Asesinato justo
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Tras la monumental ‘Heat’ (Michael Mann, 1995), Robert De Niro y Al Pacino se volvieron a encontrar frente a frente, aunque esta vez compartiendo profesión como dos veteranos protectores de la ley. Ambos protagonizaron este intenso thriller de policías que buscaba contentar a sus numerosos fans. Con 60 millones de presupuesto y rodada, en su mayor parte, en la siempre fascinante Nueva York, sean bienvenidos a… ‘Asesinato justo’.

“Muchos respetan la placa, pero todos respetan el arma” (Turco)

Asesinato Justo

Crítica de Asesinato justo

Antes que nada dejar claro que ‘Asesinato justo’ no es una obra maestra (para eso revisionen la ya citadaHeat) pero tampoco es el truño que muchos dicen que es. La verdad es que estamos ante un buen policíaco con gotas de suspense (por quién será el asesino), toques de acción (un par de tiroteos correctamente filmados) y mucha testosterona. Testosterona que es la que segregan los cuatro inspectores de policía protagonistas: Turco (Robert De Niro) siempre alerta, un autentico pitbull cabreado. Rooster (Al Pacino) más tranquilo pero un cachondo de cuidado. Pérez (John Leguizamo), pura dinamita. Riley (Donnie Wahlberg), un irlandés de boca sucia.

Como vistazo al backstage y a los entresijos de las comisarías de policía la película cumple con nota, mostrándonos los demonios internos de los agentes que velan por nuestra seguridad y que deben cumplir con su lema de “Servir y Proteger”, y las decisiones que deben de tomar a veces, cuando los resquicios legales dejan libres a criminales y delincuentes culpables. Decisiones poco éticas, pero necesarias para que los malvados paguen por sus crímenes (muchos de ellos realmente crueles). Si bien, puede verse mermada por el hecho de que el espectador se ponga a fabricar conjeturas sobre quién será el asesino poeta y pierda la atención a los diálogos: un constante haber quién la tiene más grande entre los cuatro inspectores protagonistas, las referencias de Rooster a ‘Los Brady’ o ‘La casa de la pradera’ (descacharrantes ambas) o el guiño que Turco le envía a Harry Callahan (Clint Eastwood) un agente de la ley que parece haber dejado huella en él.

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En el libreto del film se nota la buena mano de Russell Gewirtz (que ya firmara ‘Plan oculto’) plagado de momentos de complicidad entre Turco & Rooster (y también entre Pacino & De Niro, en ambos se nota que han improvisado escenas y diálogos de su vida real). Amigos y compañeros desde hace más de treinta años, uña y carne, y dispuestos a llegar hasta el final del asunto. Diálogos que se tornan imprescindibles en el devenir de la trama, pues el film contiene pocas escenas de acción (más bien sólo dos) y tanto director como guionista centran sus miras en los dos primeros actos, en las investigaciones policíacas y en las conversaciones nocturnas entre los dos protagonistas. Ya en su acto final, y una vez descubierta la identidad del serial-killer, el film mete la quinta hasta llegar a su clímax, bastante logrado y magistralmente interpretado y que cierra el ciclo abierto en ‘Heat’.

Y es que trece años después de dejarnos aquella obra magna de Michael Mann, dos de las mayores leyendas vivientes del cine, Al Pacino y Robert De Niro, se juntaron de nuevo para darnos otra muestra más de su inagotable talento. Lástima que no esté de nuevo Mann (o un director de primer nivel) para dirigirles y sacar más partido a ambos. En lugar de Mann, en ‘Asesinato justo’ tenemos que conformarnos con ver impreso tras el rótulo de “dirigida por” el nombre de Jon Avnet. Avnet es un habitual productor y realizador televisivo, que ya dirigió a Pacino en (la prescindible) 88 minutos y aunque en ‘Asesinato justo’ muestra una notable mejora con su anterior trabajo, sigue mostrándonos su impersonalidad a la hora de rodar y su incapacidad para sacarle todo el jugo al guión y a los actores con los que cuenta.

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Pero a pesar de Avnet, el film se erige como un buen vehículo de lucimiento para Pacino & De Niro, logrando motivar al perdido Robert De Niro, que deja de lado los gestos contenidos de ‘Heat’ (su mejor interpretación de los 90) para ofrecernos un personaje desatado, furioso y decidido. Un auténtico policía de los de antes al que el intérprete imprime su carácter y un rostro que, con los años, ha ganado (aún) más en dureza. Y eso es toda una alegría pues ver al De Niro de los buenos tiempos siempre es reconfortante y toda una delicia para el cinéfilo. Se nota también que el personaje de Turco está escrito pensando en él. Sus frases, gestos, formas… todo eso desprende un personaje que hacía años no se le veía interpretar al bueno de Robert. Para los fans, un detalle: en varios momentos del film De Niro, y por ende su doblador en español (el gran Ricardo Solans), pronuncia la palabra “abogada”, mítica coletilla y parodiada hasta la saciedad por muchos humoristas (incluidos los maestros Cruz y Raya), sobra decir de qué film estamos hablando.

Del otro lado emerge un Al Pacino irreconocible en un personaje peculiar: el de divertido y cachondo agente de la ley. Pacino está irónico, sarcástico y genial. Suelta chistes como piedras, para los pies de su compañero cada dos por tres y sonríe a carcajadas. Un personaje nunca antes visto en Pacino, que siempre se ha caracterizado por interpretar a tipos duros, secos y de pocas bromas. Por ello, choca bastante encontrarse con el otro Pacino: el alegre y jocoso compañero del duro y decidido. Un personaje más acorde con su personalidad, todo sea dicho. Pero una vez que te acostumbras (que lleva unos minutos si se es muy seguidor de su filmografía) disfrutas como un enano con las perlas que suelta su personaje, con sus referencias a viejas series de la TV, con su amplia galería de gestos marca de la casa y su tono de voz (atención a cómo imita el acento ruso, imprescindible la V.O.), o de todas y cada una de las escenas conjuntas que tiene con De Niro. Escenas todas ellas que elevan de manera considerable el resultado del film.

El resto de reparto se une a la fiesta con mención especial para el olvidado Brian Dennehy. Junto a él unos más que correctos John Leguizamo (lejos de sus notables papeles en ‘Atrapado por su pasado’ o ‘Romeo & Julieta’) y Donnie Wahlberg. Por su parte, 50 Cent cumple, se podría decir que hace de sí mismo o de la imagen que él se ha encargado de dar al gran público. Y, por último, Carla Gugino no desentona para nada con el resto de excelentes intérpretes, pero se nota que está en el film para enseñar cacho, desfogar a Turco y enredar la trama.

La música pasa totalmente desapercibida (algo que siempre es mala señal) y el montaje está plagado de flashbacks y flashfowards pero en su clímax final opta, por fin, por una narración lineal y se confirma como lo mejor del film.

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Asesinato justo, un buen thriller policíaco que se degusta mejor si se va con la predisposición de que lo que vamos a ver no es ninguna obra maestra. Guión correcto con diálogos afilados y de auto-homenaje de la pareja protagonista para sus fans. Auténtica gozada ver a dos grandes juntos en pantalla durante todo el film darse réplicas y hermanándose para acallar rumores idiotas de enfrentamiento y envidias entre ellos. Falla la impersonal dirección del siempre flojo Jon Avnet.

Tráiler de Asesinato justo