El faro
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Robert Eggers abandona a las brujas para contarnos la historia de horror de dos hombres atrapados en una remota isla. Ellos son Willem Dafoe y Robert Pattinson. Durante 4 semanas ambos vivirán al límite y deberán ocuparse de proteger y cuidar la luz de ‘El faro’.

“Yo me ocupo de la luz” (Thomas)

Crítica de El faro

En 2015, Robert Eggers debutó detrás de las cámaras conLa bruja’, una película que no dejó indiferente a nadie. Hubo muchos que la amaron y muchos más que despotricaron contra ella. Recién comenzado el 2020, el realizador estadounidense eleva todavía más su marca personal con ‘El faro’. Este nuevo film también será amado y odiado… pero lo será a niveles incluso superiores a ‘La bruja’.

Para empezar, Eggers filma toda la película en blanco y negro y con un aspecto 4:3, es decir, un encuadre casi cuadrado. Con estas características la cinta escapa absolutamente del cine comercial. Queda claro que a Eggers no le interesan los millones, el CGI, los superhéroes y demás parafernalia que nos invade actualmente. Al guionista y cineasta le interesa contar historias aplicando su propia personalidad no sujeta a modas ni virales. Eggers va a lo suyo y ya sólo por eso merece mi aplauso.

El hecho de filmar ‘El faro’ en blanco y negro no es un capricho ni tampoco un signo de “superioridad intelectual”. La historia está desarrollada para verse en blanco y negro potenciado así al máximo la ambientación y las tonalidades de grises. Amén de los contrastes entre luz y oscuridad. De hecho, la luz es uno de los elementos más trascendentes de la película. En concreto, me refiero a la luz emitida por el faro que será cuestión de enfrentamiento entre los dos protagonistas. También hay muchas escenas que vistas en color no causarían el mismo efecto o, vista la película, no las concebiríamos de otra manera.

Respecto al guión, nuevamente, es obra del propio Robert Eggers esta vez ayudado por su hermano Max Eggers. Ambos se han basado en un amplio abanico de fuentes, reales y ficticias, para dar forma a su script. En la trama podremos encontrar referencias a las obras de Herman Melville, Robert Louis Stevenson o H.P. Lovecraft. Todo esto rematado tomando como base una tragedia real ocurrida a dos fareros galeses en 1801. Así pues, a lo largo del film asistiremos a la vida cotidiana de dos fareros aislados de todo contacto con el mundo exterior. Esta situación de aislamiento extremo llevará a que veamos conductas paranoides y enfermizas, enfrentamientos y compadreo, nervios y locura, y situaciones oníricas de pesadilla y mitología. En consecuencia, al final de todo, tenemos una trama que, partiendo de un arranque sencillo, se complica hasta generar una muy variada temática e interpretación.

La amalgama anterior se traduce en la película alterando la visión de la realidad que tienen los dos hombres. Los hermanos Eggers también logran transmitir esta confusión al público gracias al montaje e inserción de diferentes escenas claves. Con esto se consigue que nosotros, como espectadores, lleguemos a dudar de qué farero está en sus cabales y cuál no. Quién miente y quién dice la verdad… No menos cierto es que con este guión y con este montaje la película, al igual que sucede con su peculiar filmación, se aleja totalmente del público causal que terminará renegando de ella.

Respecto a la ambientación decir que en todo momento el film apuesta por los escenarios naturales y el trabajo en platós interiores. La cinta fue rodada en Cabo Forchu (Nueva Escocia) llegándose a construir un faro a escala real. Por otro lado, determinadas escenas interiores se filmaron en escenarios y almacenes de Halifax. En este trabajo de ambientación también dice mucho la música del film. Una banda sonora compuesta por Mark Korven que ya trabajara con Eggers en ‘La bruja’. Atención a los amenazantes sonidos de la sirena de advertencia, a los propios sonidos naturales de la isla o al terrorífico tono misterioso de según qué pasajes musicales.

“¿Qué? ¿Qué?…”. Keepers.

Entrando al elenco del film tan sólo tenemos a dos únicos protagonistas que aguantan excepcionalmente todo el peso del metraje. Ellos son Robert Pattinson y Willem Dafoe. Los dos están sobresalientes haciendo obligatorio visionar el film en versión original.

En el caso de Robert Pattinson desde hace tiempo viene demostrando estar totalmente alejado del personaje de Edward Cullen que le dio fama mundial. Aquí interpreta a Winslow, un joven farero que carga con todo el trabajo duro de la isla. Cullen retrata a un hombre educado y trabajador que porta sus propios demonios. Demonios que, junto a los sucesos de la isla, terminarán por degradarlo. Atención a las nerviosísimas escenas de onanismo de Pattinson y a cómo va perfilando el progresivo deterioro de su personaje. Gran actuación la suya, sin duda.

Por su parte, lo de Willem Dafoe es otro nivel y es el gran motivo por el que recomiendo ver la cinta en VO. Dafoe encarna a Thomas, un viejo marinero que quedó tullido siendo relegado así al trabajo de farero. Thomas destaca por su grosería y carácter despótico. Aquí tenemos a un hombre que se tira pedos casi continuamente, que se reserva las tareas más sencillas y que ejerce su mando cual esclavista explotador. La performance de Dafoe es tan sublime que llega a crear una forma de hablar tan peculiar en Thomas que resulta muy complicado entenderle palabra alguna. Es impresionante su caracterización y mimetización que le hacen parecer completamente un viejo farero de las míticas historias marinas. Por descontado que buena parte de su trabajo se perderá si optan ustedes por ver el film doblado.

“¡Friega perro, friega!” (Thomas)

En conclusión.
Termino esta crítica de El faro, una película para los que gustamos de compartir situaciones de aislamiento extremo con personajes complicados que ocultan misterios. Además, contamos con el extra añadido de que su trama admite múltiples interpretaciones y casi todas válidas. No es un film realizado para acumular millones ni tampoco apela a todo el gran público, así pues, advertidos quedan.

Tráiler de El faro