La chaqueta metálica

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Stanley Kubrick ya había plasmado sus ideales antibelicistas en la película de 1957 ‘Senderos de gloria’. Treinta años más tarde, y ya convertido en un veterano director, abordó el mismo tema centrándolo en la polémica guerra de Vietnam en la cinta que hoy os comento. El mensaje sigue siendo el mismo, mostrando en toda su crudeza el mayor horror que ha creado el hombre: la guerra. Una guerra (la del Nam) de la que esta semana se han cumplido 40 años desde su finalización. Es hora de regresar al infierno y de saber qué se esconde bajo el título de ‘La chaqueta metálica’.

“A Dios se le pone dura con el Cuerpo de Marines, porque matamos a todo bicho viviente. Él juega a lo suyo, nosotros a lo nuestro. Y para mostrarle nuestra gratitud ante su inmenso poder, le llenamos el cielo de almas hasta los topes”.-Sargento Hartman.

La Chaqueta Metálica

Crítica de La chaqueta metálica.
La guerra de Vietnam fue un episodio sangriento y especialmente polémico para el público norteamericano. Por una parte porque por primera vez se dieron muestras públicas de repulsa ante la participación de Estados Unidos en el conflicto. Y por otra porque fue una guerra que finalmente se perdió arrastrando tras de sí a miles de jóvenes norteamericanos que luchaban en una guerra que no era suya.

Se han hecho muchas películas ambientadas en este episodio bélico, pero además de la que nos ocupa hay otro referente obligado, y no es otro que ‘Apocalypse now’ de Francis Ford Coppola. Se puede decir que hay un debate continuo acerca de cual de estas dos películas es mejor. Un debate que para mi es absurdo porque tanto Coppola como Kubrick emplean la guerra como mero pretexto para indagar en la condición humana. Y al final todo queda resumido a una mera cuestión de gustos. Pero hablemos de ‘La chaqueta metálica’ y de cómo se nos muestra el descenso al infierno a nivel individual. Porque en realidad eso es lo que hace esta película, plasmar la deshumanización del soldado cuando la supervivencia es lo único que importa.

La Chaqueta Metálica

Stanley Kubrick nunca fue un director que apostara por lo casual. Ni siquiera el título de la película lo es, ya que está basado en el nombre que reciben las balas de fusil que utiliza la infantería. Desde un principio nos adelanta por dónde irán los tiros, mediante una secuencia que muestra a través del rapado sistemático de los reclutas cómo la libertad individual queda subordinada a la disciplina militar. Esa pérdida de libertad y al mismo tiempo de identidad, no se limita sólo al pelo, sino que tras la aparición del sargento instructor Hartman incluso los nombres y las raíces de cada recluta dejan de importar. En ese momento se inicia el un proceso lento y cruel que ha de transformarlos en máquinas de matar. Un cambio retratado magistralmente a través del proceso de deshumanización al que los somete Hartman, con diálogos que despiertan la risa y el espanto por igual. El estado final de dicha transformación queda fielmente reflejado en las palabras de Bufón: “Estoy tan feliz de seguir vivo, de una pieza y apunto. Este mundo es una puta mierda, sí, pero estoy vivo y no tengo miedo”. Al final todo se limita a sobrevivir para poder seguir matando, perdiendo aquello que nos hace humanos.

Kubrick establece una dualidad constante dentro de esta guerra absurda. Por un lado están los que creen que cumplen con su deber protegiendo a su país y los valores que representa. Por el otro aquellos que no entienden su participación en el conflicto y que consideran un sinsentido estar matando gente al otro lado del mundo. Pero también hay que decir que no hay un juicio moral concreto, ni a Hartman ni al resto de personajes. Por ejemplo, queda en manos del espectador discernir acerca del destino del sargento Hartman, decidir si es víctima de sus propios errores disciplinarios o si por el contrario estamos ante lo que popularmente se llama “justicia divina”. Tampoco encontraremos el patriotismo de películas como ‘Salvar al soldado Ryan’, aquí no hay buenos o malos, no existe el motivo justificado que de sentido a la guerra. Sólo la disolución del individuo en la masa, la deshumanización del soldado y la manipulación propagandística del estado.

La Chaqueta Metálica

La película se divide claramente en dos bloques. El primero, magistral, relata el proceso de adiestramiento de los reclutas. Y el segundo, claramente más flojo, centra la acción en el campo de batalla. Es una estructura que sería empleada por otras películas como El sargento de hierro, si bien aquí adquiere un significado muy concreto porque contribuye a marcar la pérdida de inocencia y la anulación del individuo.

