La primera purga: La noche de las bestias
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Año 2008: ¿Queréis saber cómo empezó “La Purga”? El caos se adueña de las calles y un nuevo partido político toma el poder. Es hora de tomar medidas radicales para volver a hacer una América fuerte. James DeMonaco nos bendice con… ‘La primera purga: La noche de las bestias’.

“Sólo quiero purgar”.-Skeletor.

Crítica de La primera purga: La noche de las bestias

James DeMonaco sigue explotando al máximo su franquicia y estirándola como si fuera un chicle Boomer. Y la verdad es que nadie puede culparle por hacerlo, ya que su público sigue esperando fielmente casi cada año su “purga anual”. En este sentido, los números nunca mienten y la franquicia de “La Purga” acumula casi 320 millones a nivel mundial por tan solo 22 millones de coste. Cifras que son toda una celebración.

Para esta nueva “fiesta anual” DeMonaco ha hecho una concesión: esta vez sólo se ha ocupado del libreto y ha cedido la silla de dirección a Gerard McMurray, un realizador afroamericano cuya única película era ‘Código de silencio’ (Burning Sands), un drama independiente del 2017 sobre las novatadas de las fraternidades.

En lo que respecta al guión y a la historia no encontramos en ‘La primera purga’ ninguna novedad lo suficientemente relevante para destacar por encima de los films anteriores. Inclusive, el alzamiento del NFFA por encima del Partido Demócrata y del Partido Republicano nos es contado a través de las breves imágenes de unos informativos al principio de la cinta. La otra pequeña novedad es presenciar los acontecimientos en Staten Island a través del centro de control del NFFA. Todo lo demás es una copia descarada de lo que vimos enAnarchy (2014) y Election (2016), es decir, una serie de personajes (en esta ocasión todos negros) acosados a lo largo de una noche de terror por unas hordas de psicópatas sedientos de sangre y disfrazados de las formas más peculiares y estrambóticas posibles. La verdad, siguiendo este planteamiento se pueden hacer películas de “La Purga” hasta el infinito…

En la dirección tampoco se nota cambio alguno por el hecho de que sea Gerard McMurray el director en lugar de James DeMonaco. Las escenas de violencia siguen siendo tremendamente disfrutables con gozosas salpicaduras de sangre en la pantalla. Aquí sí que hay que aplaudir la valentía de esta saga que desprecia lo políticamente correcto para darnos violencia pura y dura, tal cual sería en la realidad. Además, hay que destacar el desatado clímax final que es todo un homenaje al cine de acción de los años 80, especialmente a Jungla de cristal (John McTiernan, 1988) con un héroe negro en camiseta, luciendo músculos de acero y dando el pasaporte (fusil en mano) a multitud de cafres y gusanos blancos mientras va ascendiendo por los pisos de un edificio.

Toda la acción de la película se desarrolla en la zona de Staten Island en NY (en realidad la ciudad de Búfalo), concretamente en el humilde barrio de Park Hill, habitado en el film por las comunidades negra y latina. El objetivo de la NFFA pasa por aislar al resto de la sociedad (a los ricos y blancos) de su “experimento”… y es en este aspecto en el que vuelve toda la carga crítica del script de DeMonaco. Carga crítica que se va acentuando a lo largo del metraje según se van desarrollando los acontecimientos supervisados en la zona de control del partido.

Respecto a Staten Island cabe comentar dos curiosidades: fue el hogar del propio James DeMonaco y Gerard McMurray se idéntifica claramente con el escenario: “Park Hill es una comunidad de gente como la de mi lugar de origen. Este escenario me resulta personal porque me identifico con su comunidad: sus luchas, sus dificultades, sus creencias. En esta gente de Park Hill me veo a mí mismo”.

“Dejad paso a D”… Territorio comanche.

En lo que es el reparto, todo el casting está formado por intérpretes desconocidos (salvo Marisa Tomei) para el gran público. De entre ellos sobresalen tres nombres: Y’lan Noel muestra clarísimamente su imparable candidatura a héroe de acción con unos músculos envidiables en su rol de D (Dmitri), el jefe “gangsta” de Staten Island que se opondrá a “La Purga” y se verá obligado a hacer frente a la invasión de su barrio. Mucha atención con el desatadísimo papel de Rotimi Paul dando vida a Skeletor, un salvajísimo yonqui que escupe ríos de saliva y que hará de “la fiesta” su particular jauja. Finalmente, del reparto principal destaca Lex Scott Davis interpretando con una tremenda personalidad y seguridad a Nya, una activista contra “La Purga” que tiempo atrás fue novia de D, hasta que rechazó sus métodos.

Fuera de esos tres nombres, también es obligado destacar la presencia de Marisa Tomei como la doctora Updale, la científica creadora del “experimento”. Su papel no es muy allá, resulta anti-empática y termina por ser “despedida” de mala manera. A su lado está Patch Darragh que poco tiene que hacer para caer mal en su status de controlador directo de “la juerga” para el NFFA. Finalmente, esforzada labor es la que lleva a cabo el joven Joivan Wade como el hermano pequeño de Nya que se las tendrá tiesas con Skeletor.

En conclusión.
Acabo ya esta crítica de La primera purga: La noche de las bestias, una película que cumple bien sabiendo lo que vas a ver y no esperando nada más. Su principal hándicap reside en no arriesgar nada y en limitarse a satisfacer a los “purificadores”, es decir, aquellos fans que casi cada año esperan que llegue a cines una nueva entrega de esta crítica y violentísima franquicia creada por James DeMonaco.

Tráiler de La primera purga: La noche de las bestias