Comanchería
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“He sido pobre toda mi vida. Igual que mi padre y el padre mi padre. Es como una enfermedad que se trasmite de generación en generación. Eso es lo que es. Infecta a todas las personas que conoces… pero no a mis hijos. A ellos no. Todo esto es de ellos ahora. Nunca maté a nadie en mi vida. Pero sí quieres que empiece contigo, viejo. Adelante”‘Comanchería’.

“Somos como los comanches, hermanito. Robamos y tomamos lo que queremos. Y tenemos Texas para nosotros solos” (Tanner).

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Crítica de Comanchería.
Desolación y futilidad al por mayor eso es lo que vende ‘Comanchería’ (Hell or High Water). Y lo vende de forma maestra. Dirigida por David MacKenzie (un británico capaz de entender mejor que muchos americanos el país y el lugar donde se desarrolla la acción) y con guión de Taylor Sheridan (que además se reserva un pequeño papel en el film como uno de los lugareños de Joyton, el mayor banco de la Midlans) y que gracias a este libreto y al de Sicario (Denis Villeneuve, 2015) se ha ganado la posibilidad de dirigir su segunda película, ‘Wind River’ (2017), una cinta que protagonizarán Jeremy Renner y Jon Bernthal, y que parece una revisión moderna de ‘Corazón trueno’ (Michael Apted, 1992) contando además con el co-protagonista de aquella Graham Greene.

En ‘Comanchería’ encontramos un estado derrumbado, Texas. El mismo que da título a la cinta en español, el cual tomó su título de cuando, a comienzos del siglo XVIII era aún habitado por los verdaderos nativos americanos: los comanches. Los cuales fueron aniquilados y despojados de sus tierras por los blancos americanos. Ahora, y en la actualidad, es el hombre blanco quien está siendo despojado de sus tierras por un enemigo mucho más silencioso y elegante: los bancos y los especuladores.
Bancos y especuladores que dieron dinero en el pasado a los habitantes del pueblo para que pudieran prosperar… asegurándose de que no fuera el suficiente dinero para hacerse ricos, y lo justo para que no pudieran afrontar la deuda cuando subieran las clausulas y comisiones que habían firmado por rehipotecar su propio terreno. La historia se repite. Y como antes, unos pocos se niegan a ser desposeídos de sus tierras. Se rebelan. Y como antes, la ley los perseguirá. Sólo falta saber sí ellos serán más rápidos que las placas y las pistolas.

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Se puede asegurar por la música, el libreto, la dirección y las inspiradas actuaciones de sus tres protagonistas principales que ‘Comanchería’ podría ser una película de Sam Peckinpah. Del Peckinpah más romántico, del tipo que entregó obras maestras del nivel de ‘Duelo en alta sierra’ (1962) o la violenta ‘Grupo salvaje’ (1969). De gente que no puede aceptar una derrota y de tipos que se niegan a ser dejados atrás por el progreso. Eso es ‘Comanchería’.

Atención a como MacKenzie nos va introduciendo en la historia ya desde el comienzo. Vemos los primeros golpes de los hermanos pero no sabemos por qué lo hacen. Luego, mientras huyen en un coche analógico (un deportivo americano lleno de polvo) y mientras aún asimilan la adrenalina del momento camino al rancho vamos visualizando un condado (Texas), un pueblo que se cae a pedazos lleno de embargos, de cierres, de carteles de “se vende”, de tierras que nadie trabaja… Sólo parece haber dinero donde la gente acude a gastarlo (Las Vegas), o a entregarlo para un “supuesto bien común” (los bancos). Tremenda lectura del pasado y presente mundial. La música de Nick Cave pone el broche oro a unas imágenes tan desoladoras como hipnotizantes.

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Al mismo tiempo, ‘Comanchería’ se enmarca dentro del western. Lo es, es un film del oeste clásico. Lo es por ambiente, por personajes y por su fondo. Un fondo que aparece sin ningún tipo de mascaras al final del film, en un cara a cara que seguramente le entregue el segundo Oscar de su carrera a Jeff Bridges, devorando con sumo gusto su pose de John Wayne moderno. Sí Bridges no recoge la estatuilla será porque la academia prefiere la versión joven del mismo palo que interpretó Michael Shannon en Animales nocturnos (Tom Ford, 2016). Caso contrario es que los premios son una mentira. Un engaño bañado de falsa diversidad racial. Un anuncio de las Naciones Unidas con esmoquin y trajes de pedrería.

La película también fusiona el western con el policíaco. Que no es más que degeneración del cine del oeste, es decir, dos tipos que huyen contra dos hombres con placa que los persiguen. Pura definición del policíaco por excelencia. En ambos terrenos es un film notable. De lo mejor de 2016.

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“¿Sabes qué significa comanche? Enemigo de todos”. El casting de ‘Comanchería’ a examen.

Chris Pine (Toby Howard) es el menor de los hermanos Howard y siempre fue un tipo honrado que quiso ser un buen esposo y padre. Pero la cosa no salió bien. Cuidó de su madre (hasta su último día de vida) y del rancho. Ahora, está a punto de perderlo todo. Pine lleva a cabo aquí la mejor interpretación de su carrera. Incluso logra que nos olvidemos de su aura permanente de galán impoluto para entregar un personaje totalmente desesperado. Sin duda, estamos ante un golpe encima de la mesa para Pine, mundialmente famoso por sus interpretaciones en cintas románticas.

Ben Foster (Tanner Howard) vuelve a dar un recital como ya hizo (y el mundo ignoró) en ‘The Program’ (Stephen Frears, 2015). Pocos actores en la actualidad son capaces de trabajar con tal grado de emociones. Foster es uno de ellos. Ojo a cuando es incapaz de decirle mirándole a la cara a su propio hermano que lo quiere, una escena que escenifica la aflicción hecha persona. Luego los hechos que vienen demuestran quién es realmente Tanner. Ninguna nominación para Ben Foster, un actor que debe de tener el peor publicista de Hollywood.

“Van a decir muchas cosas sobre tu tío y sobre mí. Y créelo. Lo hicimos todo” (Toby).

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Jeff Bridges (Marshall Marcus Hamilton) entrega un papel de Marshall viejo pero no cansado de su trabajo. Un tipo que desea subirse a un último viaje en el rodeo. Un texano de pura cepa.
La versión original es obligatoria para descubrir el nivel al que lleva su papel este grande siete veces nominado a los Oscars: entonación, pose y seseo. Totalmente merecida vuelta a la alfombra roja para él.

Y por último Gil Birmingham (Alberto Parker). El ayudante del Marshall y mano derecha de un hombre al que no entiende e incluso al que teme. Ojo a como Birmingham aguanta los insultos y desprecios de Marcus sobre su condición de descendiente de indios comanches… algo que no se arregla cuando le desvela que también es medio-mexicano. Birmingham soporta muy bien el peso de un gigante en pantalla como Bridges con quien tiene el 99% de sus escenas.

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En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Comanchería, una valiente y magistral recuperación del cine americano por excelencia. Una representación genuina del significado de ser un hombre en tiempos de máxima desesperación.