Quantum of Solace
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En 2008 regresó James Bond, y lo hizo sin medias tintas y como ya pasara en su anterior visita con él llegó una de las mejores películas de acción de ese año. 007 siguió con su cruzada mundial contra el terrorismo, con su recién adquirida licencia doble cero y una peculiar forma de sacar información a los malos. Eso si, no desaparecieron de la pantalla sellos característicos de la franquicia como los saltos de país en país, las localizaciones de postal, coches de lujo, trajes impolutos, mujeres de bandera, un villano con ansias de dominar el mundo y una organización secreta detrás de él. Bienvenidos a… ‘Quantum of Solace’.

Quantum of Solace

La trama: Buscando venganza.
Bien, dejémonos de milongas, aquí estamos para lo que estamos, para mostrar la venganza de un tío duro, un patriota con licencia doble cero y un único e impoluto sentido del deber, una bestia parda que te matará sin pestañear y sin remordimientos. Vamos a hacer que los que mataron a su chica, se arrepientan de lo que hicieron y pidan clemencia. Pero lo que ellos no saben es que James Bond (Daniel Craig) no da cuartel ni otorga clemencia, él deja cadáveres, si querían almas que hubiesen llamado a un cura. Más o menos eso es lo que Paul Haggis (autor del libreto del anterior Bond y de este), les hubiera dicho (si Paul Haggis fuera yo, claro) a Barbara Broccoli & Michael G. Wilson, que por si alguien no lo sabe son los dueños y señores de la franquicia 007. Y es que eso es lo que vamos a ver en ‘Quantum of Solace’ (a partir de ahora, me referiré a ella como ‘QoS’), a un James Bond en busca de vendetta, ¿Contra quién (o más bien contra qué)? Para responder a esa pregunta tendrán que ver el film.

Y mejor que antes de visionar ‘QoS’ le den un revisionado a Casino Royale (porque sería un pecado que a estas alturas no la hayan visto), ya que ‘QoS’ arranca una hora después del final del anterior film de Bond, siendo esta la primera secuela directa de toda la historia de la saga (que abarca más de 30 años). Final en el que se detallaba la captura en Siena (Italia) de Mr. White (Jesper Christensen) por parte de Bond. White que, recordemos fue herido de bala en una rodilla por Bond, será llevado a un lugar seguro (tras una espectacular persecución), donde pasará a ser interrogado por el MI6. Pero antes de que los servicios de Inteligencia Británicos puedan sacarle la información a golpes, White les dejará claras las cosas entorno a su “Organización”: Lo primero que deberían saber de nosotros es que tenemos gente en todas partes”.

Una frase definitoria de hasta donde llega su poder, pues tras esas palabras, White es disparado por un agente traidor del MI6, lo que dará pie a una impresionante persecución que cruzará las catacumbas, pasando por los tejados de las casas hasta culminar en un brutal enfrentamiento en las ruinas de un edificio. Escena que los marrulleros de turno, aprovecharán para reafirmarse en su cansina cruzada en la que James Bond es una copia de Jason Bourne… Una vez el traidor yace sin aliento (ya que en esta cinta, Bond no pregunta, directamente machaca y mata) 007 pondrá rumbo a Londres, desde donde empezará a atar los cabos que le acercan a esa misteriosa organización de la que nadie ha oído hablar.

