Pelham 1-2-3
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La década de los setenta nos ha dejado un buen número de thrillers memorables. Obras tan notables como ‘La huida’ o ‘Los tres días del cóndor’ son un referente obligado cuando hablamos de aquella década, pero ‘Pelham 1-2-3’ es una película que recuerdo especialmente, quizás porque fue de las primeras que vi y también porque recoge la esencia y el estilo de las películas de acción de los setenta. Coged vuestro billete y acompañadme en este recorrido por los túneles del metro de Nueva York.

“Vamos a matar un pasajero cada minuto hasta que la ciudad de Nueva York nos pague un millón de dólares”.-Azul.

Robert Shaw

Valoración:
Del cine de acción de los setenta podríamos decir muchas cosas, pero sin duda una de sus principales características sea la sobriedad. Es algo que se contrapone al efectismo y el exceso que prima hoy en día en las producciones de Hollywood. Y aunque por aquel entonces había directores emblemáticos de la talla de Don siegel o Sam Peckinpah, se optó por contratar a Joseph Sargent, curtido en innumerables series de televisión.

El resultado es francamente satisfactorio, Sargent consigue imprimir la película con un ritmo muy equilibrado que en ningún momento decae. Tenemos un planteamiento inicial en el que se nos presenta a cada uno de los personajes, después hay un nudo argumental donde se desarrolla la trama y finalmente asistimos al desenlace. Para mi es el esquema perfecto para un guión. Y precisamente por la sobriedad de este film he de avisar que aquí no hay persecuciones trepidantes, tiroteos interminables o explosiones a tutiplen. No, Sargent dosifica todos y cada uno de los elementos para que estén al servicio del argumento y no al revés. La mejor forma de entender lo que digo es comparar esta película con el estilo videoclipero empleado por Tony Scott en el remake ‘Asalto al tren Pelham 123’.

pelham 1-2-3

La película está basada en un bestseller de John Godey, y el guión adapta de forma bastante fiel la novela original. Peter Stone se toma algunas licencias, como por ejemplo los nombres en clave que usan los secuestradores y que años más tarde serían “homenajeados” por Quentin Tarantino en ‘Reservoir dogs’, pero crea una historia atractiva con la inclusión de finos toques de humor en momentos puntuales.

Un aspecto importante es cómo se dibuja a los personajes. Es decir, los cuatro secuestradores son tipos aparentemente normales, y lo que les convierte en delincuentes fríos y calculadores no es su peinado, su ropa o el vocabulario. Para entendernos, tomemos esta película y su remake, y a continuación comparemos el personaje de Robert Shaw con el de John Travolta. El primero es un tipo normal vestido únicamente con una gabardina. El segundo es un marrullero con malas pintas al que nadie le pediría ni la hora. Esto sirve para comprobar que en los setenta, y a diferencia de lo que ocurre hoy en la mayoría de películas, no se marcaba con luces de neón quién era el villano sino que se dejaba al espectador la labor de pensar un poco y sacar conclusiones por si mismo.

Casi tan importante como el guión es el reparto escogido. El peso principal recae lógicamente en Walther Matthau y Robert Shaw. El primero interpreta magistralmente al típico policía cincuentón y experimentado, con ese punto de fina ironía que caracteriza al actor, y dejando muy claro que un cómico como él podía cambiar de registro cuando quisiera. Y el segundo encarna al temible y calculador jefe de la banda en una de sus mejores interpretaciones, junto a ese inolvidable Sam Quint de ‘Tiburón’. Como secundario de lujo tenemos a un Martin Balsam en la piel del típico ex-empleado rencoroso, con un molesto resfriado que al final tendrá una irónica y crucial importancia. Es de justicia decir de los otros dos secuestradores que acompañan a Shaw contribuyen en gran medida a imponer la atmósfera amenazante que reina en el vagón. En especial Hector Elizondo, un actor poco prolífico que algunos recordareis por su papel de gerente de hotel en ‘Pretty woman’.

pelham 1-2-3

Hay un aspecto de la película que abarca cierta crítica y análisis social, ya no sólo en cuanto al alcalde que sólo piensa en los votos sin importarle las vidas, sino diseccionando la sociedad norteamericana de por aquel entonces. Y es que los personajes que vemos en el vagón secuestrado no son los que son por casualidad o por caprichos del guionista. El jefe de la banda es un mercenario que se ha quedado sin trabajo y busca dinero fácil. El “señor Verde” es un ex-empleado del metro que busca vengarse del mal trato recibido por la empresa. También tenemos a una pasajera claramente feminista que sólo por eso ya es tratada de mujerzuela por los secuestradores o a un negro que simboliza una América aún reacia a la integración racial. Son sólo algunos ejemplos, pero creo que se ve lo que quiero decir, casi nadie del vagón es un simple ciudadano más.

David Shire se encarga del apartado musical, creando una mezcla de ritmos multiculturales y funk que ayudan a recrear el bullicio y la diversidad de una ciudad como Nueva York. Hay que decir que sus composiciones en esta película le valieron dos Grammys. Otras películas interesantes en donde podemos disfrutar de este compositor son ‘Todos los hombres del presidente’ y más recientemente ‘Zodiac’. Una vez más se hace patente la evolución, o degeneración según se vea, que ha sufrido el cine en algunos campos. En el de las bandas sonoras soy de los que opinan que la cosa ha ido claramente a peor, en un mundo dominado por la estridencia y el estallido de colores cada vez hay menos sitio para buenos temas.

Walter Matthau

Conclusión:
Cuando uno ojea por primera vez al reparto de ‘Pelham 1-2-3’ y ve a un actor especializado en comedias como Walter Matthau, es difícil no esgrimir una mueca de sorpresa. Pero cuando luego vemos la película y observamos sus pinceladas de humor ácido nos damos cuenta de lo acertado de la elección. Y es que este clásico de acción de los setenta, además de la sobriedad y ese tono desenfadado que posee, es una de esas películas que por mucho tiempo que pase seguirán vigentes para poder disfrutar de ellas. Seré franco, aquí no encontraremos el efectismo de las películas actuales ni un derroche de pirotecnia y efectos especiales. Pero sí podremos pasar un rato entretenidísimo con una historia muy bien contada que al final se resuelve de forma sorprendente.