Z, la ciudad perdida

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Hoy toca conocer a un hombre llamado Percival Harrison Fawcett. Un explorador que inspiró al profesor Challenger de ‘El mundo perdido’ (Arthur Conan Doyle), un hombre cuya fama trascendió y se convirtió en leyenda. Esta es su historia. La historia de una obsesión, la historia de la búsqueda de… ‘Z, la ciudad perdida’.

“Yo la he llamado Z, el último puzle de la humanidad”.-Percy Fawcett.

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Crítica de Z, la ciudad perdida.
Esta nueva película de James Gray se basa en la novela ‘The Lost City of Z: A Tale of Deadly Obsession in the Amazon’, escrita en 2009 por el periodista norteamericano David Grann. Una obra que, a su vez, se centraba en la figura del explorador Percival Harrison Fawcett (1867-1925).

Percy Fawcett sirvió en el ejército inglés, alcanzando la graduación de teniente-coronel y triunfando, sobre todo, por su faceta de explorador en las zonas inexploradas y ocultas de Sudamérica. Su principal obsesión era encontrar la mítica ciudad de “Z” (una versión brasileña de la legendaria “El Dorado”) y en su búsqueda desapareció en el año 1925, junto a su hijo Jack. Sus cuerpos nunca fueron encontrados en rastreos posteriores y a partir de ahí surgió la leyenda: ¿Habría Fawcett encontrado la mítica “Z”?…

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Como sucede siempre (o casi siempre) que se traslada una “biografía” al cine, surgen cambios sobre los sucesos reales. Y esta ocasión no iba a ser una excepción, de esta forma, en el guión escrito por el propio James Gray podemos apreciar ligeras licencias sobre la historia más o menos oficial que se conoce sobre Percy Fawcett (por ejemplo, el hallazgo del “Manuscrito 512”) y conviene dejar constancia de esto para que nadie se lleve a engaño. Por lo demás, el libreto describe muy bien un contexto histórico (principios del siglo XX) en el que los exploradores eran considerados como verdaderos astronautas, el papel de la mujer estaba tremendamente restringido en la sociedad, o la esclavitud no estaba mal vista…

El film se inicia en 1905 con Fawcett ya casado y participando en una cacería militar. De ahí va avanzando en su narración hasta concluir en 1925. Por el medio quedan expuestas algunas de las exploraciones realizadas, el nacimiento de sus hijos o su participación en la Primera Guerra Mundial. Todo ello con un ritmo pausado y tranquilo (que no lento) y con una filmación que demuestra un gran gusto por lo que se está contando y por cómo se está contando…

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A nivel técnico, James Gray filmó la película en 35mm y contrató a Darius Khondji como director de fotografía, para conseguir una fiel recreación del momento y lograr la mejor plasmación en pantalla de los diferentes escenarios: “Quería que la película fuera casi como una vuelta visualmente a la complejidad de caracterización que puede encontrarse en filmes del ‘Nuevo Hollywood’ de la década de 1970. Quería que eso fuera unido al épico sentido de la aventura que David Lean aportaba a sus películas de principios de los 60. Naturalmente, ya me gustaría conseguir eso, pero al menos era a lo que aspiraba” (James Gray).

Cabe resaltar la gran recreación de la época que se deja sentir en el vestuario obra de la española Sonia Grande, las barbas y bigotes de los personajes y, sobre todo, destacar algunas localizaciones exteriores del film como la campiña de Irlanda del Norte o el rodaje en la selva tropical de Colombia, donde el equipo sufrió numerosos contratiempos (riadas, serpientes, insectos, calor y una humedad sofocantes…).

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“Esto es un desierto. Un desierto verde”… ¿Doctor Fawcett, supongo?

Sobre el reparto de “Z” sólo caben elogíos. Para empezar tenemos al protagonista, un gran Charlie Hunnam que avanza en esto de la interpretación a pasos agigantados… y llena por completo el traje y carisma de Percy Fawcett, tanto como militar, como esposo y padre, y como explorador. Un hombre tremendamente educado, abierto, responsable, con ganas de triunfar y obsesionado con la selva. Atención a su discurso en la Royal Geographical Society, y a su muy estimable pronunciación del español cuando le toca hablar en nuestro idioma con algunos de los nativos.

Por su parte, Sienna Miller hace una no menos fantástica labor como Nina Fawcett, la esposa de Percy. Sienna recrea una mujer con mucha personalidad y al nivel de su esposo, si bien, la sociedad de la época juega en su contra… De quien poco se puede decir es de Tom Holland pues aparece ya en el tramo final de la película como el Jack Fawcett crecidito y entusiasta.

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Al lado de Percy en los viajes nos encontramos a un irreconocible Robert Pattinson en otra gran interpretación. Una “performance” que te hace dudar de que incluso sea él, es decir, aquel chaval que fue Edward Cullen enCrepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008). Su rol de Henry Costin se pone a la misma altura que el Percy Fawcett de Hunnam y entre ambos te sumergen en la relación de amistad, responsabilidad, caballerosidad y respeto de estos hombres.

Atención también a Angus Macfadyen que aparece como el orondo explorador del Ártico, James Murray. Aquí si que parece que se recrea con fidelidad lo que debió ser la relación entre ambos exploradores y cómo terminaron la misma. La labor de Macfayden es otra que hay que tener muy en cuenta, dando vida a un personaje que, partiendo de la heroicidad y buenas maneras, termina convertido en un auténtico problema a todos los niveles… Finalmente, mención para el legendario Franco Nero que tiene algunos minutos como el Baron De Gondoriz, un tipo detestable que vive en la selva rodeado de esclavos y que no quiere que nada cambie.

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En conclusión.
Finalizo esta crítica de Z, la ciudad perdida; una película que te traslada a una época en la que los exploradores eran las estrellas del mundo civilizado, arriesgando sus vidas en busca de restos y civilizaciones perdidas. Una aventura filmada con sumo gusto, elegancia y porte, y que recuerda totalmente a aquellas maravillosas historias que podíamos leer cuando éramos pequeños en los cómics de “Joyas Literarias Juveniles”.