Doce del patíbulo
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La Segunda Guerra Mundial ha sido siempre una mina para la industria del cine, y ya sea al servicio de la propaganda, de la historia o del entretenimiento se han hecho numerosas películas. Pero si hay algo que siempre ha preocupado a los cineastas es dar con la fórmula mágica que contente a todo el público por igual. Y Robert Aldrich la encontró con ‘Doce del patíbulo’ – The Dirty Dozen 1967, una producción inolvidable que esconde en su interior mucho más de lo que a simple vista parece. Hoy, día 15 de junio de 2017, se cumplen 50 años de su estreno en EEUU.

“El deber de un soldado no es sino llevar su uniforme y matar al enemigo”.

Doce del patíbulo

Crítica de Doce del patíbulo

Antes de que se rodara ‘Doce del patíbulo’ el cine bélico salido de las factorías de Hollywood apenas había abordado el llamado estilo canalla. El trato al estamento militar solía ser patriótico, rememorando las gestas heroicas de los valientes soldados en un claro intento de ofrecer una imagen seductora del ejército. O bien se establecía una tibia crítica hacia la guerra y sus consecuencias a nivel humano. Pero con esta película Robert Aldrich prefirió dar un salto al vacío, mostrando el lado más rastrero y miserable de los soldados que combaten en una guerra. Quizás estemos ante la antítesis total de películas como ‘El sargento York’ (Howard Hawks, 1941), porque aquí en lugar de héroes que vierten su sangre en pos de altos ideales tenemos a los doce del patíbulo, un grupo de criminales cuya única motivación ante la misión que se les presenta es la posibilidad de recuperar su libertad. Heroísmo frente a egoísmo, en realidad podría resumirse así. Y siempre alejándose en estilo y mensaje de películas que tratan de heredar esta esencia canallesca, como por ejemplo la visión llena de excesos que ofreció Quentin Tarantino en Malditos bastardos(2009).

Robert Aldrich ya tenía en su haber películas estimables como ‘¿Qué fue de baby Jane?’ (1962) pero esta vez abordó el lado más comercial del cine con una película bélica que a la postre le reportaría suficientes beneficios para fundar su propia productora. Si por algo se recuerda a ‘Doce del patíbulo’ es por la fina coreografía de sus escenas de acción y por una sencilla pero entretenida trama. La estructura es lo más sencilla posible, con un planteamiento donde Reisman recluta a sus soldados, un nudo que desarrolla la trama y un trepidante desenlace. Todo con un ritmo acompasado que no decae en ningún momento y ciertos errores de montaje que debemos señalar pero que no desmerecen el resultado. Obviamente el mensaje que subyace tras esta historia es que la guerra es despiadada y que en ocasiones los mejores soldados resultan ser los sociópatas y criminales que campan por nuestras calles. De hecho, la escena inicial que muestra la ejecución de un soldado es toda una declaración de intenciones y una forma bastante contundente de acabar con el falso cliché de los “buenos y malos” que se había impuesto en Hollywood. Además, Aldrich consigue algo más con esta película, cautivando a fans del cine bélico y de acción por igual.

Mayor Reisman

Cada época tiene sus actores y, tal como comentamos en el Monográfico de la Segunda Guerra Mundial, Lee Marvin era la estrella del momento. Un tipo que además del carisma propio de las estrellas de acción poseía un innegable talento como actor. Por ello no es de extrañar que el personaje del mayor Reisman, rudo e indisciplinado, se haya convertido por méritos propios en un referente dentro del género bélico. La labor de Reisman consiste en reclutar a soldados que han sido condenados a muerte o a cadena perpetua, ofreciéndoles la conmutación de sus penas si participan en una misión de la que probablemente no regresarán. A partir de ahí se dibuja un retrato nada gratificante del estamento militar y de unos soldados que, pese haber servido a su país, se enfrentan a un destino deshonroso a causa de sus actos. Y ni siquiera la elección de Reisman es casual, ya que debido a su indisciplina e insubordinación se ha convertido en un elemento a depurar. Y qué mejor forma de hacerlo que encargándole una misión suicida.

Para encarnar a los doce renegados que han de llevar a cabo la misión se contó con actores reputados, aunque hay que remarcar que tanto Telly Savallas como Donald Sutherland aún no habían despuntado. Obviamente Aldrich consigue crear una mezcla de los diferentes estratos sociales. Jim Brown como el típico soldado negro condenado por matar a un blanco, Charles Bronson es el tipo duro, John Cassavetes borda el papel de rebelde indisciplinado y Telly Savalas es el arquetipo del fanático religioso. El resto de secundarios realiza un trabajo más que correcto, y como decía al principio Lee Marvin es el catalizador que consigue hacer funcionar a un equipo tan dispar.

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Antes comentaba que con esta película se rompía con la imagen que se tenía de los militares y la guerra. Y concretamente Aldrich consigue transmitir la idea de que en un conflicto armado todos cometen salvajadas y actos reprobables. En este caso se muestra la quintaesencia del asesinato de civiles, eufemísticamente llamado “daño colateral”, en una sublime escena final donde más que un acto heroico se comete una verdadera masacre. Es en ese momento cuando apenas hay diferencia entre aliados y alemanes, sólo hay una misión que cumplir y un enemigo que eliminar, sin importar los que caigan para conseguirlo. También se aborda el tema de la camaradería, sobre todo cuando algún que otro soldado se sacrifica por el bien de sus compañeros, ofreciendo la única licencia amable que podemos encontrar. Son elementos que, sin duda, influyeron en Steven Spielberg cuando muchos años más tarde rodó ‘Salvar al soldado Ryan’ (1998).

El presupuesto de esta película fue elevado en su momento, en parte porque había actores con un caché importante. Pero el departamento técnico no escatimó en esfuerzos a la hora de mostrar con el máximo realismo las escenas de acción. El mejor ejemplo es la mansión donde transcurre la misión, un edificio construido enteramente con el único objetivo de ser destruido. Es por eso que todo el aspecto pirotécnico parece tan real incluso pasados 50 años. Porque lo era.

El apartado musical merece una mención, y es que los temas compuestos por Frank De Vol son ante todo de un marcado carácter heroico. Algo que sería normal si no fuera porque esta película no tiene nada de heroico. En mi opinión la respuesta a este interrogante no es otra que la intención de ofrecer una película de aventuras donde sólo los que profundicen encontrarán carne donde cortar.

Doce del patíbulo

Conclusión.
No estamos ante lo que popularmente se denomina obra maestra, pero sin duda se trata de una película que combina muy acertadamente el género bélico con unas buenas dosis de acción y unas notables interpretaciones. Ver a Lee Marvin siempre es gratificante porque deja su sello personal en cada personaje que interpreta, y el grupo de secundarios que le acompaña en esta ocasión es uno de los mejores aciertos de casting que recuerdo. Con todo tiene sus errores de montaje, la mayoría de continuidad, pero no estropean lo más mínimo la experiencia que supone disfrutar de esta película. Porque si algo se puede decir en esta crítica de Doce del patíbulo, es que la cinta consigue mantenerte pegado a la butaca con una trama sencilla pero muy bien trabajada. Lo conseguía cuando se estrenó hace cincuenta años y lo sigue haciendo a día de hoy.

Tráiler de Doce del patíbulo