La invasión de los ultracuerpos
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“Procedemos de un mundo que se extingue. Vamos por el universo de planeta en planeta. Llegamos con los vientos solares. Nos adaptamos y sobrevivimos. La función de la vida es la supervivencia”. Esta es la forma en la que tiene lugar ‘La invasión de los ultracuerpos’.

Crítica de La invasión de los ultracuerpos

En 1978 Philip Kaufman firmó un remake tremendamente interesante del clásico ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ (Don Siegel, 1956). Kaufman entregó un producto desasosegante y profundamente milimetrado para crear una sensación de paranoia en el público. Además, los años setenta fueron muy proclives a esto. La guerra fría y la llegada de la tecnología masiva aumentaron todas las sensaciones de realidad del film. De esta forma, ‘La invasión de los ultracuerpos’ es un film de horror realmente conseguido. En su haber también cuenta con una inyección de ciencia ficción perfectamente insertada.

Esta es una película que da miedo con hechos y no con efectos. Su miedo es real porque su tratamiento de la invasión también lo es. Los invasores se comportan como una secta, como una especie de sub-mundo que se mueve en la noche. Así van consiguiendo llegar hasta todos los estratos de la sociedad. El gran acierto de Kaufman es hacernos creer que lo que cuenta la cinta es real. Puede suceder, si es que no ha sucedido ya y nadie se ha dado cuenta…

Parte del esquema argumental del film y el uso de las plantas como instrumento para invadir la tierra se repetiría posteriormente. Por ejemplo, lo usaría M. Night Shyamalan en la vilipendiada ‘El incidente’ (2008). También hay fuertes ecos del estilo de esta película y sus efectos especiales en La mosca (David Cronenberg, 1986). Esta última protagonizada por Jeff Goldblum, aquí uno de los secundarios importantes.

La realización de Kaufman destaca por su búsqueda del detalle. Ya sea cuando filma plantas, gotas de lluvia, o las caras de personas inertes. También cuando apuesta por planos de gente caminando, o mirando fijamente como si fueran sólo envases. Envases completamente vacíos por dentro.

Además de cómo largometraje de horror y sci-fi, la cinta también se puede englobar dentro del género zombi. Sobre todo la parte que transcurre en su clímax. Sin duda estamos ante la mejor película como director de Philip Kaufman. Resulta casi imposible encontrar algún atisbo de las maneras aquí exhibidas en algunas de sus cintas posteriores. Me refiero a películas tan simples como ‘Sol naciente’ (1993) o ‘Giro inesperado’ (2003). Como guionista, su mayor hito fue ser el creador de la historia que dio pie a ‘En busca del arca perdida’ (Steven Spielberg, 1981). Seguramente todavía estará cobrando jugosos cheques en forma de royalties y merchandising.

El protagonista de este remake es un soberbio Donald Sutherland. Su imagen sujetando en brazos a otro personaje como los duplicados llevan las bichas es simplemente maestro. Una muestra desesperada de humanidad contra deshumanización… Sutherland vivía sus años de esplendor en los setenta, con lustrosa melena rizada y pelirroja incluida. Lo cierto es que fue uno de los actores con más talento y fama que la producción pudo pagar. De sus escuetos 3.5 millones de dólares de presupuesto el actor se llevó una cantidad cercana a los 300.000 $ por su papel. De largo fue el mejor remunerado del casting.

Brooke Adams es la coprotagonista (Katherine) en su papel más recordado. Años después aparecería en otro clásico indiscutible de la ciencia ficción ‘La zona muerta’ (David Cronenberg, 1983), esto terminaría por encasillarla. Ojo a cuando Adams se atreve a salir completamente desnuda y emite un grito que forma parte de los grandes momentos del film y de la ciencia ficción. Este momento luego lo repetirá otro personaje como escena final de la cinta. Un cierre épico para un film magistral.

Leonard Nimoy (1931-2015) le dio caché al reparto con su inquietante personificación del Doctor Kinder. Ojo a su dentadura, a su robótica forma de enfundarse la americana mientras camina y a la funda de cuero marrón que cubre su mano izquierda. Por otro lado, Veronica Cartwright y Jeff Goldblum son el matrimonio amigo de los protagonistas. Ella una asustadiza que descubrirá su espíritu de supervivencia. Él un descreído que sospecha de que el Doctor Kinder es un farsante en todos los aspectos de su vida. Destaca especialmente el nerviosísimo con el que Cartwright retrata a su personaje.

Finalmente, tenemos los cameos expendables. Entre ellos está Robert Duvall como el cura que se mece en el columpio casi al comienzo del film. Don Siegel es el taxista que lleva a Katherine y Matthew al aeropuerto. Michael Chapman (director de fotografía) aparece como un limpiador del Departamento de Salud. El propio Philip Kaufman pone la voz de la megafonía nocturna que guía a los duplicados. Por último, Kevin McCarthy (protagonista del film original) es el hombre que corre.

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de La invasión de los ultracuerpos. Una obra cumbre del género que apuesta por ir generando horror desde la atmósfera sin efectismos baratos. Aumentan la sensación de paranoia e imposibilidad de librarse del mal las interpretaciones del cuarteto protagonista. Para la historia queda su inenarrable plano final.

Tráiler de La invasión de los ultracuerpos