Las pocas pista de las que dispone el MI6 llevarán a Bond a Haití. Allí tendrá que dar con un tal Slate (Neil Jackson). Su encuentro con Slate no será nada amable, y nos dejará con una de las mejores escenas de lucha de ese año (sin olvidarnos de los galletones que repartía Liam Neeson enVenganza). Luego de haber dado pasaporte a otro malo más, Bond se topará de frente con Camille (espectacular Olga Kurylenko), una misteriosa mujer que le llevará sin quererlo hasta Dominic Greene (Mathieu Amalric), un hombre de negocios y presidente de Green Planet que, tras su apariencia de enano psicópata-megalómano, guarda su verdadera identidad de… enano psicópata megalómano. Por supuesto, la empresa Green Planet es una tapadera que Green utiliza para proporcionar contactos a todo aquel mercenario/general corrupto que quiera dar un golpe de estado, pidiendo a cambio de ellas hectáreas de tierra en apariencia sin interés ninguno pero que guardan bajo sí un elemento más valioso que el oro o el petróleo. Bond no tardará mucho en darse cuenta del pastel, pero una serie de acontecimientos le pondrán en contra de todos los organismos de seguridad del mundo (incluidos la CIA, el FBI, el propio MI6 con “M” (Judi Dench) a la cabeza y por supuesto los terroristas) que verán en 007 una mosca cojonera de grandes proporciones. Por ello, Bond tendrá que recurrir en busca de ayuda a un viejo conocido, Rene Mathis (el siempre excelente Giancarlo Giannini) que gracias a sus contactos pondrá a Bond tras las orejas del exiliado General Medrano (Joaquín Cosio), un mercenario que planea un golpe de estado en Bolivia con la ayuda de su mano derecha… ¡Fernando Guillén Cuervo!

Quantum of Solace

James Bond Vs Jason Bourne: El debate.
Tras el estreno de ‘Casino Royale’ fueron muchos los que se apresuraron a decir a boca abierta que Bond era una copia británica y de esmoquin de un espía amnésico y monofacial, de cuyo nombre no se acuerda ni él. Pues bien, para debatir sobre tan delicado tema, contamos con la ayuda de un experto en la materia, un cirujano de primera que diseccionará y dejará bien claro el asunto. Le paso el teclado y le cedo la silla a mí amigo y compañero Carlos G.

¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina? Puede parecer una pregunta tonta pero viene al pelo para lo que vamos a tratar. De un tiempo a esta parte venimos sufriendo la comparación entre James Bond y un tipo de rostro impertérrito que atiende al nombre de Jason Bourne. Una comparación que, para la mayoría de seguidores de 007, ya empieza a resultar cansina. Y es que aunque las similitudes entre ambos personajes puedan parecer enormes, se limitan a que comparten las iniciales y una gran destreza con las armas. El personaje de Bourne, creado en la década de los 80 por Robert Ludlum, ha sido llevado al cine en dos ocasiones… La primera vez fue con el mítico pájaro espino, Richard Chamberlain, y recientemente nos han ofrecido una serie de películas basadas en sus novelas de la mano de Matt Damon. En cambio, Bond es un personaje anterior, fruto de la experiencia de Ian Fleming como agente de inteligencia y con ‘Quatum of Solace’ ya iban 24 entregas (si contamos ‘Nunca digas nunca jamás’ y ‘Casino Royale’, protagonizada por David Niven).

Bond vs Bourne

Hasta ahora, la saga de Bond había navegado por una corriente glamourosa, bañada en martinis con vodka, bellas mujeres y gadgets tecnológicos a cada cual más curioso. A lo largo de los años hemos visto desfilar a unos cuantos actores, todos en la misma línea y con ligeras diferencias entre si. Hemos de ser sinceros y reconocer que antes de que se filmaraCasino Royale la saga estaba en la UCI, con goteo y respiración artificial. Muchos mirábamos la etapa de Sean Connery con nostalgia y veíamos una monotonía en las últimas películas que cada vez era mayor. Y es que el personaje de Bond, creado en la década de los 50, fue debidamente adaptado a la gran pantalla pero en vez de evolucionar se estancó. Fue en el año 2002 cuando se estrenó El caso Bourne, un thriller trepidante acerca de un agente secreto con amnesia que repartía estopa con extremada solvencia pese a no recordar cómo hacerlo. Las masas se agitaron, el público enloqueció y muchos empezaron a encumbrar al nuevo ídolo enterrando a James Bond en lo más profundo.

