West Side Story
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En 1957 se estrenaba en Broadway el musical ‘West Side Story’, con libreto del escritor y dramaturgo Arthur Laurents. El éxito fue tal que pocos años después se llevó a cabo su adaptación cinematográfica, una producción esplendorosa que fue premiada con diez Oscars de la Academia y que por méritos propios ha pasado a formar parte de la historia del cine.

West Side Story

Crítica de West Side Story

Al escribir este musical de Broadway se tomó como referencia uno de los dramas románticos más representativos de la literatura universal, la obra ‘Romeo y Julieta’ de William Shakespeare. De esta forma, la historia de los dos enamorados que ponían en jaque a las familias Capuleto y Montesco se trasladó al Nueva York de los años cincuenta.

Aquí la diferencia entre dos familias rivales se transformó en un enfrentamiento motivado por el racismo y la xenofobia. Y finalmente se sustituyeron las peleas a espada por coreografías electrizantes mediante las cuales los pandilleros dirimen sus diferencias. El autor del libreto original fue Arthur Laurents, que quizás os suene por haber escrito el guión de películas como La soga de Alfred Hitchcock o ‘Tal como éramos’ de Sidney Pollack. Y ya que hablamos de Hitchcock, el encargado de adaptar el libro de Laurents para esta película no fue otro que Ernest Lehman, al que sin duda recordaremos por el magnífico guión de Con la muerte en los talones‘.

El guión de ‘West Side Story’ posee ciertas peculiaridades que es necesario puntualizar. Por ejemplo, originalmente se tenía pensado dividir la trama en dos actos con un pequeño interludio entre ambos. Pero Lehman y el equipo de dirección acabaron acordando que se eliminara esa división para mantener la tensión en el público. Otro elemento a tener muy en cuenta es que el guión, y por lo tanto la trama, están estructurados alrededor de los números musicales. Esto significa que cada uno de estos números no sólo ayuda a explicar la historia sino que son un pilar fundamental para poder mantener cohesionado el libreto, algo parecido a lo que sucede en ‘Siete novias para siete hermanos’. En cambio en otros musicales, como por ejemplo ‘La leyenda de la ciudad sin nombre’, no ocurre lo mismo. Podríamos quitar todas y cada una de las escenas musicales y seguiríamos teniendo un sólido western.

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Hablar de musicales y de los años cincuenta significa hablar de otra época y de otro modo de hacer las cosas. Para empezar no se pensó en grandes estrellas, sino que se decidió contar con varios de los actores que habían participado en la representación de Broadway. Un caso curioso es el de George Chakiris, que en la versión teatral interpretaba al líder de los Jets y que en la película pasó a ser el de los Sharks.

El mayor reto fue encontrar a los dos actores que debían ponerse en la piel de Tony y María, los personajes principales. Inicialmente se pensó en los mismos que habían trabajado en la obra teatral, pero los productores buscaban actores con un aspecto más juvenil. Así que para el papel de Tony sonaron nombres tan diversos como Anthony Perkins, Burt Reynolds, Dennis Hopper o Warren Beaty. Incluso se llegó a hablar con Elvis Presley. Pero sorprendentemente se acabó llevando el gato al agua un desconocido Richard Beymer.

El personaje de María también tardó en definirse, de hecho se estuvo barajando el nombre de Audrey Hepburn. Pero finalmente se lo dieron a Natalie Wood, en parte gracias a que hizo el casting con la que era su pareja sentimental por entonces, Warren Beaty. Y claro, la química entre ambos le fue de gran ayuda. El problema con el que se encontraron es que tanto Richard Beymer como Natalie Wood carecían de la fuerza vocal necesaria para cantar en condiciones, así que en los números musicales fueron doblados. Concretamente la encargada de poner voz a las canciones de Maria fue la soprano Marni Dixon, que doblaría también a otras actrices en otros musicales, por ejemplo a Audrey Hepburn en ‘My fair lady’.

