John Rambo
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Veinte años después de Rambo 3’, y tras una larga espera, Sylvester Stallone volvió a meterse en la piel de John Rambo en una película brutal que nos narra la masacre que sucede en Birmania y la eterna lucha de sus habitantes por sus derechos humanos. Machete en mano y con muy malas pulgas, Rambo intentará liberar a un poblado de su cruel dictador. La batalla ha comenzado y Rambo no está dispuesto a perderla, bajo ningún concepto. Bienvenidos, una vez más, al infierno…

“Sabes lo que eres, sabes lo que llevas dentro. Llevas la guerra en la sangre, no luches contra eso. No mataste por tu país, mataste por ti… Dios no dejará que olvides eso… Cuando te empujan, matar es tan fácil como respirar” .-John Rambo.

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Sylvester Stallone. Caída a los infiernos y regreso al estrellato

Tras el éxito de la cinta de acción y catástrofes Daylight. Pánico en el túnel (1996), sin duda uno de los mejores trabajos en la carrera de Sylvester Stallone, el actor comenzó a experimentar en sus propias carnes el sabor del fracaso, tanto artístico como monetario, en sus siguientes producciones, quizás por una serie de proyectos mal escogidos o simplemente porque desde finales de los años 90 en adelante comenzaron a pasar de moda los viejos héroes del “actioner”, lo que dio lugar a que el público perdiera el interés en ellos y las nuevas generaciones buscaran otros héroes más modernos, actualizados y políticamente más correctos.

En aquel entonces, y a pesar de que sus seguidores más fieles llevaban pidiendo durante años un último esfuerzo de Stallone por recuperar a Rocky y Rambo, tras el sabor agridulce que dejaron las últimas entregas de cada franquicia, el actor ya era consciente de que debía de dar un cambio a su carrera, y salir del encasillamiento en el que se encontraba, tras rodar durante más de veinte años cintas de acción e interminables sagas. Así pues, el siguiente proyecto, tras la recordada cinta de Rob Cohen, fue ‘Cop Land’ (1997), un buen thriller policíaco donde Stallone demostró que tiene madera de actor (algo que nunca ha quedado en duda, por lo menos para un servidor, tras sus excelentes actuaciones a nivel personal en cintas como Rocky’ o ‘Acorralado).

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‘Cop Land’ supuso un cambio radical con respecto al resto de películas que componen la filmografía del musculoso actor, pero no fue bien recibida por el público debido al inesperado cambio de registro de Stallone, aunque la crítica reconoció con creces su buen trabajo. Pese al fiasco, el actor no cesó en su intento de tomar un sendero diferente para su carrera, así que tras una extraña ausencia de tres años, volvió a probar suerte con películas donde el guión y la actuación predominaban más que la acción y los mamporros, y no le salió bien, nada bien. A saber: ‘Get Carter’ (2000), ‘Driven’ (2001), ‘D-Tox’ (2002), ‘El protector’ (2002), o participaciones secundarias en films como ‘Shade’ (2003) o ‘Spy-kids 3D’ (2003); la mayoría de ellas (que no todas) películas prescindibles que, de un modo u otro, se rodaron con la intención de dotar a Sylvester Stallone de una versatilidad que quizás nadie le estaba pidiendo, pero que no hicieron sino sumir al intérprete en un profundo pozo del que no podía salir. ¿La solución? Más que obvia: recurrir a sus dos personajes más icónicos, los cuales han movido masas durante décadas y siguen haciéndolo. Ni más ni menos que Rocky Balboa y John Rambo. Por fin el sueño de sus incondicionales se había hecho realidad.

John Rambo

Tras un par de años de ausencia en la pantalla grande, Stallone se lanzó al ruedo a pesar de sus ya más de sesenta años produciendo, escribiendo, dirigiendo y protagonizandoRocky Balboa (2006), un proyecto que, si bien fue objeto de mofas por parte de un buen sector de la crítica especializada y gran parte del público, más tarde ese mismo sector no tuvo más remedio que alabar la que es una de la mejores películas de la filmografía de Stallone y, tras el primer ‘Rocky’, la más sólida de la saga. El film recaudó mundialmente casi 156 millones de dólares con un presupuesto de 24, dejando no sólo grandes beneficios económicos a la compañía productora, sino también un gran sabor de boca a los seguidores del personaje, los cuales quedaron un tanto desencantados con Rocky V (1990) y su pesimismo.

Con el regreso de Rocky al ring y su incuestionable éxito a nivel mundial, Stallone volvió a ocupar un status que nunca debió haber dejado, y aunque quizás cometió el error de recurrir al púgil Rocky Balboa demasiado tarde para resurgir de las cenizas (en 1999 estuvo a punto de rodar ‘Rocky VI. La campana final’, pero el proyecto se estancó), la película le volvió a abrir las puertas de la industria y se le presentó una oportunidad de oro para resucitar a su otro “gran héroe”: nada más y nada menos que a John Rambo, y de qué manera lo hizo.

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Crítica de John Rambo

Stallone no sólo hizo caso a las peticiones de sus fans dándoles lo que pedían con Rocky y Rambo, ya que posiblemente sea uno de los actores más fieles con sus seguidores, sino que también contentó a todos aquellos que reniegan del cine light y descafeinado, pues con ‘John Rambo’ demostró que, a pesar de los tiempos que corren, sigue siendo uno de los actores de acción que menos escatiman a la hora de mostrar en sus películas violencia sin importar la clasificación de la MPAA.