Cuatro años después, y antes incluso de que Bourne ofreciera su tercera película, llegaba a nuestras pantallas Casino Royale. El Bond que nos encontramos era diferente en las formas, pero con el indistinguible sabor de siempre. Lejos de mostrarnos a un agente secreto cachondo y glamouroso que no se despeina ni a la de tres, pudimos contemplar a un tipo frío y calculador que no duda en destrozar el traje para atrapar a su presa porque es su trabajo hacerlo. Hubo dos reacciones… La de los que contemplábamos finalmente un Bond realista y fiel a las novelas de Fleming, y los que pensaron que era una copia barata de Bourne. A partir de aquí empezó la tremenda martingala que nos ocupa. La verdad es que lo primero que hay que entender es que no se trata de una película más de Bond. Estamos presenciando los orígenes de 007, cómo empieza a formarse su carácter y, sobre todo, cómo aprende a controlarse. No hay gadgets ni glamour porque sencillamente no tocan. Y si de algo se puede acusar a este nuevo Bond es del intento por adaptarse al nuevo público retomando la esencia de la novela. Seamos claros, lejos de la pompa y las tías buenas que nos han vendido desde hace décadas, Bond empieza siendo un asesino implacable. Ante todo es un patriota sin remordimientos que mata sin dudar, alguien que se mueve por dos motivos: profesionalidad y fidelidad. Bourne, en cambio, es un antisistema devorado por las culpas que mata para sobrevivir. Probablemente Bond sería el tipo que persigue a alguien como Bourne, y me atrevo a decir que acabaría cazándole. Para acabar, y en cuanto al estilo visual de esta nueva etapa, recordar que para bien o para mal sólo es una evolución a los tiempos que corren. Un estilo que para nada es exclusivo de las películas de Bourne.

La respuesta a la pregunta inicial es simple. Bond es el huevo, la gallina y si me apuráis, también el pollo. Es la fuente de la que beben todos los agentes secretos que se cuelan en la gran pantalla. Afirmar a estas alturas que Bond es una copia de Bourne no sólo es arriesgado sino tremendamente ridículo. Él fue el primero, y cuando todos los demás hayan caído será el único que quede en pie.

Bond vs Bourne

Crítica de Quantum of Solace

Tras el magistral, necesario y revitalizante giro que supuso Casino Royale, los productores del agente secreto más famoso de la historia del cine lo tenían claro, había que seguir por el mismo camino. Primero de todo habían acertado dándole a Daniel Craig el papel de Bond, una decisión que, digámoslo claro, no gustó a casi nadie por mucho que ahora todos alaben la labor de Craig, muy superior a en cuanto a presencia física a todos los Bonds anteriores. Craig es un 007, duro, sarcástico, sin entrañas, bebedor (aunque no sepa lo que bebe, genial el momento en que Mathis se lo pregunta) y que a la hora de los enfrentamientos físicos no huye ni se refugia en la seguridad de sus armas de fuego, sino que utiliza cualquier objeto del entorno como arma letal contra sus enemigos y encima de todo sangra y no se detiene ante nada ni nadie. Justamente el Bond que Ian Fleming retrató en sus novelas y que con el paso de los años (y de las películas en la franquicia) se fue perdiendo, hasta llegar a ser una vil copia de lo que Fleming creó. Y sino échenle un ojo, a las dos últimas aportaciones de Brosnan como 007 donde, desganado y harto del personaje, se limitaba a poner cara de chulo-piscinas y llevarse a la cama a cuantas mujeres pasarán por delante de sus narices.

Por otro lado, el tono de las cintas de 007 se había salido de madre, poco se podía innovar en cuanto a efectos especiales y gadgets increíbles que rozaban el esperpento. Por ello, optaron por darle a la franquicia un aire de mayor realidad. Contrataron de nuevo a Martin Campbell (director de la fallida, pero millonaria ‘Muere otro día’), le marcaron las pautas a seguir: nada de fantasías, querían acción artesanal y sucia, sin exceso de FXs, ni pijerías varias y el resultado fue rotundo: la mejor cinta de los últimos quince años con acción y espías de por medio.

