Algo pasa en Hollywood
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Seguro que habrán oído la tan manida frase: la realidad siempre supera a la ficción. Pues de eso va el largometraje que hoy nos ocupa, de como és la vida en la mayor industria de cine del mundo: la estadounidense. De los avatares de sus estrellas y de la gente que los rodea, de eso nos habla ‘Algo pasa en Hollywood’. Y es que en esa villa de glamour llamada Hollywood, cuando tu ego es más grande que tu fama, todo es posible.

Algo pasa en Hollywood

El precio del poder.
La vida de Ben (Robert De Niro) es un caos total. Falta una semana para que ‘Fiercely’ se estrene en Cannes y tras un test screening la película está en la cuerda floja. El público asistente al pase previo se echó las manos a la cabeza al ver como al final del film, la estrella (Sean Penn) y su perro eran brutalmente asesinados. Ben, el productor, ve esto como meras opiniones, que no se deben tener muy en cuenta. En cambio, la dirigente principal del estudio Lou Tarnow (Catherine Keener) no está dispuesta a perder dinero con la cinta, y cuando un 90% del público que asistió al pase previo no entendía el film, eso son malas noticias. En estas, Ben sólo tiene una salida, cambiar el final… pero como explicarle tal decisión a un director neurótico, drogadicto y tremendamente inestable como Jeremy Brunell (Michael Wincott). Un director que dice haberse dejado la piel en el proyecto y que no está dispuesto a que su visión e integridad artística sean violadas porque la jefa del estudio pueda perder dinero con el largometraje.

Mientras tanto Ben debe de lidiar con su segundo divorcio, con Kelly (Robin Wright), hecho que no termina de superar a pesar que hace casi dos años de ello. Cuando Ben intenta un nuevo acercamiento a Kelly descubre pistas que le hacen sospechar de que podría estar teniendo una aventura amorosa con un guionista llamado Scott Solomon (Stanley Tucci), que al mismo tiempo intenta vender un libreto a Ben (el cual versa sobre los avatares y la apasionante vida de los floristas) para que este sea el productor principal.

Como si esto no fuera suficiente, Bruce Willis, el astro de su próximo y ambicioso proyecto se ha dejado barba y ha engordado ostensiblemente, algo que el estudio no está por la labor de permitir de ninguna manera. Y es que, por un sueldo de 20 millones de $ lo mínimo que piden es que el actor tenga un aspecto inmejorable, que haga que las salas de cine se llenen de público femenino ansioso por querer acostarse con su galán cinematográfico. Al mismo tiempo, Ben tiene que intentar reconducir su vida laboral (lidiando día a día con representantes, peces gordos y sanguijuelas varias) y amorosa (la terapia para un divorcio amistoso con Kelly). Y por si todo esto no fuera suficiente, lidiar con la cada vez mayor brecha que se está abriendo con su hija adolescente, la cual puede ser una drogadicta. Todo ello en los siguientes quince días de su vida y mientras su posición de privilegio en la meca del cine se tambalea.

Algo pasa en Hollywood

Crítica de Algo pasa en Hollywood.
La historia de ‘Algo pasa en Hollywood’ está sacada de “Bitter Hollywood: Tales From the Front Line”, las memorias de Art Linson, productor de Hollywood (habitual de Brian De Palma o David Mamet) en las cuales contaba sus vivencias durante los más de 30 años que lleva en la industria del séptimo arte. En el film, los nombres de actores, directores o films que protagonizaron tales anécdotas son cambiados por otros (por poner un ejemplo: la historia que envuelve a Bruce Willis es una mezcla de hechos acontecidos con Alec Baldwin & Harrison Ford en films producidos por Linson). Así las cosas, el personaje de Ben interpretado por Robert De Niro (para el cual Linson produjo ‘Los Intocables’, ‘Nunca fuímos ángeles‘, ‘Vida de este Chico’ oHeat entre otras) sería una visión algo modelada del propio Linson. Siendo el resto mezcla de situaciones reales de la propia vida de este, y hechos ficticios mezclados y revueltos durante los escasos 93 minutos que dura ‘Algo pasa en Hollywood’.

