La ley de la calle
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“50.000 turistas visitan Washington DC todos los días. Pero mi parte de ciudad nunca la ven. Puedo ir a la Casa Blanca en bicicleta en 20 minutos. Pero aquí las bandas recorren las calles. Yo trabajé para la banda más grande: La Mara Salvatrucha, el MS 13. Siempre soñé con ser el próximo Derek Jeter o Cabrera, pero a mi vecindario las drogas llegan antes que el béisbol…”. Cuando la ciudad es una jungla, la única ley que vale es ‘La ley de la calle’.

“Las piernas rotas se curan con el tiempo… Pero algunas traiciones resienten y envenenan el alma” (Rincón)

Crítica de La Ley de la calle

Lior Geller, responsable del cortometraje israelí ‘Roads’ (2007), adapta la misma historia de aquél. Pero esta vez lo hace en formato largometraje y con capital americano. Todo esto de la mano del veterano productor Moshe Diamant. El director trae su historia ambientada, en primera instancia, en las calles de Israel a las barriadas colindantes de Washington DC y con las bandas salvadoreñas como protagonistas.

En ‘La ley de la calle’ se sigue a grandes rasgos la misma trama que ya vimos en 22 minutos en la citada ‘Roads’. Eso sí, aquí se añade metraje hasta completar una ajustada hora y media de duración. La trama transcurre en un día clave con la boda de la hermana del jefe mafioso, una entrega importante y la redención de un veterano soldado caído en desgracia y convertido en un yonqui más del barrio huyendo de su pasado.

‘We Die Young’ (título original) nos llegó a España de la mano de YouPlanet, distribuidora online de contenido audiovisual. YP cedió su estreno en primicia a Amazon Prime el 16/11/2020. Conviene decir que su calidad, a pesar de sus escasos medios, está por encima de lo esperado. No obstante, si la hemos visto en España es por la participación especial de Van Damme, quién sorpresivamente se unió al proyecto por su afinidad con el productor.

Van Damme rodó su parte en cinco días tras finalizar el rodaje deOperación rescate (Pasha Patriki, 2018). El grueso mayor de la filmación tuvo lugar en los estudios búlgaros que ya pudimos ver en Los mercenarios 2 (Simon West, 2013) y recreados para simular lugares rápidamente reconocibles de Estados Unidos. Estos sets dan el pego y más si la historia tiene lugar en un pequeño barrio y calles determinadas durante no más de veinticuatro horas de tiempo real. Tal y como aquí es el caso.

Estamos ante un film que bebe tanto de los clásicos imperecederos del genero mafioso como ‘El Padrino’ (Francis Ford Coppola, 1972) a la imprescindible El precio del poder (Brian De Palma, 1983) y también de films imprescindibles de los últimos veinte años. Me refiero a cintas del nivel de Training Day (Antoine Fuqua, 2000), ‘Ciudad de Dios’ (Fernando Meirelles, 2002), ‘Harsh Times’ (David Ayer, 2005) o inclusoSicario (Denis Villeneuve, 2015).

De todas las películas citadas en el párrafo anterior va tomando elementos que hacen que el film carezca totalmente de una personalidad e identidad propia. Precisamente esto es lo peor que tiene. Aunque se nota que tiene una factura apreciable, veracidad en la investigación y buenas intenciones… nada de lo que presenta llama lo suficiente la atención como para dejar de ser una “TV-Movie” con algo de acción y una correcta mirada a las bandas, al destino no-escrito y a la verdadera familia.

Los protagonistas principalmente son David Castañeda y Elijah Rodríguez. Ambos ya habían interpretado papeles similares en Sicario: El día del soldado (Stefano Sollima, 2018). Castañeda lleva a cabo una interpretación de una especie de “Padrino Salvadoreño” con la cara tatuada y encerrado en su propia fortaleza. Desde allí ordena y manda mientras realiza los preparativos de la boda de su hermana inválida, Gabriela. A la misma la interpreta Robyn Cara. Buena y sentida su labor con el personaje mejor esbozados de todos.

Por su parte, Elijah Rodriguez tiene un rol mucho más de poner cara de adolescente rebelde de lo que hizo en su film de debut. Aquí es Lucas, el protagonista y eje de todas las historias. Un correo de la banda MS13 que acabará por revelarse en el momento menos oportuno. Completan el elenco Charlie MacGechan como Jester, un envidioso segundo de a bordo de la MS13, y Uriel Emil (Spider) actor israelí que ya trabajó junto a JCVD en6 balas (Ernie Barbarash, 2016). En ‘La ley de la calle’ interpreta ¡cómo no! a un facineroso con un tatuaje de telaraña por las mejillas.

Para el final queda valorar la aparición de Van Damme. De entrada, avisar de que esta es mayor de lo esperado, teniendo en cuenta que solo rodó durante cinco días. Sus apariciones están bastante esparcidas para hacerle parecer co-protagonista. Aunque avisamos que, por cuestiones argumentales, su personaje no dirá ni una sola palabra en sus escenas. Esto será explicado en varios flashbacks durante el film. Una trampa parecida a la perpetrada en ‘Kickboxer: Contrataque’ (Dimitri Logothetis, 2018). Allí también, por motivos argumentales, su personaje estaba lastrado físicamente. Aunque comparado con la afrenta de aquella, aquí por lo menos su “incapacidad” viene razonada por el guión.

Van Damme es Daniel, un veterano de guerra lastrado por las heridas internas y externas. Daniel malvive ganándose el pan como mecánico. Pero claro, siendo quien es, y estando en una película que avanza como una olla a presión, tarde o temprano deberá “entrar en acción”. Eso, más que menos, es lo que sucede llegado el momento. Así las cosas, se convertirá en el guardián de Lucas y Miguel. Entrando en el apartado puramente físico, veremos una fugaz pelea a cuchillo y una contundente lluvia de balas final, donde será parte pero no el que más reparte. Poco más. En cuanto al nivel interpretativo no hace apenas alardes, simplemente se limita a estar en el plano y teclear en su móvil cuando quiera apuntillar algo.

“Quiero los ladrillos y al niño” (Rincón)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de La ley de la calle, una película en la que no hay nada malo pero que tampoco destaca o llama la atención. Estamos ante un film que bebe demasiado de obras precedentes que sí el espectador conoce hará que su visionado se torne rutinario. Tampoco es de obligado visionado para fans de Van Damme porque ni sobresale ni le han escrito un papel brillante.

Tráiler de La ley de la calle

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