Taps, más allá del honor
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“Hoy estoy aquí ante ustedes; contemplo a estos jóvenes y naturalmente recuerdo otras ceremonias como esta, y otros jóvenes: hombres valientes y decididos, hombres que lo dieron todo. En México, en la gran catástrofe de la Guerra Civil. En Flandes, en Argonne. En las selvas de Filipinas y en las playas de Omaha. En las nieves de Bastonge, en el Delta del Mekong y en el Asedio de Khe Sang… ¡¿Quién tiene derecho a decir que esta tierra se vende!? Ha sido comprada y pagada con la sangre de nuestros graduados. Yo soy un veterano de muchas batallas. Pero ninguna batalla es más importante que esta, que esta batalla final que me propongo ganar. Tenemos un año, en menos tiempo se han ganado guerras… Hombres bajo mi mando, mientras nos quede aliento y espíritu, debemos luchar por conservar la Academia, para que las tradiciones que nacieron aquí puedan mantenerse aquí”. Esto es la crítica de Taps, más allá del honor.

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Crítica de Taps, más allá del honor

Harold Becker (‘Melodía de seducción’, ‘Mercury Rising’) es el artesano detrás de este notable relato entorno a la lealtad, el honor, el paso de niño a hombre, el ejército y la vida dedicada a una meta. Comandado interpretativamente el film tenemos un gigantesco George C. Scott (actor sobre el que siempre se posó la alargada sombra de su papel en ‘Patton’) junto al que encontramos a un grupo de jóvenes actores debutantes que luego hicieron carrera como protagonistas de un buen numero de films, caso de Timothy Hutton que venía de ganar el Oscar al mejor actor de reparto en 1979, o futuras súper-estrellas como Sean Penn y Tom Cruise, el tercero en discordia en esta película pero el que más lejos llegó de todos ellos en niveles de popularidad.

Era 1981, plena fiebre antibelicista con films recientes en la memoria que removieron conciencias como ‘El cazador’, ‘Apocalipse Now’, ‘AcorraladooLa presa’. Y fue ese año en el que Becker mostró al mundo su propia versión de una guerra interior ante tu propio país, la burocracia y los intereses meramente económicos por encima de palabras tan mayúsculas como el Honor, la Lealtad y la Disciplina. Al mismo tiempo, Becker, apoyado en un guión magnífico escrito a cuatro manos por Darryl Ponicsan y el guionista de moda de los 80s, Robert Mark Kamen, mostraba la incomprensión y el odio que aún la ciudadanía sentía a los jóvenes que decidían dar su vida por su país (sobre todo por la desastrosa participación americana en Vietnam) o por la noble causa de la armada.

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Plagada de un buen numero de durísimas y aclaratorias peroratas y de una ambientación sobresaliente, ‘Taps’ se revela como un film imprescindible que redondea lo visto en cintas posteriores (y mejor valoradas) como La chaqueta metálica’, ‘Platoon’ oCorazones de hierro’, mientras que sirve también como vehículo de lanzamiento para comprobar cómo se desenvolvían imberbes como Sean Penn (que repetiría en la durísima cinta de Brian De Palma antes citada) y un impetuoso Tom Cruise, en un rol que muestra todo lo contrario al tipo de roles que luego le darían fama. Curiosamente el que menos trascendió de todos ellos, Timothy Hutton, es aquí el protagonista, un joven Mayor de Cadetes que lleva a cabo una sublevación contra el Sistema, ignorando, aún por su juventud, que el Sistema siempre acaba ganando. También hace acto de presencia un clásico de los 70 y 80 como Ronny Cox (Desafío total) quien es el militar del exterior encargado de negociar con los cadetes su rendición.

