John Rambo
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Veinte años después de ‘Rambo 3’, y tras una larga espera, Sylvester Stallone volvió a meterse en la piel de ‘John Rambo’ en una película brutal que nos narra la masacre que sucede en Birmania y la eterna lucha de sus habitantes por sus derechos humanos. Machete en mano, y con muy malas pulgas, Rambo intentará liberar a un poblado de su cruel dictador. La batalla ha comenzado y Rambo no está dispuesto a perderla, bajo ningún concepto. Bienvenidos, una vez más, al infierno…

“Sabes lo que eres, sabes lo que llevas dentro. Llevas la guerra en la sangre, no luches contra eso. No mataste por tu país, mataste por ti… Dios no dejará que olvides eso… Cuando te empujan, matar es tan fácil como respirar” .-John Rambo.

John Rambo

Crítica de John Rambo

Con el regreso de Rocky al ring en Rocky Balboa(Sylvester Stallone, 2006) y su éxito a nivel mundial, Stallone volvió a ocupar un status que nunca debió haber dejado, y aunque quizás cometió el error de recurrir al púgil de Filadelfia demasiado tarde para resurgir de las cenizas (en 1999 estuvo a punto de rodar pero el proyecto se estancó), la película le volvió a abrir las puertas de la industria y se le presentó una oportunidad de oro para resucitar a su otro “gran héroe”: nada más y nada menos que John Rambo, y de qué manera lo hizo.

Stallone no sólo hizo caso a las peticiones de sus fans dándoles lo que pedían con Rocky y Rambo, ya que posiblemente sea uno de los actores más fieles con sus seguidores, sino que también contentó a todos aquellos que reniegan del cine light y descafeinado, pues con ‘John Rambo’ demostró que, a pesar de los tiempos que corren, sigue siendo uno de los actores de acción que menos escatiman a la hora de mostrar en sus películas violencia sin importar la clasificación de la MPAA.

John Rambo

Tras el fracaso de la entretenida aunque, por momentos, demasiado paródica Rambo 3 (Peter MacDonald, 1988), veinte años después y aprovechando el tirón comercial ya apuntado con ‘Rocky Balboa’, Stallone decidió recuperar a uno de los personajes más atormentados y complejos de su carrera. Un personaje que, en ocasiones, es inmediatamente etiquetado como fascista y anquilosado en los EEUU de Ronald Reagan. Un personaje complicado y plagado de demonios internos con los que apenas puede lidiar. Un John Rambo que, si bien siempre se nos ha presentado en pantalla como a un héroe de guerra que luchaba por su país, en esta ocasión queda patente algo que muchos ya intuíamos. Y es que Rambo no lucha precisamente por su patria, sino por sí mismo. Porque lleva la guerra en la sangre y es un verdadero “asesino” que necesita matar para satisfacer esa necesidad innata en él. De este modo se nos presenta en esta cuarta entrega al ex boina verde: como una sanguinaria máquina de matar, sin sentimientos ni contemplaciones, y que disfruta haciéndolo con la excusa del conflicto sobre el que gira la película.

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Dicho esto, cuesta en cierto modo asimilar este nuevo rol de un personaje que, ciertamente, es considerado como la antítesis de Rocky Balboa, pero que también nos dio signos de bondad e inocencia a lo largo de las tres entregas precedentes, algo que, en esta ocasión, queda en entredicho a tenor de lo visto en pantalla. Y es que Rambo ya no es aquel joven inocente que sólo intentaba luchar por sus derechos y su dignidad en Acorralado(Ted Kotcheff, 1982). Tampoco es aquel soldado retirado que en Rambo III(Peter MacDonald, 1988) luchó en Afganistán por el rescate de su mejor amigo, el Coronel Trautman, en un film que dejó entrever que Rambo también tenía cierto sentido del humor y profundos sentimientos. No, ahora Rambo es un hombre arcaico y muy atormentado, brutal en sus actos, con unos rasgos faciales que transmiten verdadera dureza y que, en el fondo, tiene una sed de violencia que desatará cuando un grupo de misioneros caiga en las fauces de un cruel dictador birmano.

Ni que decir que ‘John Rambo’ es, ante todo, una “obra de pura violencia”, que no una película en la que se muestre violencia gratuita sin sentido, pues a Stallone no le faltan argumentos para justificar esta horda de sangre y destrucción que podemos contemplar en una película que, sin duda, no es apta para todos los estómagos. Así pues, la razón de existir de esta cinta tan salvaje y el motivo de su dureza es el conflicto que tiene lugar en Birmania, del que Stallone hace un retrato tan realista y cruel que realmente logra que sintamos preocupación por lo que allí sucede ya desde el minuto uno de película, con la inteligente incursión de un documental real de apertura que nos muestra qué está sucediendo en el país asiático.

John Rambo

De este modo, ya queda claro desde el comienzo de la trama que nos vamos a encontrar con un film mucho más orientado al cine bélico que al thriller de acción más convencional. Y es que ‘John Rambo’ es un producto que no se esmera precisamente en profundizar en los personajes (salvo en el de Rambo), o en recitar grandes y conmovedoras líneas de diálogo. ‘John Rambo’ es una destacada película que nos envuelve como pocas (y desde el comienzo) en una verdadera batalla, relatándonos cuán cruel y devastadora puede ser la guerra.

A pesar de que Stallone no moderniza al personaje, y se mantiene tremendamente fiel con el montaje y estilo de rodaje de los años 80, sí es cierto que las escenas de batalla beben ligeramente de las filmadas por Steven Spielberg en ‘Salvar al Soldado Ryan’ (1998) o por Ridley Scott en ‘Gladiator’ (2000), lo cual le otorga al conjunto final un aire mucho más realista que cualquiera de las tres entregas anteriores. Algo que queda más que patente en la larga batalla final, en la que Stallone decide mantener al margen a Rambo (el cual “se limita” a destrozar cuerpos ametralladora en mano desde un Jeep, no entrando en el combate cuerpo a cuerpo) para dar prioridad a una visión mucho más amplia de un combate que, sin duda, se convierte automáticamente en uno de los mejor rodados de los últimos tiempos.

Si a esto le sumamos una puesta en escena tremendamente efectiva y estilizada, una ambientación oscura y a ratos tenebrosa (atención al primer ataque nocturno) que por momentos nos pone los pelos de punta, una duración de no más de 85 minutos y un desarrollo tremendamente activo que no da lugar ni a un ápice de aburrimiento, sin duda estamos ante la que es la mejor película de la saga tras la insuperable ‘First Blood’, a la cual se le hace un nostálgico guiño en el reflexivo plano final de la película.

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En resumidas cuentas.
Dicho todo lo anterior, y para concluir con esta crítica de John  Rambo, pese a otras muchas críticas desmesuradas e inoportunas que se llevó la película por ser supuestamente intrascendente y plana, que no quepa la menor duda de que se trata de un verdadero regalo de Sylvester Stallone para los fans de la acción más directa y sin contemplaciones, para aquellos que están cansados de que la censura en el cine nos invada a pasos agigantados. Pero, sobre todo, para todos los que queríamos ver, por última vez, a Rambo en acción en una película que nos quitase el sabor agridulce que nos dejó la última de las secuelas.

Tráiler de John Rambo