Otro papel interesante es el de Riff, que recayó en Russ Tamblyn, a pesar de que inicialmente se había presentado a las pruebas para conseguir el papel de Tony. Tanto él como Rita Moreno, que interpreta a la novia de Bernardo, también fueron doblados en ciertos momentos porque sus registros vocales o el timbre de voz no eran los requeridos.

Como comentaba al principio, esta película consta de dos elementos inseparables el uno del otro. De un lado la trama convencional que adapta el trágico romance entre Romeo y Julieta, el cual corrió a cargo de Robert Wise. Y por el otro las vistosas y electrizantes coreografías de Jerome Robbins. Separar estos dos elementos sería un desastre porque ninguno de ellos mantendrían la solidez necesaria. Son un todo que nos ofrece la historia de un enfrentamiento social y, sobre todo, una cruda revisión del famoso “sueño americano”. Pese a lo que pueda parecer no estamos ante un musical edulcorado. Es estéticamente impecable, incluso hermoso, pero también es una dura mirada a los barrios más pobres de Nueva York y un repaso a los problemas de integración social.

Debo decir que ‘West Side Story’ funciona mejor como musical que como drama romántico. Ello es debido a que la principal fuerza reside en los números musicales, mientras que en el apartado interpretativo hay marcadas carencias. Y no es algo que deba sorprendernos porque el casting se orientó más a la habilidad para el baile que hacia la interpretación.

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La puesta en escena y la inolvidable banda sonora, que corre a cargo del gran Leonard Bernstein, son una de las bases de esta producción. Hay temas como “Gee, Officer Krupke!” que nos muestran el día a día de los conflictivos pandilleros y su relación con las autoridades. “América” refleja el sentir de la comunidad inmigrante que llega a Nueva York llena de esperanzas esperando encontrar una vida mejor. También está el tema “Cool”, que básicamente retrata la relación grupal entre pandilleros, cómo cierran filas y controlan su impetuosidad. Y claro, hay canciones ya míticas como “María”, “Tonight” o “I feel preety”.

El diseño de producción es impecable, la verdad es que para la época supuso un esfuerzo considerable. No hemos de olvidar que se construyeron casi cuarenta decorados, mientras que el resto de exteriores se rodaron en calles neoyorquinas que iban a ser derruidas. El vestuario es exquisito, de un colorido en ocasiones estridente pero que ayuda a dibujar una clara línea divisional entre neoyorquinos y puertorriqueños. La única pega es que esta película, casi sesenta años después de haberse estrenado, nos puede parecer un poco naif en cuanto a estética y concepto.

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Conclusión.
La edad dorada de los musicales quedó atrás hace mucho tiempo y difícilmente volverá vivir un esplendor como aquel. Es un tipo de género con unas peculiaridades muy concretas que no gusta a todo el mundo. Y arrastra injustamente la fama de ser un tipo de cine orientado al público gay. Sí, es absurdo porque hasta que me demuestren lo contrario la sensibilidad artística o el gusto por la música no tiene nada que ver con la orientación sexual del individuo. Pero en fin, la estupidez humana parece no tener límites.
También es cierto que últimamente se ha revitalizado este género con películas como ‘Moulin Rouge’, ‘Chicago’, ‘Sweeney Todd’‘Los Miserables’ oLa ciudad de las estrellas (La La Land)‘… pero eso no cambia demasiado la situación. En cualquier caso, ver ‘West Side Story’ es una experiencia única que debería ser disfrutada al menos una vez en la vida, no en vano es el mayor musical de la historia del cine. Y si uno es capaz de cerrar los ojos y dejarse transportar por su magia, hay mucho que descubrir. Tan sólo recordad que lo importante de la película no es la historia de amor que cuenta, sino un conjunto de números musicales hábilmente entrelazados que forman una visión única de ese Nueva York de los años cincuenta. Finalizo esta crítica de West Side Story, un pedacito de la historia del cine, y como tal creo que sería un error dejarlo pasar.