Animales nocturnos
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Tras debutar detrás de las cámaras en 2009 con el film ‘Un hombre soltero’, Tom Ford vuelve a apoyarse en otra novela para su regreso al cine. En esta ocasión, la obra adaptada es ‘Tres noches’ (‘Tony and Susan’) escrita por Austin Wright y que aquí se convierte en… ‘Animales nocturnos’.

“Mi exmarido decía que yo era un animal nocturno”.-Susan.

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Crítica de Animales nocturnos

Dada su escasa habitualidad y proyección en cines, creo conveniente hacer un pequeño acercamiento a la figura de Tom Ford. Ford es lo que podríamos decir un hombre polifacético, ya que es director (‘Un hombre soltero’ y ‘Animales nocturnos’), guionista (ha escrito los guiones de sus dos películas), productor (ha producido ambos films a través de su productora “Fade to Black”) y diseñador (conocido por sus diseños únicos para firmas como Gucci, Yves Saint Laurent y su propia marca, TOM FORD, fundada en 2005).

En los dos films de Ford evidentemente se mezclan todas esas facetas, dando lugar a películas con una marcada estética. Centrándome ya en ‘Animales nocturnos’, y tal y como expuse en la introducción, este film se basa en la novela ‘Tony and Susan’ escrita en 1993 por Austin Wright (1922-2003) y que fue traducida al español como ‘Tres noches’. Naturalmente, ‘Animales nocturnos’ conserva la esencia de la novela pero los cambios son inevitables. El propio Tom Ford así lo expresa: “Una novela y una película son muy diferentes, y una interpretación literal de un libro no suele funcionar en la pantalla. Me gusta apoderarme de los temas que me atraen de un libro para luego exagerarlos y explorarlos en la pantalla. La película es fiel a la novela, aunque parte de los elementos de la historia son completamente míos y el telón de fondo es totalmente diferente. Además debí de crear ciertos elementos y hacer algunos cambios prácticos…”. Expuesta la posición del realizador al respecto de la novela, paso ya a ahondar en lo que nos ofrece en su película.

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Desde un punto de vista narrativo Ford estructura la película en dos relatos: el principal y el “relato dentro del relato”, ambos íntimamente ligados y expuestos como un puzle que va encajando sus piezas. El relato principal es el que nos describe la vida de Susan Morrow y la lectura que va haciendo de la obra que le ha regalado su exmarido, Edward Sheffield. Y el “relato dentro del relato” es el trágico y violento suceso que cuenta “Animales nocturnos”, la novela escrita por Edward y cuya lectura enreda inevitablemente a Susan y a nosotros como espectadores… Ambas narraciones son tremendamente enganchantes, sobre todo la segunda que nos atrapa con su crueldad e impotencia deseando saber cómo acaba.

Es importante no levantar la vista de la pantalla porque el film va mezclando ambos relatos y salpicando el principal de flashbacks al pasado de Susan y Edward. Es decir, estamos ante una narración que exige atención y concentración por parte del espectador y no estar distraído en otros aspectos. Del mismo modo, no hay que perder ojo de todos los detalles que Tom Ford va mostrando de manera sutil… si se quiere llegar a comprender plenamente qué significa en realidad el borrador de la novela que Edward le ha dedicado y regalado a Susan. Además, y tal y como expuse antes, ambos mundos, “el real” y el “ficticio”, están muy íntimamente conectados. Basta traer aquí a colación una frase pronunciada por el propio Edward: “Nadie escribe de nada excepto de sí mismo”.

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Todo lo descrito en los párrafos anteriores da lugar a dos escenarios radicalmente diferentes. Por un lado, el escenario real de Susan que resulta un mundo vacío, aséptico, vanguardista y elitista en el que ella ya no se siente desarrollada ni comprendida. Y, por otro lado, el escenario de la novela que nos entrega claramente un desgarrador western de tragedia y venganza, dominado por el desierto de Texas, sus campos agrestes y sus tonos anaranjados. “Dos escenarios” totalmente contrapuestos en una misma obra… o si queremos dos películas diferentes en una misma película que las une y liga de manera inevitable.

