unos confiaban en su lógica, afirmando que la historia se centraba en cuatro etapas de la vida de una mujer, el director se ha encargado de confirmar lo contrario, que son historias separadas de personas diferentes.

Pero mejor pongamos en situación: la película se centra en cuatro vidas, la de una niña que ve como un juego infantil acaba en tragedia; la de una adolescente que vive entre fiestas y desenfreno intentando huir de la violencia de su hogar; la de una joven que se muda a París y roza el desastre; y la de una directora de colegio que es incapaz de huir de su pasado. Arnaud des Pallières parece querer contar la historia de unas mujeres (a falta de una hipótesis más clara, compramos la de su director) que por inseguras, no dejan de cometer errores en la vida. Aunque esta no deja de ser una elucubración demasiado atrevida, ya que nada en ‘Orpheline’ da pie a pensamientos irrefutables, más allá del profundo sentimiento de asco que genera el tratamiento de los personajes femeninos, que aparecen subordinados al varón, para limpiar, follar o ser maltratados. En este caso, la estructura episódica de la película debería haber sido mejor definida. Sería más fácil, aunque no más lógico, pensar que la película pretende contar la historia de un mujer cuya orfandad le llevó a tomar malas decisiones, y que es incapaz de salir de esa espiral, pero incluso en ese supuesto los cortantes y constantes cambios espacio-temporales y la falta de conexión entre todas las partes hacen bastante complicada su interpretación.

Sea como fuere, ‘Orpheline’ no merece más tiempo de reflexión. Arnaud des Pallières ha compuesto un filme potente pero caótico, en el que se antepone el hastío por su ridícula planificación al interés por su drama humano. Obviar lo que puede significar su historia y conservar algunas de las propuestas visuales del francés es el mejor regalo que se puede hacer a esta película.

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La jornada termina con sabor agridulce pero con la esperanza de que el tercer día sea tan brillante como promete, con Bertrand Bonello (‘Nocturama’), Mia Hansen-Love (‘El porvenir’), Rodrigo Sorogoyen (‘Que Dios nos perdone’) y Paul Verhoeven (‘Elle’). En cualquier caso en Cineycine os lo contaremos.

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