The Cloverfield Paradox
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En un suculento intento por crear una franquicia tan diversa como “Cloverfield”, J.J. Abrams y Paramount Pictures nuevamente unieron fuerzas. El objetivo era crear una continuidad sustentada a base de universos paralelos y con mínimos elementos referenciales a los otros films de la trilogía. La idea era clara y los ingredientes no eran malos. Sin embargo, y al igual que el Shepard, algo no salió bien. Ahondemos ya mismo en ‘The Cloverfield Paradox’.

“Puede que no entiendas este mensaje y puede que estés confusa cuando lo oigas” (Hamilton)

Crítica de The Cloverfield Paradox

El universo “CloverVerse” no tiene un precedente existente y nítido en cuanto a continuidad se refiere. Cloverfield (2008), la obra original de Matt Reeves, era un homenaje “found-footage” al género de las películas de monstruos gigantes japoneses. Seis años después se dio lugar, en absoluto secretismo, a otra cinta:Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg). Esta película era totalmente diferente a su predecesora, salvo por un detalle muy concreto e imperceptible para el neófito. Ambas cintas se presentaron apadrinadas por J.J. Abrams.

Entrando ya en ‘The Cloverfield Paradox’ decir que sufrió un proceso de “mutación” similar al de ‘Calle Cloverfield 10’. Así pues, lo que en principio no tenía absolutamente nada de similitud con la película de Matt Reeves fue cambiando. Así hasta introducir algunos elementos como base para situar ‘Paradox’ dentro de una especie de “multiverso”. Todo comenzó cambiando el nombre del proyecto: si ‘Calle Cloverfield 10’ se titulaba en principio ‘El ático’, ‘The Cloverfield Paradox’ fue inicialmente conocida como ‘La partícula de Dios’. A continuación se introdujeron ciertos elementos del “CloverVerse”. Entre estos últimos podemos destacar los siguientes: el satélite que despierta al monstruo de ‘Cloverfield’ es de la misma empresa en la que trabajaba Howard en ‘Calle Cloverfield 10’, la famosa bebida Slusho tiene su constante referencia en las tres películas,…

Cuando uno visiona ‘The Cloverfield Paradox’ se establece el concepto de que los tres films son tres universos diferentes. Universos que tienen su conexión, un tanto forzada (más allá de algunos de los citados elementos), con los sucesos de este film. La conexión se establece por la idea de que el fallo del acelerador de partículas, Shepard, provoca un fallo catastrófico. Este fallo termina por afectar a las realidades de las dos películas anteriores. Así pues, se deja abierto el film (y los otros dos) a un sinfín de teorías y conceptos… ¡A saber si esto es lo que sus responsables pensaban en un principio!

‘The Cloverfield Paradox’ es un film sumamente problemático en su ejecución. La jugada ya realizada con la película de Trachtenberg no termina aquí de salir del todo bien. Se nota tremendamente que el film (que se estrenó en Netflix y se puede adquirir físicamente gracias a Paramount) es una obra en la que muchos metieron mano. En consecuencia, no termina de dar en el clavo en lo que quiere. ‘Paradox’ bebe de fuentes tan dispares comoAlien (Ridley Scott, 1979) y ‘Horizonte final’ (Paul W.S. Anderson, 1997). Estas fuentes originan una sensación de que lo que un principio podía perfectamente haberse planteado como una “creature feature” pase a ser un film que toma elementos indiscriminados de las películas referidas pero sin su calidad ni visceralidad.

En ‘The Cloverfield Paradox’ el libreto escrito por Oren Uziel (originalmente planteado por el propio Uziel y Doug Jung) no apuntala lo suficiente la tensión ni la parte emocional. Esto último es uno de los puntos más cuestionables de la cinta. Gran fallo porque se cuenta con un casting de actores bastante competentes y sólidos pero, por desgracia, el guión no permite un sentimiento emocional hacia ellos.

No obstante, hay tres aspectos positivos en la película: su diseño de producción, el trabajo de efectos visuales y la labor musical de Bear McCreary. En lo que se refiere a la estación espacial decir que la ambientación es muy destacada y se recrean unas estancias bastante originales. Por su parte, los FX de ILM brillan en su concepción del espacio y los destrozos que se van provocando en la nave a medida que el metraje avanza. Finalmente, la banda sonora de Bear McCreary es notable. Su trabajo logra lo que la dirección de Onah no consigue: captar la sensación de inmensidad del espacio y el concepto dramático de la historia de Hamilton. También destaca en el suspense siendo cercano, en determinados momentos, a algunas de las scores de Marco Beltrami, Danny Elfman o Jerry Goldsmith. Aquí podemos afirmar que “la música es superior al film”.

Retomo ahora la ya referida falta de empatía hacia los personajes. Esta falta también es provocada por cómo se suceden las decisiones de no saber qué quiere ser el film. No sorprende que se rumorease fuertemente que el realizador fue apartado de la dirección y del montaje por su escasa experiencia y visión del proyecto. La película no tiene las aptitudes de un film de terror ni tampoco de una cinta épica espacial. No tiene una atmósfera para ello ni tampoco un “sense of wonder”… Tampoco funciona el hecho de dividir la historia entre los sucesos extraños ocurrentes en la Cloverfield y lo que sucede en la Tierra tras la activación del acelerador. Esto último todo un alarde de nostalgia dando a entender que el monstruo del film de Reeves puede ser producto de los sucesos de ‘Paradox’.

Respecto al elenco no hablamos de un reparto para nada mediocre. Una de las más solventes quizás sea Elizabeth Debicki en su rol de Jensen. La delgada actriz logra que su personaje tenga un elemento discordante y de desconfianza dentro del relato. También se puede alabar la labor profesional de Daniel Brühl como Schmidt. Sin olvidar el trabajo dramático de Gugu Mbatha-Raw como Hamilton. A pesar de la escasa “construcción” de sus roles son los que sacan más rendimiento e intentan salvar los muebles. El resto de la tripulación lo forman John Ortiz, Ziyi Zhang, Chris O’Dowd, Aksel Hennie y David Oyelowo como el jefe de la misión.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de The Cloverfield Paradox, un intento fallido de replicar el éxito de ‘Calle Cloverfield 10’. Al final nos queda una obra regular que no sabe lo que quiere ser y que no provoca la tensión ni la sensación épica requerida. Lo más positivo y destacable serían las alabanzas infinitas al departamento de producción y de efectos visuales. Amén de la música de Bear McCreary.

Tráiler de The Cloverfield Paradox