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Estando así las cosas, era obvio que se apresuraran en dar luz verde a una continuación directa del film y de paso ataran a Daniel Craig para los próximos tres Bonds, por los que se acabó embolsando unos 100 millones de $ en total. Además, firmaron al director Marc Foster, toda vez que Campbell se desentendió de la saga (porqué según él, no estaba por la labor de pasarse otros dos años de su vida lejos de su familia y bajo el estrés permanente de cargar con una producción de grandes proporciones).

El fichaje de Foster hizo saltar algunas alarmas por parte de los fans de la franquicia, pero tanto Broccoli como Wilson lo tenían meridiano: “Foster era una hábil elección, pues es sabido por todos, que los directores de Bond solamente se ocupan de la parte artística del film, dejando a los directores de segunda unidad y al nutrido grupo de especialistas todo el peso de la acción”. Además, Foster ya había mostrado su talento en films como ‘Más extraño que la ficción o ‘Cometas del cielo’, por nombrar algunas de sus cintas más recientes de ese periodo. Y vista ‘QoS’, se puede decir que Foster cumplió con su labor y lo hizo sin estridencias, pasando en todo momento inadvertido, aportando algunos planos y encuadres de su propia cosecha y llevando a la pantalla ideas propias que se quedaron en muy buenas sobre el papel pero algo fallidas en la pantalla (ver como ejemplo la escena de la ópera que no terminó de ser todo lo brillante y plena de tensión como pretendía, al mostrarnos demasiados puntos de interés y ser despachada de una forma bastante “tosca”). Exceptuando dicha secuencia, la mano de Foster se mantuvo firme en su labor (aunque en la persecución que abre el film, “tiembla” un poquito) y en un planificado segundo plano.

Si alguien debía de sobresalir en ‘QoS’ por encima del resto ese era Daniel Craig, que una vez ya presentado en ‘Casino Royale’, aquí se mostró plenamente integrado en su rol de 007 y dejando en pañales a todos y cada  uno de los pseudo-actores que pretenden ir de héroes de acción. Craig se exhibió despiadado y duro como pocos y dotado de un negro sentido del humor que se benefició aún más de sus características físicas. Con la saga Bond, Craig ha visto por fin recompensado su talento y a sus más de 40 años años saborea el éxito y se encuentra en una posición de privilegio en cuanto la calidad de los guiones y producciones en las que decide sumergirse.

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Su némesis fue interpretado a la perfección por Mathieu Amalric. El intérprete de ‘La escafandra y la mariposa’ clavó su papel de maloso que lo mismo hace tratos con generales corruptos que te da un discurso ante miles de ecologistas ricachones. Su Dominic Greene no es del tipo de villano que impone por su físico, más bien es de esos que refugiado en su séquito de guardaespaldas, planea, chantajea y utiliza a las personas que le rodean siempre en su propio beneficio. Al fin y al cabo él es un eslabón más en la enorme cadena que forma la misteriosa organización a la cual representa (una revisión moderna de la mítica SPECTRA). Eso si, su personaje dejó dos escenas para el recuerdo: la primera cuando le espeta en plena cara a Bond: “Creo que se te ha muerto otra”. Y la segunda es su cara bajo el sol del desierto cuando 007 le arroja a los pies un bote de aceite para motor. Impagables y geniales ambos instantes.

Una de esas personas que Green utiliza para su propio bien es la bella y persuasiva Camille (Olga Kurylenko), que confirmó dos cosas: una, que Olga Kurylenko es una de las mujeres más exuberantes del panorama Hollywood… y la otra que lo suyo no son los acentos, por mucho que en el guión quisieran tapar sus carencias dibujando una improbable doble nacionalidad rusa-boliviana. A pesar de ello, Kurylenko tuvo más presencia y diálogo que en otros de los films donde había participado anteriormente, pongamos como ejemplo Hitmano ‘Max Payne, en donde su única misión era la de “enseñar cacho”. Aquí, estuvo algo más alejada del papel de “mujer florero”.