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Tras el fracaso de la entretenida aunque, por momentos, demasiado paródica Rambo 3 (1988), veinte años después y aprovechando el tirón comercial de su éxito Rocky Balboa’, Stallone decidió recuperar a uno de los personajes más atormentados y complejos de su carrera. Un personaje que, en ocasiones, es inmediatamente etiquetado como fascista y anquilosado en los EEUU de Ronald Reagan. Un personaje complicado y plagado de demonios internos con los que apenas puede lidiar. Un John Rambo que, si bien siempre se nos ha presentado en pantalla como a un héroe de guerra que luchaba por su país, en esta ocasión quedó patente algo que muchos ya intuíamos. Y es que Rambo no lucha precisamente por su patria, sino por sí mismo. Porque lleva la guerra en la sangre y es un verdadero “asesino” que necesita matar para satisfacer esa necesidad innata en él. De este modo se nos presentó en esta cuarta entrega al ex boina verde, como una sanguinaria máquina de matar, sin sentimientos ni contemplaciones, y que disfruta haciéndolo con la excusa del conflicto sobre el que gira la película.

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Dicho esto, cuesta en cierto modo asimilar este nuevo rol de un personaje que ciertamente es considerado como la antítesis de Rocky Balboa, también nos dio signos de bondad e inocencia a lo largo de las tres entregas precedentes, algo que, en esta ocasión, quedó en entredicho a tenor de lo visto en pantalla. Y es que Rambo ya no es aquel joven inocente que sólo intentaba luchar por sus derechos y su dignidad en Acorralado’. Tampoco es aquel soldado retirado que en Rambo III luchó en Afganistán por el rescate de su mejor amigo, el Coronel Trautman, en un film que dejó entrever que Rambo también tenía cierto sentido del humor y profundos sentimientos. No, ahora Rambo es un hombre arcaico y muy atormentado, brutal en sus actos, con unos rasgos faciales que transmiten verdadera dureza y que, en el fondo, tiene una sed de violencia que desatará cuando un grupo de misioneros caiga en las fauces de un cruel dictador birmano.

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Ni que decir que ‘John Rambo’ es, ante todo, una “obra de pura violencia”, que no una película en la que se muestre violencia gratuita sin sentido, pues a Stallone no le faltaron argumentos para justificar esta horda de sangre y destrucción que podemos contemplar en una película que, sin duda, no es apta para todos los estómagos. Así pues, la razón de existir de esta cinta tan salvaje y el motivo de su dureza es el conflicto que tiene lugar en Birmania, del que Stallone hace un retrato tan realista y cruel que realmente logra que sintamos preocupación por lo que allí sucede ya desde el minuto uno de película, con la inteligente incursión de un documental real de apertura que nos muestra qué está sucediendo en el país asiático.

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De este modo, ya queda claro desde el comienzo de la trama que nos vamos a encontrar con un film mucho más orientado al cine bélico que al thriller de acción más convencional. Y es que ‘John Rambo’ es un producto que no se esmera precisamente en profundizar en los personajes (salvo en el de Rambo), o en recitar grandes y conmovedoras líneas de diálogo. ‘John Rambo’ es una destacada película que nos envuelve como pocas (y desde el comienzo) en una verdadera batalla, relatándonos cuán cruel y devastadora puede ser la guerra.

A pesar de que Stallone no modernizó al personaje y se mantuvo tremendamente fiel con el montaje y estilo de rodaje de los años 80, sí es cierto que las escenas de batalla bebieron ligeramente de las filmadas por Steven Spielberg en ‘Salvar al Soldado Ryan’ (1998) o por Ridley Scott en ‘Gladiator’ (2000), lo cual le otorgó al conjunto final un aire mucho más realista que cualquiera de las tres entregas anteriores. Algo que queda más que patente en la larga batalla final, en la que Stallone decide mantener al margen a Rambo (el cual “se limita” a destrozar cuerpos ametralladora en mano desde un Jeep, no entrando en el combate cuerpo a cuerpo, algo que no gustó a algunos) para dar prioridad a una visión mucho más amplia de un combate que, sin duda, se convirtió automáticamente en uno de los mejor rodados de los últimos tiempos.

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Si a esto le sumamos una puesta en escena tremendamente efectiva y estilizada, una ambientación oscura y a ratos tenebrosa (atención al primer ataque nocturno) que por momentos nos pone los pelos de punta, una duración de no más de 85 minutos y un desarrollo tremendamente activo que no da lugar ni a un ápice de aburrimiento, sin duda estamos ante la que es la mejor película de la saga tras la insuperable ‘First Blood’, a la cual se le hace un nostálgico guiño en el reflexivo plano final de la película.

Dicho esto, y para concluir con esta crítica de John  Rambo, pese a otras muchas críticas desmesuradas e inoportunas que se llevó la película por ser supuestamente intrascendente y plana, que no quepa la menor duda de que se trata de un verdadero regalo de Sylvester Stallone para los fans de la acción más directa y sin contemplaciones, para aquellos que están cansados de que la censura en el cine nos invada a pasos agigantados. Pero, sobre todo, para todos los que queríamos ver por última vez a Rambo en acción en una película que nos quitase el sabor agridulce que nos dejó la última de las secuelas.

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