Conan, el destructor
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Tan sólo dos años después del estreno de ‘Conan, el bárbaro’ llegaba a la gran pantalla su secuela. Una segunda parte que, en demasiados aspectos, no cumplió las expectativas. El terreno estaba ya abonado contando nuevamente con la presencia de Arnold Schwarzenegger. Sin embargo, el intento de repetir la fórmula y transformarla en una película para todos los públicos convirtió esta secuela en un quiero y no puedo. De todo ello os hablo en… ‘Conan, el destructor’.

«Yo tendré mi propio reino y mi propia reina».–Conan.

Crítica de Conan, el destructor

«La avaricia rompe el saco». Un popular refrán conocido por todos que con esta película adquiere un especial significado. Recordemos que cuando se estrenó Conan, el bárbaro’ la recaudación en taquilla fue considerable teniendo en cuenta los 20 millones que había costado. Pero el productor Dino de Laurentiis y la distribuidora creyeron que rebajando el nivel de violencia y haciendo una película accesible a todos los públicos la recaudación sería aún mayor. Grave error. Al comentar la anterior película ya remarcamos lo sumamente importante que era no escatimar en violencia y sangre para llevar a buen puerto una película de Conan. En este caso se hizo lo contrario, reduciendo considerablemente el tono oscuro que tan buen resultado había dado.

John Milius, debido a la mala relación que tenía con Dino De Laurentiis, se negó a dirigir la película. Así pues, la productora tuvo que buscar a un sustituto con garantías. El escogido fue Richard Fleischer, que ya había demostrado tener buena mano con el género de aventuras. Francamente no podemos reprocharle nada a Fleischer. A fin de cuentas «el padre» de la criatura era Milius y la responsabilidad de recortar lo que no debía recortarse fue cosa de la productora. Fleischer, a pesar de encontrarse en el ocaso de su carrera, consigue sacar adelante la cinta. Para ello cuenta con una buena cantidad de escenas de acción. Estas set-pieces contrastan poderosamente con el tono oscuro y calmado de la primera entrega. El problema es se repite la fórmula original pero con un sabor diferente que no le hace justicia al personaje.

Roy Thomas y Gerry Conway, dos guionistas de cómic, se encargaron de escribir la historia. Por su parte, Stanley Mann dio forma al guión definitivo. Años después, Thomas y Conway decidieron publicar por su cuenta la historia original en un cómic: El cuerno de Azoth’. Personalmente comprendo su decepción, la historia transcurre de forma demasiado acelerada. Las escenas de acción se empalman de forma demasiado continua. Además, en ningún momento se crea la sensación de que los protagonistas estén viajando en una complicada búsqueda, ya que de un lugar a otro llegan demasiado rápido. Por si fuera poco, se suaviza en exceso a Conan. El cimmerio queda convertido poco menos que en un benefactor. Para «rematar» no nos ofrecen una lucha final de alto clímax con su máximo rival, sino que se despacha en apenas medio minuto. Estas son sólo una muestra de las numerosas pegas del guión.

Uno de los pilares de la película es la presencia de un imponente Arnold Schwarzenegger. Físicamente se encontraba en el momento más pletórico de su carrera. A nivel interpretativo no hay mejoría, en gran parte debido al exceso de escenas de acción y la persistente falta de líneas de diálogo. Pero bueno, lo que mejor sabe hacer es repartir espadazos y lucir musculatura, y con eso nadie quedará defraudado. Tampoco está mal la compañía de Grace Jones, una famosa cantante de aspecto muy fiero. Aquí interpreta a Zula consiguiendo dibujar un buen personaje digno de cualquier película del género. Esta vez Conan también tendrá un compañero ladrón encarnado por Tracey Walter que no consigue igualar a nuestro añorado Subotai. El equipo lo completa la espontánea colaboración del mago interpretado por Mako repitiendo su papel del primer film.

Llegado este punto debemos hablar de Wilt Chamberlain. Hombre, dejando a un lado que fuera un jugador de baloncesto sin experiencia alguna en cine, ¿quién decidió contratarlo para hacer de Bombatta? No deja de ser irónico, básicamente porque su papel en la película consiste en proteger la virginidad de la bella sobrina de la reina, y las correrías del amigo Wilt con las mujeres siempre fueron vox populi. A eso sumémosle la fama de Arnold con las féminas y tenemos una premisa argumental la mar de tronchante. Vamos, como imaginarse a un par de zorros vigilando a las gallinas.

Hay otros secundarios que, en cambio, están bien escogidos. Este es el caso de Sarah Douglas en la piel de la reina Taramis. Sarah es una mujer que siempre ha escondido cierto atractivo que ralla el fetichismo. Quizás por ello la recordemos por su papel de Ursa en Superman II. Tampoco queda del todo mal la jovencísima debutante Olivia d’Abo como Jehnna, una inocente y virginal princesa. Si no pareciera sacada de un videoclip ochentero de Madonna y no actuara tan rematadamente mal aún estaría mejor. Y mención cariñosa para André el Gigante. Aunque no muestra el rostro es quien se metió dentro del disfraz de Dagoth sudando como un pollo.

Curiosamente esta secuela se acerca más a los cómics de Conan que su antecesora. Porque sí, pierde la épica pero al mismo tiempo profundiza en el género de aventuras. Que esto sea una buena noticia o una mala dependerá de cada uno, a fin de cuentas el género de «Espadas y Brujería» o lo amas o lo odias. También es verdad que el presupuesto de esta película fue inferior al de ‘Conan, el bárbaro’ y el diseño de producción es francamente cutre en determinados momentos. No hay más que ver las pintas que luce Toth-Amon, los vestuarios o incluso algunos sets de decorado. Pero bueno, siempre nos quedará Basil Poledouris con su excelente banda sonora. En este caso vuelve a ofrecer unos temas memorables, si bien todo suena un poco a refrito.

Conclusión.
Pese a todo lo comentado a lo largo de esta crítica de Conan, el destructor no estamos ante una película desaconsejable o ante una porquería al uso, de hecho el film es cuanto menos entretenido. El problema, tal como hemos señalado al principio, es haber rebajado considerablemente el tono oscuro y violento que caracterizaba la primera película. En una producción de este tipo eso no es nada aconsejable. Prueba de ello es que al final lo que debía haber sido un aumento de la recaudación acabó convirtiéndose en todo lo contrario. Tampoco ayuda que los actores cobrarán más a cambio de reducir el presupuesto del equipo de producción. En fin, una secuela que traiciona el espíritu de la primera y que sólo puede ser disfrutada como mero divertimento.

Tráiler de Conan, el destructor