Encadenados
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La primera vez que vi ‘Encadenados’ comprendí al momento que me encontraba ante una de las mejores películas de Alfred Hitchcock. Es en muchos aspectos la quintaesencia de este magistral director, una historia sencilla donde los detalles y la estilización de los diferentes elementos que la conforman lo son todo. Hitchcock nos muestra en esta película cómo lograr mucho partiendo de poco. Desvelemos el misterio.

“Un hombre nunca le dice a una mujer lo que tiene que hacer. Ella es la que decide”.-Devlin.

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Crítica de Encadenados.
Para idear esta película Alfred Hitchcock escogió la que probablemente sea la historia más antigua del mundo, dos hombres enamorados de una misma mujer. Y como elemento catalizador, o “Mac Guffin”, unas misteriosas botellas que contienen mineral de uranio.
En realidad lo importante no son las botellas ni lo que contienen, lo que nos cuenta realmente esta película es la historia de un hombre que se enamora de una mujer, la cual se ve obligada a acostarse con otro hombre en el transcurso de una misión. Cuando en 1944 Hitchcock presentó a la productora el guión creyeron que estaba loco y le concedieron al “Mac Guffin” una importancia que no tenía. Tras desestimarlo, fue la R.K.O. la que decidió hacerse con el proyecto y realizar la película.

El guión fue escrito por Ben Hetch en colaboración con el propio Hitchcock, y es evidente que se priorizó ante todo la sencillez de elementos. En una historia de espionaje es habitual encontrar una amplia variedad de escenas de acción y violencia. Pero el guión de ‘Encadenados’ está trabajado con vistas a conseguir sutileza y estilización, dibujando a los personajes en su lado más humano. Por ejemplo dotando a los miembros de la organización nazi de una serie de facetas que potencian su lado más siniestro. Un buen ejemplo de esto sería el momento en que deciden maquinar con total frialdad la ejecución de uno de sus miembros, el cual ha sido demasiado descuidado. Con el personaje de Alicia Huberman ocurre lo mismo, es una mujer alcohólica, de vida disoluta, que no goza de una imagen lo que se dice buena. Y el apuesto Devlin la trata con desprecio pese a estar enamorado de ella.

En realidad podríamos hablar de una película que enfrenta el amor con el deber. La labor de Devlin consiste en empujar a Alicia en brazos de otro hombre, aunque trate de reprochárselo a ella aludiendo el poder de decisión que siempre ostenta la mujer. Y el deber de Alicia pasa por aceptar la misión aún a riesgo de perder al hombre al que ama. En medio de esta lucha singular encontramos la figura de Alexander Sebastien, feliz por poder conseguir a la mujer de sus sueños. Una felicidad que contrasta con la constante amargura del personaje de Cary Grant.

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Y es que una de las claves del éxito de ‘Encadenados’ es el reparto, centrándonos sobre todo en el triángulo amoroso formado por Cary Grant, Ingrid Bergman y Claude Rains. Me atrevo a decir que ya no quedan actores como éstos, los tres realizan un trabajo excelente, sobre todo un Cary Grant que en este caso deja a un lado su vis cómica para encarnar a un Devlin devorado por sus sentimientos.
Ingrid Bergman era la elección perfecta precisamente por sus rasgos fuertes y ese carácter rebelde que traspasa la pantalla. Y la verdad es que las largas escenas donde Alicia y Devlin se susurran a escasos milímetros el uno del otro, rozándose los labios, crean un clima sexual que de buen seguro da más juego que el típico beso de tornillo. Sin duda, una forma ingeniosa de sortear la censura de la época.
Claude Rains se reivindica como uno de los villanos más conseguidos en la filmografía de Hitchcock, a la altura de James Mason en ‘Con la muerte en los talones’. Es educado, atento y muy agradable. Pero llegado el momento se convierte en un tipo frío, cínico y calculador, presa del miedo hacia lo que puedan hacer sus compinches si descubren que ha cometido un terrible error. Y como apoyo incondicional está su madre interpretada por Leopoldine Constantin, una secundaria de lujo. Es interesante remarcar que Hitchcock no renuncia a su estilo ni siquiera en el momento en que descubren a Alicia, recurriendo a un lento envenenamiento. Un envenenamiento que es malinterpretado por Devlin como si se tratara de la recaída de Alicia en el alcoholismo mientras nosotros nos preguntamos si conseguirá salvarla.

Porque aunque estemos ante una película de amor disfrazada de intriga, no debemos olvidar que el suspense sigue siendo el motor de todo, siempre con la meticulosidad propia de Hitchcock. Por ejemplo, el robo de las llaves de la bodega o el desenlace final. Con toda probabilidad puedo afirmar en esta crítica de Encadenados, que el desenlace es uno de los mejores finales que recuerdo haber visto en mi vida.

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Conclusión.
Probablemente quien espere ver una típica película de espías acabará decepcionado. Como hemos comentado Hitchcock no pretende contarnos una trama violenta con persecuciones y tiros, sino que estamos ante una sencilla historia de amor. El uranio, los agentes nazis, la investigación… Todo está puesto al servicio del romance entre los personajes de Cary Grant e Ingrid Bergman, y no obstante es una joya cinematográfica de visión obligada. Primero porque es con toda seguridad la incursión más notable del director británico en el género romántico, adaptándolo a su personal estilo mediante pinceladas de intriga y suspense. Y segundo porque tras más de medio siglo sigue manteniendo la frescura del primer día, algo que sólo consiguen las grandes películas.