Yo soy Dolemite
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Ya sabes lo que dicen hermano, la suerte es oportunidad más preparación. Llega la hora de ajustar cuentas a los cabronazos y sólo un chulo puede hacerlo. Eddie Murphy rescata su traje más hortera, se planta una peluca afro y afina su labia con llaves y patadas de kung fu. Ahora ya puede finiquitar a los corruptos en ‘Yo soy Dolemite’.

“Dolemite yo me llamo y jodiendo a cabronazos soy el amo” (Dolemite)

Crítica de Yo soy Dolemite

Siete años han tenido que pasar para que Eddie Murphy, uno de los actores cómicos referenciales de las últimas décadas, vuelva a protagonizar una película donde él es el jefe. En ese camino, Murphy ha vivido una vida tranquila y semi-alejada de los focos. Así ha permanecido, junto a su prole (tiene diez hijos con cinco mujeres distintas), esperando el guión adecuado para volver. Murphy ha permanecido esperando un script que, en parte, le retrotrajera a sus inicios. Todo terminó de coger forma al morir su hermano mayor, Charles Murphy (1959-2017). Ahí fue cuando Eddie decidió, de una vez por todas, levantar ‘Yo soy Dolemite’, película dedicada a la memoria de Charles, un gran fan del personaje real en el que se basa la cinta: Rudy Ray Moore. Hablamos de un cómico deslenguado, pionero del rap y del hip-hop e icono del cine black-exploitation más barato.

La película salió directa a Netflix siendo dirigida por Craig Brewer, quien ya sabía de qué iba el tema por su experiencia enHustle & Flow (2005). ‘Yo soy Dolemite’ es, como ya apuntamos en el párrafo anterior, una vuelta total a los orígenes de Murphy, tanto en la actuación en vivo (cuando aún no había debutado como actor) como en sus papeles de buscavidas de labia infinita de sus inicios. Incluso podríamos decir que es la versión desatada y macarra de ‘Bowfinger, el pícaro’ (Frank Oz, 1999).

Los encargados del libreto son Scott Alexander y Larry Karaszewski. Ambos son guionistas con experiencias en estas lides del biopic de leyendas underdog del cine más barato, gracias a su trabajo en un film de similar corte como fue ‘Ed Wood’ (Tim Burton, 1994). Aunque eso sí, los caminos que acaba por recorrer ‘Yo soy Dolemite’ se van tornando en una estructura calcada al de una película en teoría tan lejana como ‘¡Canta!’ (Garth Jennings y Christophe Lourdelet, 2016). En parte eso se puede pasar por alto debido al show que monta Eddie Murphy convertido en Dolemite. Sin duda lo motivado que se muestra Eddie Murphy, y los delirantes momentos rodados para la ocasión extraídos de las propias películas protagonizadas por el Rudy Ray Moore real (1927-1981), son lo mejor del film.

También destaca mucho el estudio del cine de evasión para el público minoritario y de serie B de los setenta. Un tipo de cine en clara contraposición con las películas hechas por y para blancos de manera masiva. ‘Dolemite’ es una pequeña historia sobre el black-exploitation. Me refiero a un subgénero de películas de negros para negros donde los blancos eran policías y políticos corruptos. Así pues, Dolemite intenta por todos los medios sacar adelante su peli homónima con hermanos y hermanas, clubs nocturnos, persecuciones, humor, mujeres de poca ropa y ¡kung-fu!

Respecto a la ambientación de los setenta, música, estilo y comedia pocos peros se le pueden poner al film. Sobre la dirección de Brewer se nota que le tiene pillado el punto a este tipo de cintas. Parece que le salieran solas y más con un protagonista con tanto entusiasmo como el que muestra aquí Eddie Murphy. El actor deja bien claro que, como cómico deslenguado, muy pocos son capaces de hacerle sombra. De nuevo sirve como ejemplo la secuencia de cierre de la cinta: una especie de declaración de intenciones y homenaje. En la misma vemos a Rudy dando su show de forma totalmente desinteresada a un enorme reguero de fans que deben de esperar horas para la siguiente función de su película.

Junto a Eddie Murphy destaca el regreso de Wesley Snipes a la primera línea. Snipes se ve apoyado, nuevamente, por alguien importante, como ya hiciera Sylvester Stallone esperándole para filmarLos mercenarios 3 (Patrick Hughes, 2013). Además, y haciendo callar al bocazas de Spike Lee, quien siempre lo acusó de no hacer más con la fama y el poder que tenía por los jóvenes talentos negros, Eddie Murphy deja claro que ni mucho menos las palabras de Lee eran verdad. Sólo falta echar una vista atrás y ver el apoyo del actor en sus películas a gente que empezaba como Chris Rock, Damon Wayans, Halle Berry, Martin Lawrence, Arsenio Hall, Dave Chappelle,… Otra en la frente para Spike Lee con el rescate a Snipes para que luzca como co-protagonista consecutivamente tanto en ‘Dolemite’, como en el futuro rodaje ‘El príncipe de Zamunda 2’, también de Craig Brewer.

Volviendo al papel de Wesley Snipes, aquí da vida al actor D’Urville Martin. Este es un personaje a quien, en un momento dado, lo reconocen por ser el negro del ascensor deLa semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), algo de lo que presume diciendo que Polanski lo eligió en persona para dicha escena. Junto a Murphy, el rol de Snipes es el más desatado. Destaca su total amaneramiento y empinando la botella a base de bien cada vez que puede. D’Urville considera que su arte está por encima del despropósito de película que están rodando. Para el recuerdo queda su despedida literal del film…

Junto a Murphy & Snipes, los más conocidos del elenco son actores con gran bagaje cómico. Aquí encontraremos a Keegan-Michael Key, Mike Epps o Craig Robinson como amigos y cómplices de Rudy en sus negocios. También aparece Snoop Dogg como el dj de la tienda donde trabaja Rudy. Snoop protagoniza todas sus escenas sentado detrás de los pincha-discos. Por último, y en un papel relevante, tenemos a la semi-desconocida Da’Vine Joy Randolph como una mujer de armas tomar que Rudy apadrina para sus shows después de verla zurrar a un chulo. Quedan para el final los cameos de Chris Rock, Barry Shabaka Henley y Bob Odenkirk. Este último como un ejecutivo de una productora de pelis de/para paletos y negros.

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de ‘Yo soy Dolemite’, un biopic en su esqueleto narrativo pero, sobre todo, una comedia muy al estilo de los años setenta. Un film que recupera para la causa de manera justa y necesaria al gran e inimitable Eddie Murphy. El mejor Murphy de los ochenta, ese que no necesitaba sentarse en una mesa a tirarse pedos para hacer reír. En definitiva, una gran oportunidad para reconciliarse con un cómico único. Una película plena de mensaje de buen rollo y superación calificada para mayores por su exhibición de risas, carne y ¡kung fu!

Tráiler de Yo soy Dolemite