Wonderstruck. El museo de las maravillas
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“Institución dedicada a la adquisición, conservación, estudio y exposición de objetos de valor relacionados con la ciencia y el arte o de objetos culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos”. Todd Haynes y Brian Selznick nos invitan a visitar… ‘Wonderstruck. El museo de las maravillas’.

“Todos estamos en el fango, pero algunos miramos a las estrellas”

Crítica de Wonderstruck. El museo de las maravillas

Tras la brillante Carol (2015), el cineasta Todd Haynes vuelve a adaptar a la gran pantalla un libro. En esta ocasión se trata de la obra ‘Maravillas’ (Wonderstruck) de Brian Selznick, autor al que ya conocemos por esta casa gracias a la maravillosaLa invención de Hugo (Martin Scorsese, 2011) y que aquí se ha ocupado de guionizar su propio libro.

En ‘Wonderstruck. El museo de las maravillas’ tanto Haynes como Selznick cumplen con lo que se espera de ellos. El primero entregando un film de facturación impecable y el segundo ofreciéndonos otra mágica historia con varios homenajes. Sentirse decepcionados creo que no es una opción… aunque bien podría haberse esperado un resultado muy cercano a la obra maestra.

En el film hay que destacar varias cosas en positivo. Para empezar, y según se puede apreciar por la sinopsis, se nos cuentan dos historias diferentes de manera entrelazada. Una que tiene lugar en los años 70 (la historia de Ben) y otra a finales de los años 20 (la de Rose). A destacar que la narración que sigue a Rose es en blanco y negro y sin sonido, sólo música, al igual que en el cine mudo que tanto le gusta a la jovencita. Este hecho hace que el film se puede disfrutar sin ningún problema en VO, dados los pocos (y fáciles) diálogos que hay en el film… porque no sólo es que la historia de Rose sea muda, sino también por el hecho de que Ben se quedará sordo casi al principio, con todo lo que eso conlleva…

Además, el diseño de producción (Mark Friedberg), la fotografía (Edward Lachman) y el vestuario (Sandy Powell) son excelentes, y te sitúan por completo en plenos años 70 y finales de los 20. En estos aspectos la película es alucinante, excelsa y realmente te sientes en las calles de NY en esas épocas tan diferentes.

Al respecto del argumento, cabe decir que tanto la historia de Ben como la de Rose son dos búsquedas personales de dos jovencitos que se sienten solos y aislados. Dos búsquedas que se unen gracias a “El gabinete de las maravillas”, situado en el Museo de Historia Natural de Nueva York. Ambos viajes sirven a Brian Selznick para rendir dos tributos: un nuevo tributo al cine mudo (como ya hiciera en su obra ‘Hugo’) y un homenaje a los museos y a la gente que los inició, esto es, los primeros coleccionistas. Amén de volver a hacer un guiño a su gusto por los libros.

Y en eso radica la trama del film, en acompañar a estos dos jovencitos en su viaje. Un viaje mágico en el conocerán a nuevas personas y que marcará y ligará (sin saberlo ellos, obviamente) su pasado, presente y futuro. Todo gracias a eso que algunos llaman casualidad o azar del destino… y que otros prefieren llamarlo causalidad.

Especial importancia tiene en ‘El museo de las maravillas’ la BSO obra de Carter Burwell con unas composiciones, en su mayor parte, elegantes y delicadas, pero que se tornan bruscas en momentos muy concretos, por ejemplo, en algunas broncas que recibe Rose por parte de su millonario padre.

“¿Cuál es mi lugar?”. Ben y Rose, dos jovencitos y un destino.

Casi todo el protagonismo del film recae sobre las espaldas de dos chavalines: Millicent Simmonds (que hace su debut con esta película) y Oakes Fegley (al que conocimos gracias aPeter y el dragón). Millicent es Rose, una chiquilla sordomuda que vive con su millonario y agrio padre y que es una gran seguidora de la artista del momento en Hollywood, Lillian Mayhew. Por su parte, Oakes da vida a Ben, un chavalín que ha perdido a su madre y que vive con sus tíos. Estos pequeños intérpretes están francamente bien, llenan de naturalidad la película y resulta muy agradable seguir sus aventuras por NY. A destacar que el trabajo de Millicent es puramente gestual, debido a la discapacidad de su personaje.

Otro chaval que merece ser destacado es Jaden Michael como Jamie, un chico del que Ben se hará amigo en su recorrido por las calles de NY. Resaltar la muy buena complicidad que surge entre Oakes y Jaden en todas sus escenas conjuntas.

Entre los personajes secundarios la que más destaca, por presencia y minutos, es Julianne Moore. Para ella va un doble papel radicalmente diferente el uno del otro y que resuelve con su grandeza habitual, especialmente el segundo que es muy misterioso (poco más puedo decir de sus intervenciones en el film pues podría provocar spoilers). Por el contrario, de Michelle Williams apenas se puede decir nada porque su intervención en la película no llegará a los cinco minutos… interpreta a la madre de Ben, una bibliotecaria que nunca le habló a su hijo de su padre (algo hasta cierto punto incomprensible) y a la que sólo conocemos por los recuerdos del pequeño.

Cerrando el repaso al casting importante cabe hacer mención a los roles más o menos breves de: James Urbaniak dando vida al padre de Rose, Cory Michael Smith como su hermano mayor, Tom Noonan apareciendo en la parte final como un anciano librero, y la joven actriz Ekaterina Samsonov a la que ya conocimos el año pasado gracias al film En realidad nunca estuviste aquí (Lynne Ramsay).

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Wonderstruck. El museo de las maravillas, un film absolutamente excelso en todo lo relativo a su diseño de producción pero que, sin duda, puede provocar “cansancio” en todo aquel público amante de las películas de superhéroes que salvan al mundo en aventuras repletas de acción, peleas galácticas y millones a punta pala. Al igual que ‘Carol’, esta nueva cinta de Haynes vuelve a ser “cine gourmet”, con todo lo que ello conlleva, tanto positivo como negativo.

Tráiler de Wonderstruck. El museo de las maravillas