La BSO de Abel Korzeniowski es otro punto a destacar, sobre todo el tema principal que, de alguna manera, parece traer al recuerdo algunas de las composiciones creadas por John Barry paraFuego en el cuerpo (Lawrence Kasdan, 1981).

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“Señor. Su mujer quiere que vaya”… Animales nocturnos.

La estructura narrativa del film hace que nos encontremos con diferentes personajes que, al ser reales y ficticios, no todos llegan a relacionarse entre sí. Veamos quienes son los protagonistas principales de cada narración.

En la narración principal tenemos a: Amy Adams que realiza otra gran actuación como Susan Morrow. A destacar el grado de empatía que llega a tener con Tony Hastings (el protagonista de la novela) sintiendo al mismo tiempo sus mismas emociones. La actuación de Adams es totalmente controlada y lejos de buscar lucimientos y sobreactuaciones absurdas, algo que, hasta ahora, no le ha dado ningún Oscar, pero que es un ejemplo de honradez y profesionalidad que ya quisieran otras actrices… Para Jake Gyllenhaal va el papel de Edward Sheffield, un humilde y débil amigo de la infancia de la familia Morrow que se convierte en el primer marido de Susan. Buena actuación de Jake pero hay que decir que luce mucho más en su otro rol, en el de Tony Hastings.

Por su parte, Armie Hammer interpreta a Hutton Morrow, el segundo marido de Susan que concentra casi al principio de la película sus escasos minutos en el film. Hammer sale lo justo y necesario para que seamos conscientes de lo distanciado que se encuentra ya de su esposa. Esa es toda su aportación. Se dejan ver muy poco Michael Sheen como Carlos (un galerista gay amigo de Susan), Andrea Riseborough como la excéntrica esposa de Carlos, y Laura Linney como la rica y clasista madre de Susan que le regala esta frase ante su mala relación: “Todas acabamos convirtiéndonos en nuestras madres”.

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En la novela de “Animales nocturnos” que Edward Sheffield regala a Susan Morrow los principales protagonistas son tres, a saber: Jake Gyllenhaal que se mete en la piel de un débil profesor de Matemáticas, un hombrecillo llamado Tony Hastings que viaja de noche por las carreteras de Texas en compañía de su mujer y su hija (interpretadas por Isla Fisher y Ellie Bamber). Como expuse antes, es en este rol en el que más destaca Gyllenhaal al ofrecer una interpretación con grandes matices temerosos, tristes y alguna explosión de ira incontrolada.

Aaron Taylor-Johnson está irreconocible y sorprende muchísimo con una actuación cargada de maldad y chulería dando vida a Ray Marcus, un miserable que se cree por encima de las reglas sólo porque tiene su propia cuadrilla de esbirros a los que tiene sometidos gracias a su personalidad dominante. Finalmente nos queda Michael Shannon haciendo una dura y rígida interpretación del sheriff Bobby Andes, un veterano cowboy de la ley que es un cadáver andante pero que todavía tiene la suficiente firmeza y autoridad (sobre todo en la mirada) para tratar con aquellos indeseables que escupen en la Ley. Bobby se convertirá en todo un apoyo para Tony tras un salvaje y criminal suceso que le ocurrirá en su viaje por carretera y que marcará las vidas de todos los implicados para siempre.

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En conclusión.
Finalizo esta crítica de Animales nocturnos, una desgarradora cinta que ofrece dos películas íntimamente ligadas entre sí y al precio de una. Un film cuya narración y atmósfera terminan por atrapar inevitablemente al espectador, siendo conveniente verla no dejándose distraer por nada, ya que esta es la única forma de poder captar todos los detalles que Tom Ford va dejando en el film y que ligan las dos historias que vemos en la pantalla.

Tráiler de Animales nocturnos