Super 8
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Compositor, productor, guionista, director… J.J. Abrams se ha convertido para muchos en poco menos que un gurú gracias a producciones como ‘Perdidos’ o ‘Monstruoso’. En esta ocasión regresó a la silla de dirección con esta aventura de tintes nostálgicos que, a buen seguro, despertará al niño que llevamos dentro. Un claro y sincero homenaje a aquellas películas que ya forman parte de la historia del cine norteamericano. De esto os hablo hoy en la crítica de Super 8.

“Si habláis de esto, vosotros y vuestros padres morireis”.-Dr. Woodward.

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Crítica de Super 8

Cuando se anunció este proyecto no me mostré excesivamente emocionado, posiblemente porque no me han conseguido enganchar algunas de las producciones más aclamadas de J.J. Abrams. No obstante, siempre he reconocido en él un especial talento para la ciencia-ficción y para hilvanar historias emocionantes, prueba de ello fue la interesante serie televisiva ‘Fringe’ o esa película titulada Star Trek (2009) que sirvió para resucitar una saga ya agotada. También es un auténtico maestro en el arte de la publicidad viral, consiguiendo crear el misterio necesario para poder captar la atención del público. En mi caso no funcionó porque tras ‘Monstruoso’ decidí no volver a caer en la trampa y esperar pacientemente al día del estreno, pero es obvio que el interés despertado por esta película fue mérito del propio Abrams.

Sin duda uno de los aspectos más atractivos de este film fue ese aire añejo que evocó a la década de los setenta y los ochenta, para muchos la era dorada del cine de ciencia-ficción, cuando Spielberg rodaba ‘Encuentros en la tercera fase’ y ‘E.T.’, o cuando un grupo de niños se embarcaba tras la búsqueda de un cadáver perdido en ‘Cuenta conmigo’. Al principio hemos hablado de homenaje, y no es casualidad que el propio Steven Spielberg fuera de la mano de Abrams produciendo esta película. En realidad uno esperaba encontrar una obra distintiva, con un sello propio, pero pronto empecé a sospechar que tras esa aura nostálgica que imprimía Abrams a la película había algo más que inspiración. Unos niños haciendo de las suyas, un accidente violento y algo que escapa entre la noche… Sí, creo que a todos nos suena.

En cualquier caso, la historia comienza francamente bien, con un grupo de niños que en cualquier colegio serían carne de cañón para sus compañeros y cuyo objetivo es rodar una película casera de zombies. Tenemos a Joe, un chaval introvertido que acaba de perder a su madre, y a su amigo Charles, un chicarrón con sobrepeso que aspira a ser director de cine. También está Cary, el típico gamberro que hay en toda pandilla, y Martin que es el más normalito del grupo. Y como no puede faltar una chica tenemos a la quinceañera Alice, de la que Joe está enamorado y que parece esconder una vida familiar poco feliz. En el fondo, estos chicos, fueron un soplo de aire fresco dentro de un cine moderno monopolizado por personajes adolescentes irreverentes y maleducados. Y es en esa línea tan próxima a las cintas de los ochenta como ‘E.T.’ donde uno acabó sintiéndose tan a gusto.

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El trabajo de los jóvenes actores resulta excelente, sobre todo el trío principal compuesto por Joel Courtney, Elle Fanning y Riley Griffiths. A pesar de tratarse de una historia protagonizada por niños consiguieron hacerse con el espectador desde la primera escena, quizás porque nos sentimos trasladados a esa época donde también fuimos niños. Hay momentos como cuando Joe maquilla a Alice que fueron absolutamente exquisitos, y lo mismo podemos decir de esa escena donde Charles se confesó a su amigo. En cambio, otros roles como el del padre de Joe fueron francamente flojos y olvidables, quizás porque copiar los típicos perfiles psicológicos de los personajes de los ochenta no siempre funciona.

Desgraciadamente, la película comienza a desinflarse cuando se va desvelando el misterio que rodea toda la trama. Algunas de las situaciones que se suceden cuando los niños se encuentran con aquello que han estado persiguiendo son poco creíbles, todo adquiere un tono un tanto atropellado. En realidad es un problema que suele observarse en otros guiones de Abrams, igual porque lo que mejor se le da es trabajar el misterio en vez de desvelarlo. Y en ‘Super 8’ ocurre exactamente eso, pasamos de un primer acto fresco y excitante… a una resolución del enigma que carece de la chispa necesaria y que se apoya exclusivamente en una parafernalia visual que en mi opinión fue excesiva porque hay cosas más interesantes que se podían haber contado.

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No quisiera dar a entender que el guión de Abrams fuera malo, al contrario. Funcionó perfectamente con un ritmo acompasado y a medida que transcurrían los minutos nos fue ofreciendo secuencias que ayudaban a mantenernos metidos en la historia. El problema es que la trama quedó claramente dividida en dos líneas argumentales: la grabación de la película casera por parte de los niños y esa misteriosa carga que escapa del tren accidentado. Y llegado el momento de desvelar la incógnita nos damos cuenta de que ese “misterio” (al que tantas vueltas se le ha dado) es sólo un mero McGuffin al servicio de lo que realmente nos interesa, que no es otra cosa que la película en 8 mm. que están grabando los niños. Y es que ya en los créditos finales podremos disfrutar de ella y comprobar que, al fin y al cabo, una peli amateur hecha con el corazón puede tener más chispa y magia que cualquier superproducción millonaria.

El diseño de producción es más que correcto y se recreó con generosidad de detalles ese ambiente suburbano de finales de los setenta. Incluso hubo referencias a eventos que sucedieron realmente en 1979, como el grave accidente que sufrió la central nuclear de Three Mile Island. Y, obviamente, la banda sonora está plagada de temas setenteros de artistas como Blondie que consiguen mantenernos en esa burbuja del tiempo creada por Abrams. En cuanto a las escenas de persecuciones, las numerosas explosiones que se suceden y la destrucción urbana, todo estuvo rodado con mano firme y ofreciendo unos efectos visuales satisfactorios, sin el mareo de costumbre. Quizás tras toda esa pirotecnia haya una patente falta de chispa, porque ese aroma inequívoco que nos transporta a las películas de Spielberg no consigue ocultar la pérdida de esa inocencia que las caracterizaba. Pero la importancia que pueda tener la dejo a decisión de nuestros lectores.

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Conclusión.
Pudiera parecer que el resultado de esta película no hubiera sido el deseado y probablemente para parte del público fuera así. Hay quien catalogó a este revival ochentero de Abrams como si fuera un simple pastiche fallido, mientras que otros lo encumbraron como si nos encontráramos ante la quintaesencia del cine de ciencia-ficción. Hombre, yo prefiero quedarme entre dos aguas y concluir en esta crítica de Super 8 viéndola como una cinta que es un hermoso homenaje al cine de Spielberg pero que carece de la magia suficiente y, sobre todo, de una identidad propia. He disfrutado con la película y me he emocionado al recordar las  sensaciones que viví en el cine cuando tenía 13 años, algo que de por sí ya me hace valorarla muy positivamente. Pero, en efecto, da la sensación de que Abrams se limitó a explotar una franquicia abierta por Spielberg. Transportó a la pantalla la estética, los personajes y las historias que el mago del cine nos contaba hace ya tres décadas. Pero lo hizo con la perspectiva y los objetivos de un cineasta del siglo XXI, con todo lo que ello representa. Creo firmemente que vale la pena disfrutar de lo que nos puede ofrecer ‘Super 8’, pero siempre teniendo en cuenta que cualquier tiempo pasado fue mejor.