Traición sin límite
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Hoy os traigo una destacada película de acción. Se trata de un violento western moderno de la prodigiosa década de los 80. Unos años en los que la sangre, la violencia, los tacos,… no estaban tan mal vistos. Una década en la que se hacían películas tremebundas sin ningún tipo de complejo ni mirando las calificaciones para edades. Es el momento de entrar en un avispero sin protección ya que esto es una… ‘Traición sin límite’.

“Sólo llevo aquí 20 minutos y presiento que va a ser un día de perros”.-Jack Benteen.

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Crítica de Traición sin límite

‘Traición sin límite’ es otra gran película de Walter Hill repleta de las que son sus principales señas de identidad: tipos duros, violencia descarnada, sentencias y firmezas varias… y, claro, algo de machismo. En definitiva, un muy notable western moderno servido a gusto del espectador machote. Si no encajas en ese perfil es mejor que pases de ver este film, ya que no creo que te pueda agradar.

Con una gran ambientación “texana” repleta de tipos sudorosos, Walter Hill nos traslada a un caluroso “El Paso”. Allí se van a ir juntando en el gallinero demasiados gallos para que el tema no termine por estallar. Y cuando estalle, el veterano y duro director californiano, nos mostrará en pantalla unas grandiosas escenas de tiroteos y violencia excelente y visceralmente filmadas sin ningún tipo de complejo ni perdón. En este sentido, ¡atención! al tremebundo clímax final en la fortaleza que Cash Bailey tiene en su zona mexicana del río. La matanza que se monta es “la de Dios es Cristo” y muy “heredera” de la vista en ‘Grupo salvaje’ (Sam Peckinpah, 1969).

De la banda sonora se ocupó en esta ocasión el mítico Jerry Goldsmith que compuso unas melodías muy a lo Rambo. No en vano, venía de componer dos años antes (1985) la BSO de ese gran éxito de Sylvester Stallone. En estas nuevas composiciones se notó mucho que se le habían quedado pegadas algunas de aquellas melodías.

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Si os digo que la historia del film vino firmada por John Milius pues ya os podéis imaginar lo que nos podemos encontrar. Esto es: diálogos durísimos en los que cada personaje escupe sentencias de esas que tanto nos gustaba escuchar en los años 80 y que dejaban al rival tiritando. Además, también tenemos personajes que son bien distintos unos de otros pero todos igual de duros. Así, y por un lado, tenemos al sheriff local. Por otro, a su némesis particular y, finalmente, a un grupo de operaciones especiales del ejército. Un “pelotón” compuesto por una serie de hombres de esos dados por muertos o desaparecidos en acción.

Con esos mimbres, el sitio para las mujeres es muy limitado. Tremendamente limitado. De esta manera, quedan reducidas a papeles de novias o prostitutas locales. Esto es “El Paso” señores, y esta película y lo que nos ofrece lo podemos apreciar mejor entrando en la descripción de cada personaje. Así pues, vamos a ello sin más dilación…

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“Es un bonito día para morir”… Vivir y morir en El Paso.

Nick Nolte es Jack Benteen, un sheriff de los de antes y que los tiene muy bien puestos. Ya al principio del film deja bien claro de lo que es capaz. En esas secuencias entra en solitario, y escopeta en mano, en un bar repleto de mejicanos para detener a un “jefe de patio local”. Nolte recrea a un sheriff de rostro imperturbable. Un hombre duro que no pestañea nunca y cuya máxima es esta: “Yo jamás entrego el arma sin que alguien salga herido”. Creo que ya está todo dicho.

Al lado de Nolte está Rip Torn como Hank Pearson, un viejo sheriff que todavía sigue de servicio. Hank fue, por así decirlo, el maestro de Jack. Ahora es un tipo que presta servicio luciendo escopeta y puro en boca. Un sheriff que detesta a los políticos, de hecho, su mejor frase es esta: “Sólo hay una cosa peor que un político y es un pervertidor de menores”.

Maria Conchita Alonso es Sarita, la novia mexicana de Jack. Francamente, su papel no va más allá de cantar algunas canciones, acostarse con el personaje de Nick Nolte y darle celos con el interpretado por Powers Boothe. El resto de mujeres que salen en la película (con la excepción de una brevísima aparición de Lin Shaye como funcionaria) son asignadas a papeles de prostitutas mexicanas.

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Powers Boothe, Tommy ‘Tiny’ Lister y Luis Contreras interpretan a Cash Bailey y a sus dos esbirros, Monday y Lupo. Cash es el típico cacique americano que, tras pasarse al lado oscuro, triunfó en la vida con su negocio de las drogas. Viste siempre de blanco impoluto (¡ojo! a cómo se le va ensuciando el traje a medida que se va degradando física y mentalmente con el transcurso del metraje), no perdona una (su presentación aplastando con la mano a un escorpión vivo es toda una declaración de intenciones) y posee un auténtico ejército personal que cuida de él previo pago. Buena actuación de Powers Boothe con este villano. Personalmente es de los personajes con los que más le recuerdo en el cine.

Monday y Lupo son sus escoltas personales. Monday es un gigantesco exjugador de rugby que ahora se alquila como esbirro. Por su parte, Lupo es el típico mejicano sucio repleto de armas que sirve a su amo yanqui por un puñado de dólares. Ningún problema para Tommy ‘Tiny’ Lister y Luis Contreras en la interpretación de estos individuos. Básicamente se dedican a acompañar a Powers Boothe allá donde este vaya sin tener casi frases en el film. Son dos personajes más de presencia que de otra cosa. Sus mejores minutos llegan en el tremendo final de la película.

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Michael Ironside, Clancy Brown, Dan Tullis Jr., William Forsythe, Matt Mulhern y Larry B. Scott forman el pelotón de mercenarios que llegan a “El Paso” dispuestos a dar un golpe en el banco local. Todos estos actores están fantásticamente bien metidos en sus roles de militares mercenarios. Esos militares que no tiene más amigos que ellos mismos. Unos tipos duros que siempre obedecen al mando sin ni siquiera plantearse dudas. Ya lo dice en un momento dado del film el personaje de William Forsythe: “Tengo a mi patria. Tengo a mis amigos y nada más. Yo no hago preguntas”.

El que más destaca es el siempre duro y casi siempre desagradable Michael Ironside como el Mayor Paul Hackett. Este oficial es un tipo sin escrúpulos y que abusa claramente de la confianza ciega que tienen sus hombres en “el mando”. Clancy Brown y Dan Tullis Jr. (dado el gigantesco tamaño que presentaban en aquella época) son los músculos del grupo. William Forsythe es el macarra y experto en explosivos y cables. Matt Mulhern es el especialista en conducción. Y, el último mercenario del grupo, está interpretado por Larry B. Scott que compensa su falta de bíceps con su cerebro privilegiado para la tecnología y las comunicaciones.

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En conclusión.
Termino esta crítica de Traición sin límite. Aquí tenemos un tremendo western “moderno” en el que nos encontramos con hombres duros de principios fuertemente establecidos que luchan por mantener lo que es suyo. Una violenta película marcada por la fuerte personalidad de su director. Y un gran reflejo del buen cine de acción que se hizo en los 80.

“A mi puedes comprarme Cash, siempre has podido… pero no puedes comprar mi placa… y el uno sin la otra no vale una mierda”.-Jack Benteen.

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