Vacaciones en el infierno

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Un ladrón perseguido hasta el sur de los Estados Unidos termina atravesando la frontera con México para terminar encarcelado por un grupo de policías corruptos en “El Pueblito”, una peligrosa cárcel donde el tráfico de drogas, la corrupción, la violencia, el dinero negro y el crimen son tan sólo algunos de los problemas con los que, con la ayuda de un niño de diez años, se va a tener que enfrentar “El Condutor”. Mel Gibson regresó con un papel hecho a su medida en ‘Vacaciones en el infierno’, un thriller carcelario con tintes de western moderno, pinceladas de humor negro y acción sucia que supuso un soplo de aire fresco a su filmografía.

“Welcome to México. Welcome to El Pueblito”.

Vacaciones en el Infierno

Crítica de Vacaciones en el infierno.
‘Vacaciones en el Infierno’ es un film extraño. Extraño principalmente porque se estrenó en plena etapa de decadencia personal y profesional de su estrella principal, el siempre excelente Mel Gibson. Extraño porque se trató de un producto inclasificable debido a la multitud de géneros y situaciones que abarcó. Y extraño porque se vio inmerso en una inverosímil situación (totalmente incompatible con su notable calidad, todo sea dicho) al tratarse de la primera cinta de Gibson en no estrenarse en salas estadounidenses, sino que lo hizo directamente en modalidad “Video on Demand”, para posteriormente ser lanzada en DVD/BD. Este hecho sólo dejó patente una cosa: que tanto el espectador como la industria de Hollywood le habían dado la espalda al polémico actor.

En cualquier caso, lo que sucedió con esta película fue un algo bastante curioso, ya que fue el propio Gibson el promotor de dicha iniciativa al ser muy consciente de que su popularidad en EEUU había caído y nadie iba a pagar una entrada de cine por verle en la gran pantalla, sobre todo a tenor del fracaso comercial de sus últimos trabajos. Por este motivo, Gibson, que a la hora de la verdad no tiene un pelo de tonto, evitó a toda costa que su película se distribuyera en cines norteamericanos, al llegar a un acuerdo entre su propia productora (Icon Productions) y la major (20th Century Fox) para que esta última no exhibiera la película en salas. Recordemos que en Estados Unidos son ya más de veinte millones de clientes los que tienen la plataforma “Video on Demand” para poder optar a cine a la carta desde sus propios hogares.

Vacaciones en el Infierno

Obviamente todo lo anterior se trató de un inevitable daño colateral inducido por los constantes escándalos y declaraciones de un Mel Gibson que, con el paso de los años, fue cavando su propia tumba: su abierta condición de homófobo y antisemita, su radical postura tanto política como religiosa, sus casi constantes problemas con la ley y el alcohol, e incluso problemas con sus últimas parejas de por medio. Todo esto fueron algunos de los hechos que mancharon gravemente su reputación, algo que, lógicamente afectó también a sus trabajos cinematográficos en Hollywood. Afortunadamente, Gibson ha recuperado posiciones gracias a producciones recientes como Blood Father y, sobre todo, gracias a Hasta el último hombre con la que consiguió volver a ser nominado al Oscar al Mejor Director. Mientras tanto, películas tan sensacionales (y estrelladas en taquilla) como Al límite (Edge of Darkness. Martin Campbell, 2010), El Castor (The Beaver. Jodie Foster, 2011) o la presente ‘Get the Gringo’ terminaron pagando los platos rotos de la dudosa actitud pública del actor en los últimos tiempos.

Vacaciones en el Infierno

Pero, independientemente de todas estas circunstancias, y tras contemplar ‘Vacaciones en el infierno’, está claro que el protagonista de Arma letal (Lethal Weapon. Richard Donner, 1987) sigue demostrando que es un excelente intérprete y que tiene el ‘don’ de seleccionar e involucrarse en proyectos, como mínimo, interesantes (como fue el caso de la citada ‘The Beaver’), o en otros casos muy llamativos como fue su rol de villano en Los Mercenarios 3‘, siempre dando el máximo de sí mismo en todas las labores en las que se implica. Esto sólo tiene una lectura: el verdadero talento no tiene porque verse afectado por los problemas personales, siempre y cuando hablemos de un talento innato, y de eso Mel Gibson tiene mucho, algo que demostró en ‘Vacaciones en el Infierno’, una cinta que no debería de pasar desapercibida por muchos motivos. Para comenzar, nos encontramos en un Hollywood escaso de ideas que se mantiene a flote gracias a los reiterados remakes, ‘reboots’ y adaptaciones del mundo de la novela y el cómic, así que es de agradecer que de vez en cuando nos lleguen propuestas tan frescas como esta ‘Get the Gringo’, cinta que nos ofrece la posibilidad de optar por algo bastante más alternativo que otras producciones de nula creatividad.

Vacaciones en el Infierno

Con un presupuesto ajustado de 20 millones de dólares y filmada por Adrian Grunberg (quien fuera ayudante de dirección en ‘Apocalypto’, y que aquí dirigió su primera y única película hasta la fecha), Mel Gibson se aventuró a financiar de su propio bolsillo y escribir (con la colaboración de sus camaradas Grunberg y Stacy Perskie) este thriller ambientado en México que gira en torno a un ladrón que, tras una persecución con la policía estadounidense, termina atravesando la frontera con México en una desesperada reacción por lograr su huida. En ese instante es detenido por la policía mexicana, que lo traslada hasta una peculiar cárcel conocida como “El Pueblito”. En realidad se trata de una pequeña barriada totalmente cercada donde los presos deambulan de un lado a otro y sobreviven del modo que pueden, ya sea haciendo negocios sucios entre bandas, chanchullos con la policía corrupta o robando en un ambiente hostil donde la violencia merodea durante toda la atmósfera. Pero “El Conductor”, tras analizar la situación, consigue ganarse la confianza de un niño curtido en las calles de “El Pueblito” que le ayudará a sobrevivir en su nuevo hogar.