Y aunque el argumento puede resultar jugoso e interesante (a priori estamos ante una vista a los entresijos de la industria del cine con una buena dosis de auto-crítica y mala leche) el film no logra enganchar en ningún momento. El espectador de a pie, ese que acuda al cine con la única meta de evadirse de su vida cotidiana, no entenderá la mayoría de situaciones que muestra la película y el más puesto en materia, saldrá decepcionado, pensando que la cinta no rasca más allá de la superficie. Porque ‘Algo pasa en Hollywood’ carece del punch y la mala leche de ‘La cortina de humo’ que contaba con un guión magistral de David Mamet. Aquí pasamos de tener a un ganador del premio Pullitzer (Mamet) al responsable del libreto ‘America Hot Waz’ y director de ‘The Wild Life’ o ‘Where the Buffalo Roam’ (Linson). Y eso se nota.

La cinta carece de elementos sorprendentes (una historia lineal, contada sin ningún sobresalto narrativo y con una gama de personajes grises) en la que lo único que desentona para bien en su aburrido conjunto es la aparición de un desternillante y apoteósico Bruce Willis pasándoselo en grande con su rol. Robert De Niro hace lo que puede viendo el material que tiene ante sí, su personaje es un mero observador del caos que le rodea, una marioneta que va de mano en mano, de peces gordos a estrellas caprichosas, sin hacer gran cosa por impedirlo. De Niro no tiene que esforzarse demasiado para sacar adelante su papel, le basta con hablar mucho por el móvil y hacer malabares faciales. El resto de intérpretes pasan por el reparto sin hacer gran cosa, a excepción de un notable Michael Wincott (eterno maloso al que reconocerán por su voz desgarrada y la cara de drogadicto psicópata que se gasta, que básicamente es el papel que interpreta en la cinta), su personaje es un caramelo al que Wincott exprime el jugo de forma acertada y una imponente Catherine Keener. El resto es talento desperdiciado (Turturro, Tucci, Robin Wright) incluida la aparición especial de Sean Penn, que se debe más la amistad que le une con Linson que a lo relevante de su intervención.

Otro que tampoco ayuda a que el film pase de ser una broma entre amigos de cine dentro del cine, es la desganada (o esa es por lo menos la impresión que da) dirección de Barry Levinson, director que lleva más de una década sin hacer un film destacable (precisamente desde ‘La cortina de humo’) y que parece sentir una cansina fascinación por hablar del mundo televisivo o cinematográfico, sus desgracias y soledades, ya habiendo tratado en cintas como ‘Jimmy Hollywood’, ‘La cortina de humo’, ‘Envidia’ o ‘El hombre del año’, ninguna fue un éxito y adivinen cual de todas es la única que se salva de la quema.

Algo pasa en Hollywood

En resumidas cuentas.
Finalizo ya esta crítica de Algo pasa en Hollywood, una comedia negra, que tiene poco de comedia y nada de negro. Y si mucho de gris. Sólo un par de gags inspirados y un punto de partida a priori interesante que deviene en un film tedioso. Sino fuera por su reparto, sería carne de tv por cable.

El plano: Willis encendiéndose un puro delante de todo el equipo técnico y artístico de su última cinta.
La escena: Brunell enseñando a Ben el nuevo montaje del film
La secuencia: Willis discutiendo con Ben el por qué no va afeitarse su lustrosa barba.

Frases memorables:
“¡Mi integridad artística está claro! ¿Dices que porque tenga esta aspecto no van a reconocerme Ben? ¿¡Oh a donde ha ido Bruce!? ¿¡Bruce ya no está!? ¿¡Dónde se ha metido mi estrella favorita!? Oh mira, si esta ahí, ahí mismo. ¡El tipo con la barba! … ¡Ah! Ya entiendo… Se trata de chochitos, lo entiendo. Los chochitos son buenos. Os contaré algo divertido. Me he dejado crecer esta barba durante seis meses. Me he currado su forma los siete días de la semana… Debí de intuir que esta mentalidad llegaría, nunca una duda, ¡nunca una jodida duda! ¡Hijos de puta! ¡Malditos hijos de puta! ¡Que les den!… ¿Estáis contentos, no? ¡Me habéis puesto la presión por nubes!… ¡Me la váis a comer hijos de puta! ¡Me la váis a comer!”.