La justicia del ninja
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A principios de los ochenta el género de las artes marciales comenzaba a ponerse muy de moda en occidente. No eran pocos los niños que ya no aspiraban a ser sheriff, sino que querían ser ninjas. Y la culpa la tienen películas como la que vamos a comentar, que con una trama muy simple y un presupuesto ajustado aprovecharon la legendaria figura del ninja para abrirse paso en el mercado cinematográfico.

“Amigo mío, un ninja no asesina. Elimina para defenderse”.–Cole.

La Justicia del Ninja

Valoración:
Con esta película el productor Menahem Golan iniciaba una trilogía que marcaría un antes y un después en el género de las artes marciales, contribuyendo en gran medida a popularizar la figura del ninja como personaje cinematográfico. Hablamos de toda una eminencia en el cine de serie B, un hombre que a lo largo de su vida produciría películas para actores de la talla de Sean Connery, Sylvester Stallone, Charles Bronson o Jean Claude Van Damme.
En este caso Golan se pasa también a la dirección, si bien lo que tenemos delante no requiere demasiadas habilidades. Ya no sólo hablamos de una película de bajo presupuesto sino de un género que por entonces comenzaba su singladura, lo cual explica las numerosas cantadas que contiene el film. Vamos, que hay katanas, bombas de humo, shurikens… Pero olvidémonos de puestas en escena, montajes sublimes y otros conceptos técnicos que aquí brillan por su ausencia.

El actor escogido para protagonizar esta película fue Franco Nero, curtido en el cine italiano y al que pocos años antes se había visto en la película de aventuras ‘Fuerza 10 de Navarone’. Hombre, ya de por si sorprende que el encargado de dar vida a un ninja sea precisamente un actor con una dilatada experiencia rodando westerns. Eso presentaba un problema evidente: no puedes poner a picar cebolla a un manco. Así que se optó por emplear a un coreógrafo y artista marcial de nombre Mike Stone para doblar a Franco Nero en las escenas de lucha. El resultado deja un sabor agridulce, porque en los planos lejanos la cosa cuela, pero como se suele decir “en las distancias cortas es cuando un hombre se la juega”. Y ver las evoluciones de Franco Nero intentando hacer lo que no sabe… En fin, al menos le pone unas ganas tremendas y posee un innegable carisma como actor que el personaje agradece.

Un detalle a tener en cuenta es que el título de la película puede llegar a parecer algo engañoso. En realidad sólo vemos ninjas al principio y al final de la película, el resto del metraje Franco Nero reparte leña en mangas de camisa y sus enemigos son básicamente una banda de mafiosos. Es en los primeros quince minutos de película donde observamos al personaje de Nero con la tradicional indumentaria ninja y empleando todo tipo de armas exóticas… Pero ojo, ¡va de blanco! Lo cual chirría bastante porque no es el color más apropiado para un maestro del sigilo, si bien otros ninjas rizan el rizo y visten de rojo chillón. No es de extrañar que ante semejante despipote cromático decidieran prescindir del tema durante la mayor parte de la película. En cualquier caso si tuviéramos que corregir todos los errores históricos que giran alrededor de los ninjas en esta película, necesitaríamos varias páginas.

Un punto a favor es que para encarnar al malo de turno se decidieran por un experto en artes marciales como Sho Kosugi. Debutó con esta película y alcanzó una gran popularidad entre los aficionados al género, participando también en las dos siguientes entregas de la trilogía y convirtiéndose en un icono del género. Aunque no era un experto en ninjitsu consiguió convencer al público gracias a su dominio de las artes marciales. Y otro villano a tener en cuenta es el excéntrico capo interpretado por el veterano Christopher George, recordado por películas como ‘Chisum’. La lástima es lo tremendamente desparovechado que está, limitándose a soltar algún que otro comentario gracioso como si de una autoparodia se tratara.

La Justicia del Ninja

Conclusión:
‘La justicia del ninja’ es una película bastante mediocre, pero sorprendentemente consigue ofrecer todo aquello que un fan de las artes marciales podía pedir allá por los ochenta. Tiene las suficientes escenas de lucha, sablazos y mutilaciones que podemos desear, pero al mismo tiempo adolece de un guión bastante previsible y unos diálogos muy pobres. Lo curioso del caso es que pese a todos sus defectos consigue elevarse por encima de la mayoría de películas del llamado ninja explotation que aparecerían en años posteriores.
En resumen, una película no apta para todos los públicos sino más bien dirigida a todos aquellos que estén libres de manías y consigan pasar un buen rato a pesar de lo cutre que es la puesta en escena.