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Hay decisiones fácilmente cuestionables (desde el punto de vista del espectador) que Becker toma en ‘Taps’. La súbita desaparición de un descomunal George C. Scott (quien logra mantener en si mismo toda la atención los minutos que aparece en pantalla) es una de ellas, aunque como bien digo es una decisión loable como director, pues el último plano de C. Scott en el film deja bien claro que, a pesar de ser un guerrero toda su vida, acaba de ser derrotado moral y psicológicamente. Esto desencadenará los hechos que luego toman protagonismo en el film, con el grupo de cadetes adoptando unas decisiones precipitadas y suicidas a la hora de robar el arsenal del campo de entrenamiento y parapetarse en las instalaciones de Bunker Hill, reclamando una serie de condiciones indispensables para finiquitar la situación… Es en ese momento cuando se verá quienes de verdad están dispuestos a ir a la guerra y quienes, simplemente, no tienen madera de soldados… Al mismo tiempo, el director muestra a los jóvenes adolescentes en situaciones banales toda vez que están fuera de servicio, como viendo MASH en la tele, o tomándose la situación a broma en falsas conexiones en directo de Tv llevadas a cabo por Alex Dwyer (Penn)… al fin y al cabo aún no son hombres. Todo ello mientras fuera, los medios de comunicación, los vecinos y los padres de los cadetes no entienden como se ha llegado a tan extrema situación de no retorno.

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También es justo reconocerle a Becker en esta crítica de Taps, más allá del honor,  innumerables aciertos: el casting, su perfecto tino a la hora de mover la cámara por los rincones de Bunker Hill, su diseño de vestuario y el excepcional e imponente desfile de tropas en entrenamiento, una serie de desfiles que hacen que el espectador acabe mostrando un enorme respeto por esos jóvenes soldados.

A todo lo anterior ayuda en gran medida la fanfarria de Maurice Jarre y que el film esté apoyado en un novela plagada de diálogos y personajes memorables (“Father Sky” obra de Devery Freeman). Un descomunal despliegue de frases que en su gran mayoría son lanzadas por el General Baches, un durísimo hombre de Honor de la vieja escuela, un dinosaurio… Atención a como contesta a Moreland (Hutton) cuando este acude a por explicaciones tras la ceremonia en donde Baches lanza la bomba del cierre de la Academia (texto transcrito en la introducción de este articulo) “¿Cómo pueden hacer esto Señor? Con un golpe de pluma. Su campo del honor es una mesa… Cargaron la pluma, echaron una firmita y adelante, eso le aconsejaban las cuentas. Fuera de aquí se piensa que estas instalaciones son anacrónicas y que los lideres como usted y como yo estamos anquilosados… Acaso no es de locos agarrarse al honor en un mundo en donde el honor es despreciado”.

Con semejante actor en el plano, es normal que Becker buscara rápidamente la forma en que los jóvenes pudieran soltarse, así como digo, es loable su intento por dar una salida a Baches, para poner en manos de Moreland el asunto. Hutton aguanta dignamente sobre sus hombros el peso del relato y de sus acciones (ver como aferra los pies al suelo cuando su padre –también militar de alto grado- acude a disuadirle de seguir con esta situación, en otra escena decididamente memorable). Junto a Hutton, un Sean Penn demasiado ligero, lejos de su mejor nivel y que sólo acaba endureciéndose en los minutos finales, y un Tom Cruise con algunos ataques de sobreactuación, pero bien en líneas generales, dando vida a David Shawn, un tipo que no soporta a las nenazas y al cual las deserciones lo sacan de sus casillas.

“Tenemos una posición tomada. Ustedes son la razón de mi vida, mi familia y no dejaré que me los arrebaten” (General Baches).

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En resumidas cuentas.
Tremebundo drama militar que pone las cartas sobre la mesa, no se anda con ningún tipo de concesiones y además contiene un recital de George C. Scott. No solo eso, sino que también funciona como vehículo de lanzamiento para ver los primeros minutos de protagonista principal de actores que hoy día son emblemas en vida como Sean Penn y Tom Cruise. Posiblemente sea el trabajo más redondo de su director.

Tráiler de Taps, más allá del honor