Kingsman: Servicio secreto
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Cualquier fan de James Bond recordará con nostalgia el fino humor británico que caracterizaba sus películas hace ya bastantes años. Con ‘Kingsman: Servicio secreto’, Matthew Vaughn recupera la esencia más pura del cine de acción y le da una vuelta de tuerca, consiguiendo una película altamente divertida, violenta y refrescante.

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Crítica de Kingsman: Servicio secreto

Tal como comentaba en la introducción, las películas de agentes secretos llevan muchos años sumidas en una uniformización en que, salvo contadas excepciones, no hay lugar para la comedia. Dichas excepciones pasan por franquicias como la de ‘Austin Powers’ o por producciones fallidas como ‘Los Vengadores’ (Jeremiah Chechik, 1998), una rareza que ni Ralph Fiennes y Uma Thurman consiguieron levantar. En general falta chispa, y es ahí donde esta película de Matthew Vaughn entra en escena. ‘Kingsman: Servicio secreto’ se caracteriza por un estilo gamberro, ultaviolento y en ocasiones delirante. No hablamos de una película de James Bond y menos aún de Jason Bourne, sino de un sincero homenaje a las películas de espías. Es indudable que al verla notaremos cierta similitud con títulos como Kick-Ass (Matthew Vaughn, 2010) o incluso con las películas británicas de espionaje de los años setenta, pero ‘Kingsman’ tiene personalidad propia se mire como se mire.

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La figura de Harry Hart, interpretado con total solvencia por Colin Firth, es quizás el mayor ejemplo de ese homenaje del que hablamos. Su aspecto de gentleman inglés se corresponde claramente con la estética bondiana y sus maeras se identifican a su vez con el famoso Harry Palmer que inmortalizó Michael Caine. Por si esto no fuera poco utiliza como arma un paraguas repleto de gadgets al estilo del “vengador” John Steed. La verdad es que la elección de Firth para el papel me parecía, a priori, arriesgada, a fin de cuentas hablamos de un actor curtido en dramas y comedias románticas, pero es quizás ese punto de irreverencia y autoparodia donde un actor de sus características encaja tan bien, creando un contrapunto que toma por sorpresa al espectador.

No suele ocurrir lo mismo con Samuel L. Jackson, a quien hemos visto en muchos registros distintos y del que ya sabemos qué esperarnos, pero aquí consigue con Valentine un villano tan peculiar y bien trabajado que resulta ser una pequeña sorpresa dentro de su filmografía. Por otro lado, es obvio que para dirigir una organización secreta “al servicio de Su Majestad” era necesario un actor con tablas y aleccionado en las artes del espionaje, por ello no sorprende que Michael Caine aceptara encarnar a Arthur, la cabeza visible de los Kingsman. Por cierto, una organización que debe su nombre a un juego de palabras con la corte del rey Arturo y su mesa redonda, aquí los agentes también se reúnen alrededor de una mesa con Arthur presidiéndola. Y como en toda organización que se precie no puede faltar “un hombre para todo” y ahí es dónde entra Mark Strong como Merlin.

Tampoco está nada mal el joven Taron Egerton, un actor que creo que en el futuro dará que hablar y que aquí interpreta a Eggsy, el pupilo de Harry Hart, un chaval con problemas de autoridad y que no encuentra su sitio. En el reparto encontraremos también en un buen rol a Sofia Boutella como Gazelle, una peculiar esbirra de Valentine que tiene cuchillas en lugar de piernas. Destacar además el primer papel en cines para la actriz Sophie Cookson en el rol de Roxy, una joven recluta que intenta ser un Kingsman. Y, finalmente, se deja ver un resucitado Mark Hamill dando vida a un profesor universitario.

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La primera parte de la película es bastante comedida con la excepción de un par de escenas de acción, se mueve en una vertiente más convencional, siendo el segundo acto el que despliega toda la artillería de Vaughn.

A partir de ahí los tiros, las explosiones y las coreografías de lucha nos golpean una y otra vez con una tremenda violencia, no exenta de cierto humor negro. Quizás el punto culminante sea una surrealista sinfonía de explosiones de colores que prefiero no detallar porque, como se suele decir: “hay que verlo para creerlo”. En definitiva, una película de acción y agentes secretos que me atrevo a afirmar que no se ha visto antes en una pantalla de cine o televisión. Y si se ha visto fue hace tanto que dudo que nadie lo recuerde.

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Conclusión.
Hay que reconocer llegado el final de esta crítica de Kingsman: Servicio secreto que con esta película Matthew Vaughn se ha arriesgado mucho, es un homenaje al género de espías pero también una visión muy personal dotada de una personalidad absolutamente irreverente. Podemos decir que ‘Kingsman’ se ríe de sí misma, no sólo de un modo general sino particularmente cada vez que la inverosimilitud o la muerte hace acto de presencia. Violenta pero no desagradable, cómica pero sin payasadas, elegante pero con un toque gamberro. Podemos concluir que estamos ante una película de acción que no dejará a nadie indiferente y que desde ya mismo me atrevo a recomendar.

Tráiler de Kingsman: Servicio secreto