Transporter 2
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En 2005 se estrenó este adrenalítico film de acción con los mismos responsables del original. Me refiero a Luc Besson tras la producción y el guión junto a Robert Mark Kamen. Además destaca la emancipación de Louis Leterrier como director. Y, por supuesto, Jason Sthatam de nuevo como protagonista. Esta vez la acción nos traslada a USA y se cambia el BMW por un exclusivo Audi. Bienvenidos a… ‘Transporter 2’.

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Crítica de Transporter 2

Tras el éxito de Transporter(Louis Leterrier y Corey Yuen, 2002) la secuela no se haría esperar. Todo pasaba por convencer a Jason Statham para que volviera como el eficaz chófer y pateador de culos, Frank Martin. Y Sthatam, auto-convencido de que una nueva colaboración con Luc Besson ayudaría a elevarle de forma definitiva al Olimpo de los héroes de acción, no dudó. Así las cosas, firmó enseguida para una nueva entrega de las aventuras del súper-chófer.

Con Statham en el ajo, Besson y su colaborador habitual, Robert Mark Kamen, comenzaron con el guión de la cinta. Esta es toda una sucesión de tópicos, flipadas a tutiplén y una sub-trama digna de serie B. Todo esto echa por tierra el buen trabajo que hicieron con el libreto del film original. Aquel script no era nada del otro mundo, pero no rozaba el ridículo en ningún instante. La trama pasa por ser una copia descarada de El fuego de la venganza (Tony Scott, 2004), incluso tomando de esta las escenas eliminadas. Sí, las escenas eliminadas… aquellas en las que se veía como John Creasy (Denzel Washigthon) y Lisa Ramos (Radha Mitchell) tenían algo más que una relación profesional. Aquí ni siquiera se salvan los diálogos entre Frank y el inspector Tarconi (Francois Berléand).

Dejando de lado el guión, pasamos a la dirección del film. Louis Leterrier dirige esta vez la cinta en solitario. El francés ya tenía experiencia en la dirección conjunta con Corey Yuen en la primera entrega. Aquí decidió que ya era hora de mostrar al mundo su talento. Leterrier dirige en piloto automático. Además, en muchos instantes, copia escenas del film anterior. Entre ellos: la escena inicial, Frank protegiéndose con una puerta, Frank con su brazo embadurnado de chapapote peleando con muchos esbirros a la vez… Finalmente, el culmen del ridículo total es el momento bomba.

Por su parte, Corey Yuen se limita a coreografiar las escenas de lucha. Estas secuencias siguen teniendo el buen nivel de la primera y son lo único que se salva de la quema. Destacando entre ellas: la pelea con el gigante negro en la sala de enfermos de los médicos rusos, o la que tiene lugar en un avión descontrolado en plena caída en medio del océano.

En el apartado de las novedades en cuanto al elenco no encontramos ni rastro de Shu Qi. Tampoco de ningún interés amoroso para Frank… no hay tiempo para amoríos. Las incorporaciones en el lado de los buenos son correctas y sin más. Matthew Modine cumple con su papel, básicamente no sonreír y llevar siempre puestas las gafas para así parecer culto e inteligente. Más protagonismo tiene Amber Valleta. Además de ser la sufrida madre del pequeño secuestrado también es la única que confía en la inocencia de Frank, al que culpan falsamente del secuestro del niño.

Los villanos, Alessandro Gassman & Katie Nauta, resultan lo peor del film. Ambos están muy perdidos y sin dar en ningún momento sensación amenazadora. En especial Nauta (Lola) que intenta dar la imagen de una terminatrix mortífera. Sin embargo, acaba dando risa y pena a la vez. Dan ganas de tirarle un bocadillo porque la pobre ofrece la sensación que se va a desmayar en cualquier momento por la delgadez de su cuerpo.

Breve aparición para Keith David, un habitual de John Carpenter y del cine de acción de los 80 y 90. Aquí interpreta el rol de superior del FBI. Un agente curtido en mil batallas y 15 secuestros en los últimos dos años (o eso dice él). También ínfimo es el papel de Francois Berléand, convenientemente de vacaciones en Miami. Su misión en la cinta es la de surtir de la información necesaria para que Frank encuentre a los malosos y salve al mundo. También tiene un pequeño papel Jason Flemying (‘Snacth’), amigo de Statham, da vida a un médico ruso creador de un mortal virus.

Por último, hablemos ahora de la música en esta crítica de Transporter 2. Si en la primera entrega la música acompañaba la acción y ayudaba a transmitir el estado de ánimo del protagonista, en esta no tiene ningún sentido. No existe un tema de referencia dentro de la cinta y las canciones no originales carecen de interés. Otro aspecto mal cuidado.

En resumidas cuentas.
Unas cuantas flipadas menos hubiesen mejorado mucho el resultado final de la película. No es cuestión de ser exigentes. Es cuestión de que no violen todas las reglas de la lógica y la gravedad, y pretendan que nos lo creamos. Si la echan por la tele y tienes una buena ración de palomitas cerca y tiempo, entonces, se puede ver. Eso sí, si eres fan de Statham seguro que te gustará. El duro inglés hace lo que mejor se le da: repartir galletas y hablar poco.

Curiosidades. 
Con un presupuesto de 32 millones de $, la película recaudó en todo el mundo y sólo en CINES más de 85 millones de $. Durante su rodaje (en Miami y Florida) sufrió el embiste de dos huracanes y varias tormentas tropicales.