Orca (La ballena asesina)
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Michael Anderson dirige con firmeza un muy interesante film que nos narra la trágica venganza de una Orca tras contemplar cómo un ambicioso pescador captura y hiere hasta la muerte a la compañera preñada del cetáceo. Ahora, el único destino posible tanto del animal como del pescador será sólo uno: un enfrentamiento anunciado hasta que uno de los dos acabe muriendo.

Bienvenidos a ‘Orca. La ballena asesina’.

Foto de la orca acechando

Valoración

Como llevamos diciendo en nuestra serie de artículos veraniegos dedicados al terror subacuático y a las criaturas marinas, muchos fueron los productores que, tras el estreno de ‘Tiburón’ (Jaws, Steven Spielberg, 1975), procuraron beneficiarse del éxito de aquella película aprovechando su repercusión a través de una serie de secuelas, exploits chapuceros y plagios de dudosa calidad cinematográfica y escasa moral debido a su carácter exclusivamente imitador. Esto dio lugar a una errónea tendencia popular a creer que todas las películas de temática y fauna marítima estrenadas tras el film de Spielberg se concibieron únicamente como simples imitaciones de aquel, metiendo a todos los productos posteriores en ese mismo saco, sin contemplaciones ni miramientos. Este fue el caso de ‘Orca’ (Orca, Michael Anderson, 1977), película muy interesante que acusó en exceso el haberse estrenado después del éxito de ‘Tiburón’, hecho por el que fue injustamente criticada y menospreciada cuando, realmente, estamos ante una de las propuestas más recomendables, originales y seductoras del subgénero. Porque muchas son las cualidades que convierten ‘Orca’ en un film que va mucho más allá de pretender ser otro sucedáneo rutinario del éxito de 1975.

Foto de la orca capturada.

Producida por el afamado productor italiano Dino de Laurentiis, dirigida con gran ritmo narrativo por Michael Anderson, y protagonizada por un sensacional Richard Harris acompañado de la siempre solvente Charlotte Rampling y una muy atractiva Bo Derek, la mayor baza con la que cuenta la película es su peculiar historia. Desgarradora y melancólica donde las haya, en esta ocasión el verdadero protagonismo recae sobre el animal en un relato que nos narra la triste venganza de una Orca macho que, al presenciar la cruel muerte de su pareja embarazada capturada por el capitán Nolan, decide llevar a cabo una particular vendetta contra todos aquellos que osaron cazar a la hembra, que pierde el feto durante sus esfuerzos por liberarse de sus captores mientras el macho contempla con impotencia la dantesca escena desde el agua. Es cierto que esta inverosímil premisa argumental, desde un punto de vista estrictamente racional, pierde toda su credibilidad en el instante en que el espectador decide dotar a la historia de la coherencia suficiente como para desmoronarla. Pero por otra parte, si nos dejamos atrapar por el logrado sentimiento que Anderson otorga a la película de principio a fin, y tenemos en cuenta que la Orca está considerada como uno de los mamíferos más inteligentes sobre la faz de la Tierra, el relato adquiere rápidamente un carácter bastante más verosímil y menos descabellado de lo que cabría suponer en un principio, lo que convierte el film en una propuesta realmente atractiva que se aparta de forma radical de la gran mayoría de productos semejantes y derivados de ‘Tiburón’.

Foto de Richard Harris y Charlotte Rampling

Porque el guion, relatado desde el punto de vista de la Orca, es la mejor baza de una película que pretende alejarse por completo del género de terror acuático para adentrarse en un triste drama ecológico que, conforme pasan los minutos, va adquiriendo gran fuerza y sensibilidad gracias a una muy solvente labor narrativa de Michael Anderson. Y es que el responsable de ‘La fuga de Logan’ (Logan´s Run, 1976)  no sólo consigue dotar a sus personajes con la suficiente profundidad como para llegar a involucrar al espectador en sus emociones (especialmente en las del capitán Nolan, en el fondo un buen hombre, aunque de excesivas ambiciones y orgullo), sino que también logra conferir a la ballena una personalidad única y excitante al brindarle la posibilidad de acercarse a un comportamiento más propio de un ser humano que de un animal, pero siempre adquiriendo una dimensión realista y muy válida si tenemos en cuenta la gran inteligencia de muchas de las especies del reino animalia, y especialmente de los cetáceos.