Sin duda lo más remarcable de las escenas de cuartel son las frases y discursos del sargento Hartman, que consigue despertar las risas con sus ácidos comentarios pese al tono cruel y obsceno con que los adorna. R. Lee Emey, que con su personaje acabaría creando un icono memorable, retrata de forma impecable la disciplina castrense más recalcitrante en un papel que originalmente le fue ofrecido a Clint Eastwood. También tenemos a un Vincent D’Onofrio en estado de gracia que tuvo que engordar 30 kilos para poder meterse en la piel del recluta Patoso. Su progresivo deterioro mental debido a las humillaciones a las que le somete Hartman acaban dotando al personaje de ese aspecto perturbador e inquietante que recuerda al Jack Torrance de El resplandor o al Alex de ‘La naranja mecánica’.

También es importante el trabajo de Mathew Modine, que a través de su personaje Bufón se encarga de narrar la historia y marcar la transición entre los dos episodios argumentales. También es uno de los personajes que más marcan la dualidad y el desorden, un ejemplo es la clara contradicción entre el símbolo de la paz que luce en su guerrera y el “nacido para matar” que lleva escrito en el casco. Un desorden que tampoco es casual o accidental, sino que es empleado por Kubrik para acentuar la diferencia entre el periodo de entrenamiento y la guerra. De hecho, los dos bloques de los que he hablado podrían parecer de dos películas diferentes. Mientras las escenas de barracón muestran una clara asepsia en todos los aspectos, propia del ambiente militar, el Vietnam urbano es mucho más caótico y gris.

El trabajo interpretativo del resto de actores, la mayoría desconocidos cuando se rodó la película, es espléndido en todos los aspectos. Pero desgraciadamente muchos quedan reducidos a la mínima expresión al acabar el adiestramiento, algo que contribuye a restarle fuerza a la segunda mitad de la película. No obstante, algunos otros como Adam Baldwin, en su papel de Animal, irrumpen destacadamente en esta “segunda mitad”.

Dentro de esta tragicomedia que es ‘La chaqueta metálica’ hay un pilar fundamental común en la mayoría de películas de Kubrick, la música. Aquí no encontramos ninguna pieza de música clásica, muy posiblemente para restarle toda posible grandeza a la guerra. En lugar de eso la banda sonora está compuesta por diversos temas de los sesenta y los setenta que ayudan a acentuar el tono dinámico y explosivo de la película. Temas ya populares como “These boots are made for walking” de Nancy Sinatra o “Surfin’ Bird” de los míticos The Trashmen. Finalizando con una ácida crítica al estamento militar personificado en el himno de Mickey Mouse que cantan los soldados mientras desfilan por entre las ruinas humeantes. Un himno que además insinúa que esas máquinas de matar deshumanizadas siguen siendo unos niños en su interior.

La Chaqueta Metálica

Conclusión.
De Stanley Kubrick no creo que haga falta decir nada, es uno de los mejores directores que ha dado el cine, y cuando se estrenó ‘La chaqueta metálica’ muchos pensaban que sería la película definitiva sobre Vietnam. Más aún teniendo en cuenta que apenas un año antes Oliver Stone había estrenado ‘Platoon’, un melodrama amable y sobre todo más acorde con lo que la gente quiere ver que cosechó varios Oscar. Mientras Stone optó por suavizar la realidad, Kubrick prefiere despejar toda duda y dejarnos bien claro que la guerra es una mierda, que de ella no puede salir nada bueno. Digamos que estaría en un grupo acompañando a ‘Apocalypse Now’ y esa otra maravilla que es ‘El cazador’.
Quizás el problema que le encuentro a esta película es que su segunda hora es floja. Es decir, toda la fuerza que acumula durante el entrenamiento de los marines acaba disipándose en cuanto la acción se traslada al campo de batalla. Sí, está bien escenificado y dirigido, pero no mantiene una cohesión a lo largo de todo el metraje.
En términos generales no me cabe duda de que ‘Senderos de gloria’ está un escalón o dos por encima. No obstante, concluyo esta crítica de La chaqueta metálica afirmando que la misma posee los ingredientes necesarios como para ser considerada una de las grandes películas acerca de la guerra de Vietnam.