Mamá y papá
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Nuestros padres nos dan la vida, nos educan, nos cuidan, nos protegen… a su lado siempre nos sentimos cómodos y a salvo de todo. Pero… ¿qué sucede cuando los padres pierden la razón y se convierten en furiosas máquinas de matar? La respuesta nos la da Brian Taylor en su nueva locura titulada… ‘Mamá y papá’.

“Antes éramos Kendall y Brent. Ahora somos mamá y papá”.-Brent.

Crítica de Mamá y papá

Aquellos que conozcan la personalidad de Brian Taylor no pueden llevarse a engaño con su nueva incursión cinematográfica y ya saben lo que se van a encontrar aquí. El cine de este realizador y guionista destaca por su “estilo red-bull”, su negrísimo humor y su falta absoluta de vergüenza y respeto. Y todo esto, más que menos, lo encontramos en ‘Mom and Dad’. Nuevamente, el algodón no engaña.

‘Mamá y papá’ se configura como una salvaje parodia del género zombi. El cine de los podridos es el principal reclamo a imitar por Taylor. Para empezar, tenemos esa misteriosa locura que se apodera de los padres volviéndolos salvajemente contra sus hijos. Además, no faltarán a la cita los típicos informativos y los típicos expertos hablando de lo que puede estar pasando (uno llega a comparar la situación con los cerdos). Finalmente, y a mayor abundamiento, se llega a citar la cinta Guerra Mundial Z (Marc Forster, 2013) como ejemplo de lo que puede estar pasando.

Pero Brian Taylor en su labor de escribano no se detiene solamente en los zombis… la familia y los films de invasiones domésticas también se llevan su buena ración de humor negro. La familia queda totalmente destruida presentando a unos padres que no han superado la adolescencia del ayer y que son los padres del hoy (ojo al personaje de Nic Cage recordando sus aventuras sexuales y durmiendo en la oficina viendo porno). Los hijos también se llevan su buen escarnio, especialmente con el personaje interpretado por Anne Winters, que refleja a la típica adolescente insoportable. Finalmente, las películas de invasiones domésticas quedan ridiculizadas al convertirse, en esta ocasión, los propios padres en los invasores/asaltantes.

Tras las cámaras destaca, una vez más, el violento estilo del director con sus agresivos planos, giros, secuencias… Además, también nos va arrojando a la cara una serie de flashbacks a modo de píldoras suministradoras de información de personajes y/o situaciones (la de la mesa de billar es, sin duda, la más destacada).

Por supuesto, y como era de esperar, tendremos varias escenas sangrientas en las que algunos personajes pasarán a mejor vida o sufrirán aparatosos ataques de esos que duelen nada más verlos… Además de los ataques, también podremos disfrutar con algún que otro costalazo (los que se llevan Brent o Damon, por ejemplo) y alguna que otra explosiva trampa que nos recordará a los Looney Tunes.

“Esto parece Guerra Mundial Z”. ¿Quién puede matar a un niño?

En el reparto de este desmadre nos encontramos a Nicolas Cage como Brent, el padre. Este es un hombre infeliz que pensó que su vida iba a ser de otra manera y, de repente, se encuentra pagando facturas, yendo a un trabajo que no le gusta y casado con una mujer a la que ha dejado de querer. Ni que decir tiene que Brent es todo un caramelo para ser saboreado al máximo por Nic Cage, que lo usa para explotar ese histrionismo suyo que le ha llevado a convertirse en “un género en sí mismo”. Cuesta mucho no ver la película y no reírse en cada una de sus intervenciones, algo que el propio actor tiene ya asumido y colabora intencionadamente para que así sea. Quizás su único momento serio y dramático sea cuando destroza la anteriormente citada mesa de billar.

Más controlada es la interpretación de Selma Blair dando vida a Kendall, la madre. Kendall es una mujer que empieza a sentir que su físico ya no la acompaña y que además la comunicación con su hija ha dejado de existir. Precisamente la hija, Carly, está interpretada por Anne Winters, que recrea a una de esas adolescentes insoportables que cree que ya no necesita los consejos de sus padres. Completa la unidad familiar Zackary Arthur como Josh, el pequeño de la familia que siempre está dispuesto a jugar y a dejar sus cacharros tirados por la casa.

Por otra parte, muy sufridora es la actuación del joven Robert T. Cunningham (esta es su primera película) como Damon, un amigo de Carly que pasará las de Caín. Finalmente, tremenda alegría al encontrarse aquí con un veterano de categoría como es Lance Henriksen. El veterano actor aparece en un rol sorpresa que le sirve para demostrar que todavía está en forma y que se puede contar con él.

En conclusión.
Termino ya esta crítica de Mamá y papá, una nueva bizarrada de Brian Taylor que sólo busca ofrecer 86 minutos de locura. De esta forma, la cinta marca diferencias con casi todas las películas que se estrenan actualmente en cines. La fiesta la completa Nicolas Cage con un personaje que le da rienda suelta para seguir convertido, con sumo gusto, en su propia caricatura.

Tráiler de Mamá y papá