Foto de el feto de la Orca hembra

De este modo, momentos verdaderamente descorazonadores como los chillidos de dolor del macho al contemplar desde el mar cómo la hembra se desangra y pierde el feto; aquel desolador plano donde se muestra cómo la Orca graba a fuego en su retina el rostro del asesino de su pareja; el estremecedor instante en el que la Orca arrastra el cadáver de la hembra hasta la playa; o el momento en el que el cetáceo perdona la vida del personaje de Rampling al ser consciente de que ella se anteponía a las motivaciones de Nolan, convierten la ballena en un personaje más de la trama con el que el público podrá identificarse fácilmente. Hablamos de una trágica historia expuesta a través de una serie de secuencias que, desde el inicio de la película, nos introducen sutilmente en la idílica vida en pareja de estos bellos cetáceos, haciéndonos empatizar rápidamente con ellos para, poco después, arrebatarnos de un plumazo la sonrisa propiciada por los hermosos instantes iniciales del film, con nuestra Orca danzando y nadando junto a la hembra bajo una hermosa puesta de sol aderezada con una maravillosa partitura musical de Ennio Morricone. Una belleza que contrastará de forma violenta, e incluso dantesca, con la posterior secuencia de la muerte de la hembra. Todo ello hace que resulte tremendamente sencillo apoyar el vengativo cometido del animal antes de que nos demos cuenta de que, en el fondo, Nolan no es tan mala persona.

Foto de la orca observando

Aunque aún más interesante resulta el hecho de que se perciba una extraña conexión entre el capitán y la Orca. El primero de ellos, dañado por un turbio pasado que vuelve a atormentarle tras su lamentable acontecimiento con la ballena, llegando incluso a comprender y a compartir el dolor del animal; mientras que la Orca no cesará en su sed de venganza pese a los intentos de Nolan de olvidar lo ocurrido. Ambos se encuentran estrechamente ligados por un destino ineludible del que no podrán escapar pese al arrepentimiento de nuestro capitán, el cual no sólo se ha ganado ser el protagonista de un final tan triste como el que deparó a su preciada captura, sino que también deberá lidiar con las amenazas del resto de pescadores del poblado, afectados como consecuencia de la presencia de una gigantesca Orca en las inmediaciones de los lugares habituales de pesca de la zona. En este momento el personaje interpretado por Richard Harris, en un acto de redención tan improbable como su victoria final, accede a aceptar el desafío que le propone la ballena a sabiendas de que se trata de un sacrificio anunciado, librando una sangrienta batalla en las gélidas aguas del Norte. Es aquí cuando Nolan se gana el perdón del espectador, llevando al público hacía un curioso dilema moral en esta triste historia de venganza que no tiene ganadores, sólo perdedores. Algo que se deja entrever en la desalmada y hermosa secuencia final, con la Orca marchándose lentamente del lugar de los hechos tras haber cumplido con su triste venganza bajo los acordes de la emocionante banda sonora de Ennio Morricone. Sin duda, un desenlace tan trágico como atípico para la que muchos no será más que una historia delirante sin mucho sentido, aunque en el fondo nos encontramos ante un fabuloso y, a la vez, desgarrador ensayo sobre la venganza, la justicia y la crueldad del ser humano.

Foto de la orca arrastrando a la hembra.
Pero ‘Orca’ no es un film del que sólo cabría destacar una interesante historia de visible carácter trágico, ya que Anderson combina de forma más que satisfactoria otros elementos de peso en la película como lo son la aventura y la acción, convirtiendo su cinta en un producto versátil que no duda en sostenerse sobre unos eficaces efectos especiales cuando la situación así lo requiere, y los cuales alcanzan su punto álgido ya no sólo durante los ataques de la Orca a la tripulación del ballenero o a la espectacular secuencia de la casa sobre el muelle, sino también durante un último tercio donde la épica tendrá un papel esencial en la batalla final. Por lo tanto, técnicamente hablamos de una película que también cumple con creces, principalmente gracias a unos excelentes escenarios naturales, a diversas imágenes reales de documentales que se integran perfectamente en el metraje –en un recurso más que válido para paliar las carencias presupuestarias–, un buen diseño de producción pese a tratarse de un producto que roza los límites de la Serie B, y una puesta en escena a ratos incluso brillante. Todo ello convierte ‘Orca. La ballena asesina’ posiblemente en uno de los productos post-tiburón más interesantes, vibrantes y reivindicables que se recuerdan hasta la fecha.

Foto de la Orca en el glacial

En resumidas cuentas

Posiblemente nos encontramos ante uno de los más interesantes e infravalorados productos surgidos tras el éxito de ‘Tiburón’, aunque la película contiene los suficientes alicientes como para poder desmarcarse sin demasiados problemas de todo el aluvión de sucedáneos y derivados que brotaron tras el éxito del film de Spielberg. ‘Orca’ es una película que nos conmoverá siempre y cuando nos dejemos envolver por una historia que, pese a resultar ciertamente inverosímil, puede funcionar a la perfección si aceptamos la curiosa premisa que nos ofrece Michael Anderson: la triste venganza de una Orca ante un cruel acto propiciado por un orgulloso marinero. Una película que pese a navegar en los límites de las aguas de la Serie B, funciona como consecuencia de unas sólidas interpretaciones, una puesta en escena fabulosa, unos efectos especiales más que eficaces y un original desarrollo argumental que, por momentos, nos encogerá el alma. Todo ello sin olvidar la banda sonora compuesta por el siempre excelente Ennio Morricone, en la que es posiblemente una de las mejores partituras musicales de toda su carrera.

Foto de las orcas en el mar