Por una parte nos encontramos ante un muy interesante relato de supervivencia donde el personaje que interpreta Mel Gibson se las debe de ingeniar para salir airoso de la situación haciendo gala de su experiencia como delincuente y de su granujería, aunque durante buena parte de la primera mitad de metraje, y dado que su personaje inicialmente se encuentra totalmente sólo en este infierno y no puede interaccionar con nadie, el director recurre continuamente a la voz de Gibson en ‘off’ con el fin de hacer avanzar al espectador en la trama a través de las reflexiones personales de “El Conductor”, sobre todo, lo que va aprendiendo y analizando durante sus primeras horas de estancia en la cárcel.

Vacaciones en el Infierno

Y es que Gibson sigue siendo lo mejor de su propio cine, volviendo a demostrar que es uno de los actores más infravalorados de las últimas dos décadas al lograr en esta película otra de esas actuaciones que sólo merecen elogios por la versatibilidad que nos demuestra en todas y cada una de sus intervenciones (ya sean físicas o puramente interpretativas) y por el tremendo carisma que el actor derrocha en todos y cada uno de sus planos. De hecho, se trata de un papel que es todo un caramelo en dulce para el actor ya que la película es una propuesta verdaderamente versátil en lo referente a géneros y situaciones que abarca. Y es precisamente aquí dónde no debemos dejarnos engañar: a pesar de que el film se vendió como una cinta de acción al uso con dosis de comedia (que las hay, aunque no del modo que se imaginan), hemos de aclarar que estamos ante todo un thriller carcelario con tintes de humor negro que se encuentra claramente construido sobre un contexto dramático-social, y donde los extensos diálogos y la violencia (la justa, aunque descarnada) juegan un papel crucial en el guión, más que la propia acción en sí. No olvidemos que el film gira en torno al modo de vida de el pueblito, las relaciones entre personajes y el afán de supervivencia del delincuente en el mismo, por lo que no tiene cabida la acción gratuita como sí sucedía en otros trabajos del intérprete.

Teniendo siempre esto presente estamos ante un muy notable thriller dotado de una ambientación más que interesante gracias a un gran diseño de producción y a una excelente puesta en escena (“El Pueblito” queda retratado en pantalla de un modo tan realista que logran sumergirnos de lleno en sus sucias calles y ambientes hostiles), donde también seremos partícipes de una hilvanada evolución (e involución) de los personajes y de unas actuaciones de nivel (¡ojo! a Kevin Hernández), aunque también es cierto que al film le falla algo que termina por restarle un par de puntos al conjunto global: el ritmo, sin duda el factor que más flojea de este relato.

Vacaciones en el Infierno

La cinta empieza fenomenal, pero se desinfla algo sobre su segundo acto quizás acusando cierta saturación de personajes de todo tipo y de subtramas, algo que termina desviando en exceso la atención de los personajes principales de “El Conductor” y el niño (cuya relación se desvanece conforme pasan los minutos cuando creo que se debería de haber explotado más, pues se trata de lo mejor de todo el primer acto). Eso si, durante su último tercio la cinta retoma su pulso y nos muestra una excelente resolución plagada de crudeza, intensidad y buen cine a lo largo de los treinta minutos finales. Por otra parte, otro pequeño handicap es precisamente la indefinición de su propio género, o lo que es lo mismo, se trata de una película que abarca demasiadas temáticas y no se inclina claramente por ninguna de ellas, algo que puede despistar gravemente al espectador. Esta ambigüedad que impide al film definirse en un solo género (abarca tanto thriller, como western, cine negro, romance, acción e incluso humor negro) termina por convertir la película en una cinta un tanto peculiar y extraña, y seguramente incomprendida, aunque por lo que respecta a un servidor no me parece sino un ejercicio de versatibilidad argumental, más que un defecto.

Vacaciones en el Infierno

En cualquier caso, debemos de dejar claro en la presente crítica de Vacaciones en el infierno que estamos ante un muy buen film. Un producto imaginativo, original y dinámico que se encuentra plagado de diálogos memorables (atención al primer encuentro entre el niño y el conductor, con el primero pidiéndole insistentemente tabaco al segundo), secuencias que quedarán en la retina del espectador, algunas de ellas excelentes (la escena de apertura con el compañero de Gibson, disfrazado de payaso, escupiendo sangre en ‘slow-motion’ sobre el conductor del vehículo) y otras sumamente violentas (un sensacional, sanguinario y genialmente rodado tiroteo que tiene lugar en “El Pueblito”, o la escalofriante reacción del niño tras contemplar a su madre amordazada); y un Mel Gibson que, independientemente de su vida privada, sigue siendo un seguro de vida delante (y detrás) de las cámaras.

Imprescindible verla en versión original para disfrutar de la actuación y voz de Gibson, ya que además de demostrar que sigue siendo uno de los mejores intérpretes del momento, le escucharemos emplear el castellano durante buena parte del metraje. Aunque lo mejor tiene lugar durante la media hora final con uno de los (muchos) momentos estrella de la misma: Gibson nos deleitará marcándose una imitación de Clint Eastwood vía telefónica con una entonación de voz prácticamente idéntica a la de éste. Memorable.

Vacaciones en el Infierno


Lo mejor:
Sin lugar a dudas Mel Gibson, así como la intensidad, crudeza y violencia que merodea por toda la trama, especialmente durante un par de secuencias para el recuerdo.
Lo peor:
El ritmo decae en algún momento del relato, y cierta indefinición de la cinta, algo que no todo espectador asimilará.