Quien también recibió mucha más presencia y mejores líneas de diálogo que recitar fue Judi Dench, algo que ayudó a conocer mucho más sobre esa bien llevada relación de amor/odio con Bond. Atención a su escena bajo la nevada estepa rusa y que nos deleita con la actuación siempre sobria de la veterana intérprete. Otros dos actores de sobrado talento que también regresaron a la saga tras ‘Casino Royale’ fueron Giancarlo Giannini y Jeffrey Wright. Ambos dejaron claro que cuando hay talento no existe el papel pequeño y actuaron como eje vinculante entre ambas entregas, amén de servir de ayuda en los momentos oportunos a 007.

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El arte de la venganza: Las escenas de acción.
La franquicia del agente británico más famoso del mundo nunca dejará de sorprendernos en cuanto a la acción se refiere. El enorme equipo artístico que está detrás de cada decisión que se toma en la saga volvió a reinventarse y mutar en su búsqueda de nuevas formas de plasmar la acción en pantalla. Y todo esto después de dar un giro inesperado (y muy agradecido) en su anterior entrega que volvió a situar a 007 en el ojo del huracán. Pues bien, apenas dos años más tarde dieron un paso al frente en su búsqueda del más difícil todavía. Y para los 104 minutos de acción non-stop de ‘QoS’, recurrieron a muchas y variadas técnicas de filmación que, como todo en la vida, gustarán más o gustarán menos, serán más efectivas o criticadas… pero casi siempre cumplen con su cometido de hacer avanzar la trama hasta la siguiente set piece. Entre las que fallan, tuvimos la escena de huida en coche que abrió el film, donde Foster y su equipo abusaron demasiado del uso de la cámara en mano que, en algunos instantes, impide ver con nitidez lo que acontece ante nuestros ojos y produce cierta sensación de agobio. Primer error que se olvida pronto, pues tras los créditos de turno, regresamos al meollo con una brutal y espléndidamente filmada persecución que llegó a su punto máximo con la cámara cayendo al abismo al mismo tiempo que sus protagonistas, en un momento grandioso y pleno de tensión que culminó con los dos contrincantes colgados en el aire, balanceándose en busca de su arma reglamentaria para liquidar al otro.

Luego volvemos a recibir una de cal y otra de arena con la pretendidamente espectacular secuencia en donde 007 tiene que hacer aterrizar un avión bajo el acoso de los malosos de turno. De nuevo, Foster se equivocó y nos ofreció una escena confusa y algo atropellada en su desenlace. Sobre dicha escena decir que el propio Foster declaró en algunas entrevistas que le hubiese gustado tener más tiempo para pulir algunos efectos y planos, pero que la fecha de estreno se acercaba y el montaje debía de estar concluido a tiempo. Menos mal que por delante, y para deleite orgásmico de los amantes de las emociones fuertes, quedaban todavía por venir dos set pieces que se colaron por méritos propios entre las mejores del año: la primera fue la artesanal y violentísima lucha cuerpo a cuerpo de Bond en Haití. Una pelea que tuvo como ingredientes un apartamento, todos los objetos del entorno que 007 pudiera utilizar como arma arrojadiza y como invitada especial una navaja ¡brutal! El otro instante digno de entrar en los anales de la franquicia fue su magnífico y explosivo (esto último, nunca mejor dicho) clímax final, uno de los mejores y más espectaculares de la saga que tuvo como base un hotel muy particular.

Quantum of Solace

En resumidas cuentas.
Todo lo comentado anteriormente hace que, en su cómputo global, el film cumpla bien en esta crítica de Quantum of Solace y en las expectativas que muchos fans del personaje tenían en cuanto a la acción del film, y que temblaron un poco al saberse la elección de Marc Foster para dirigir la cinta. Esta fue una buena película de acción del 2012 ¿Necesitan saber más?…

Tráiler de Quantum of Solace