X-Men: Días del futuro pasado
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Tras cuatro títulos, el último de ellos centrado en la primera generación de mutantes, y después de dos irregulares spin-off de Lobezno, en el año 2014 nos llegó ‘X-Men: Días del futuro pasado’, donde Bryan Singer regresó a la saga que jamás debió haber dejado.

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Crítica de X-Men: Días del futuro pasado.
La idea de unir en una sola película el pasado y el futuro de los X-Men se prometía interesante y tras haberla visto ya puedo decir que no me ha defraudado. Obviamente el eje central de la película sigue siendo el que predomina a lo largo de toda la saga: el eterno debate moral entre Magneto y Charles Xavier. Y aunque ese debate sigue vigente en la película, son los sucesos de un futuro no tan lejano los que consiguen que dos mutantes tan distintos y con modos tan diferentes de entender la lucha acerquen posturas. En efecto, el futuro que se nos plantea como premisa argumental dibuja un escenario de pesadilla, donde unos androides tremendamente poderosos llamados “Centinelas” se encargan de librar a la humanidad de mutantes. Será entonces cuando los pocos mutantes que quedan con vida decidan unirse para encontrar una solución.

A partir de ese momento la acción se centra básicamente en 1973, donde Lobezno es enviado para intentar reconducir las cosas e impedir que ese futuro nefasto tenga lugar. Patrick Stewart, Ian McKellen, Ellen Page, Halle Berry… son actores que veremos poco en adelante, su trabajo consiste únicamente en mantener unido el vínculo que permite a Lobezno permanecer en el pasado. Ojo, ya aviso que esta película tampoco se libró de la típica incongruencia temporal que tanto hemos visto en films que abordan viajes en el tiempo. Pero no es algo que deba importarnos en demasía, si algo tienen los cómics de la Marvel son elementos fantasiosos de difícil explicación. Haremos bien en quedarnos con esa alianza entre Magneto y Xavier, todo en pos de lograr para la humanidad un futuro mejor.

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El siempre efectivo Hugh Jackman, más mazas y más Lobezno que nunca, se encargará precisamente de lograrlo, intentando poner de acuerdo a un joven y alcoholizado Xavier interpretado por James McAvoy y a un Magneto resentido que como siempre borda Michael Fassbender. Cabe decir que si recordamos el final de X-Men: Primera generación y pensamos en las reacciones de ese joven Charles Xavier recién lisiado… pues chocan un poco con lo que vimos en esta película, si bien es cierto que representa que han pasado unos cuantos años. Durante ese tiempo Mística, a la que nuevamente interpretó Jennifer Lawrence, se ha convertido en una agente libre que es crucial para arreglar el futuro.

Si bien la aparición más memorable fue la de Mercurio (Evan Peters) que protagonizó una escena exquisita donde por primera vez en mucho tiempo pudimos disfrutar de un uso inteligente del bullet-time. En esta ocasión el villano corrió a cargo de un magnífico Peter Dinklage, que aquí interpretó al constructor de armas Bolivar Trask. La verdad es que este fue uno de los mayores aciertos de la película, porque si algo demuestra este actor es que su éxito como Tyrion Lanister en ‘Juego de tronos’ no fue para nada casual.

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Paradójicamente, el problema de esta película quizás hay que encontrarlo en el propio Bryan Singer, que a pesar de conocer muy bien el universo X-Men y rendir un magnífico homenaje a la Marvel, no se libra de dar la sensación de que todos los actores tenían que tener su momento estelar por decreto, en lugar de formar parte de un todo, como por ejemplo en Los Vengadores‘. Ya no hablaremos de Hugh Jackman y sus músculos, sino también de las escenas de Fassbender, de Lawrence o incluso el inverosímil heroísmo de… ¡Nixon! En todo caso, si algo tiene Bryan Singer es que incluso cuando el ritmo decae es capaz de sacarse un as de la manga que lleva la acción a un nivel superior.

El apartado visual resultó excelente, ni una sola pega podemos poner e incluso la ambientación estilo años 70 fue perfecta, tanto en exteriores como en vestuario. Es cierto que hay alguna escena, por ejemplo el levantamiento del estadio, que estuvo más al servicio de lo visual que de la trama, pero la factura lució impecable. Y como ya hemos comentado antes, la escena de Mercurio es difícilmente igualable en ninguna otra película de superhéroes. Con esta película Bryan Singer consiguió poner, en términos generales, la acción al servicio de los personajes… cuando desgraciadamente suele ser al revés en la mayoría de ocasiones, y para ejemplo basta con recordar la para mi reguleraX-Men: La decisión final’.

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Conclusión.
Cuando me dispongo a ver una película de superhéroes sé muy bien lo que deseo: acción trepidante, efectos visuales al servicio de la trama, un argumento que se salga de la habitual linealidad y también una dosis justa de humor. Y esta película lo tiene todo, además de un guión bien trabajado y un ritmo trepidante que sólo se relaja cuando debe hacerlo. Tiene imperfecciones, alguna que otra incongruencia y detalles que podrían mejorarse, pero en general creo que estamos ante una película que ningún amante de los superhéroes/mutantes se puede perder. Así concluyo mi crítica de X-Men: Días del futuro pasado.