La primera película de Montgomery Clift
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Hoy toca descubrir el comienzo en el cine de un actor cuyo talento quedó eclipsado por su vida privada, sus problemas de salud y su prematura muerte. Un intérprete que alcanzó cotas muy altas con su arte, pero que en sus últimos años fue usado como una marioneta por el sistema de los estudios. Hoy viene a ser rescatada del olvido La primera película de Montgomery Clift.

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La primera película que protagonizó Montgomery Clift (17 de octubre de 1920) no fue ‘Los ángeles perdidos’ (1948) sino ‘Río Rojo’ (Howard Hawks), cinta que fue filmada en 1946, aunque por problemas legales no pudo estrenarse hasta dos años después, concretamente en 1948.

En ‘Río Rojo’, Clift interpreta a Matt Garth, el hijo adoptivo de un ganadero americano llamado Thomas Dunson (John Wayne) que pierde todos sus ahorros tras la guerra de secesión. Desesperado, intenta llevar a cabo el mayor transporte de ganado de la historia de EEUU. cruzando el Rio Rojo, territorio indio y sorteando por el camino todas las adversidades posibles con destino a Missouri. Allí tiene como meta vender sus reses a 100 dólares la pieza.

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‘Río Rojo’ es, aún hoy en día, uno de los westerns más venerados de la historia del cine. Una cinta sobre los primeros americanos colonizadores que cuenta con dos interpretaciones contrapuestas a cargo de John Wayne (en una de las actuaciones más logradas de su carrera) y el propio Montgomery Clift. Un notable duelo dentro de una película inolvidable: un intérprete que hacía de su naturalidad y porte sus características más llamativas contra un conocido actor del método.

Según cuenta la leyenda, entre Wayne y Clift existió una fuerte rivalidad. Aunque en el set Wayne intentaba maquillar sus opiniones políticas (fuertemente contrarias a las de Clift) y pasaba por alto los rumores que circulaban sobre la homosexualidad del actor. Una homosexualidad que es incluso explotada en la cinta cuando uno de los pistoleros (apuesto y rápido con el revólver) le pide al personaje de Matt (Clift) que le deje ver su pistola. A lo que el otro contesta que sí, pero con la condición de que él pueda ver también la suya. Acto seguido, tras admirar el revólver, termina el momento con la siguiente afirmación: “Bonita, terriblemente bonita. Sólo hay dos cosas más bonitas que un arma: un reloj suizo o una mujer de cualquier lugar. ¿Alguna vez has tenido un buen reloj suizo?”… Matt le mira y no contesta a la pregunta y ambos comienzan con el arma del otro a disparar a las latas de judías apiladas en el piso.

(Un desdentado) Walter Brennan, John Ireland, Joanne Dru y Dan White completaron el elenco. Y para los más avispados, aparición fugaz de una jovencísima Shelley Winters como una bailarina de la compañía del tren.

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Tras el salto de calidad que supuso ‘Río Rojo’ para el joven Clift, lo veríamos protagonizar varias películas que tenían como meta ir consolidando su figura como joven actor del método. Un actor emergente anticipándose a Marlon Brando (con quien trabajó en el teatro, y que también nació en Nebraska como Clift) y James Dean.

En los siguientes cinco años logró dos nominaciones a los Oscars por ‘Los ángeles perdidos’ (Fred Zinneman, 1948) y ‘Un lugar en el sol’ (George Stevens, 1951), esta última junto a su gran amiga Elizabeth Taylor. En 1953 protagonizaría los que seguramente son sus dos films más recordados: ‘De aquí a la eternidad’ (Fred Zinneman), en donde daba vida a un boxeador que se niega a luchar harto de ser usado como una marioneta. En el reparto también figuraban Burt Lancaster, Frank Sinatra y Deborah Kerr. Y a las órdenes de Alfred Hitchcock, y ese mismo año, sería el actor principal de ‘Yo confieso’.

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Su carrera apuntaba muy alto y el Oscar era cuestión de tiempo. Pero todo se rompió en mil pedazos debido a un terrible accidente de tráfico sufrido en 1956 del que salió milagrosamente vivo aunque demolido física y mentalmente. Tuvo que someterse a multitud de operaciones, quedando su rostro marcado hieráticamente en futuras interpretaciones. No volvería a la primera plana hasta 1961 con ‘Vidas rebeldes’ (John Huston) junto a Clark Gable y el mito, Marilyn Monroe.

Explotando sus limitaciones faciales llevó a cabo un tremendo esfuerzo para lograr un papel de calado histórico en ‘Vencedores o vencidos’ (Stanley Kramer, 1961) y siempre gracias a la mediación de amigos como Lancaster, Taylor o Brando, quien instó a los productores de ‘El baile de los malditos’ (1958) a contratarle. La Academia volvió a dejarle sin premio a favor de George Chakiris por West Side Story’.

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Montgomery Clift moría el 23 de julio de 1966 dejando como obra póstuma ‘El desertor’ (Raoul Levy, 1966). Moría en soledad, en su casa de Nueva York de un ataque al corazón mientras dormía, y tras luchar durante cerca de diez años con unas secuelas físicas que le obligaban a sobrevivir a base de pastillas y alcohol. Por el camino, Marilyn Monroe dijo de él que estaba en peor estado mental y físico que ella. Y el propio Marlon Brando se lamentaba de la explotación de su figura por parte de Hollywood.

Y hasta aquí este merecido recuerdo a la primera aparición de uno de los actores imprescindibles de la cultura americana. Un intérprete que buscaba dentro de él para crear sus personajes. Un hombre profundamente triste y solitario. Una figura ineludible. El único e incomparable Montgomery Clift.