Octopussy
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009 aparece muerto con un disfraz de payaso en Alemania del Este. Su objetivo era recuperar un huevo de Fabergé que iba a ser vendido al mejor postor. Ahora le toca a 007 tomar el mando y pronto consigue la primera pista. El huevo resulta ser propiedad de una dama y su nombre en clave es… ‘Octopussy’.

“Mi padre era un gran conocedor de los octópodos, lo sabía todo sobre ellos. Y a mí me llamaba cariñosamente Octopussy”

Crítica de Octopussy

‘Octopussy’ supuso la entrega número 13 de la franquicia del 007. El film llegó el mismo año que Sean Connery aceptó, solo por dinero, protagonizar ‘Nunca digas, nunca jamás’ (Irvin Kershner, 1983). Esto les supuso a los productores y propietarios legítimos de la obra de Ian Fleming pagar a Roger Moore lo que pidiera. Todo para renovar la licencia doble cero, en contra del ya casi contratado James Brolin.

Esta inusual situación de encontrarse con “dos Bond” en activo tuvo un motivo. La misma se produjo por la separación de los productores originales y antiguos socios. Me refiero a Henry Saltzman y Albert Broccoli. La batalla judicial se la ganó Saltzman a Broccoli por los derechos de adaptar una obra más de Fleming al cine. La “pelea de Bonds” la ganaría Roger Moore con 67 millones por los 55 de la película de Connery. Del mismo modo, Moore volvería para una última misión dos años después. Fue en ‘Panorama para matar’ (John Glen, 1985). Posteriormente fue sustituido por el fugaz Timothy Dalton.

La película logra avanzar sin tener siquiera un argumento claro, aun siendo una trama bastante simple. Llega un momento, ya pasada la hora y media, en la que no sabemos ni para qué quieren las joyas, ni tan siquiera si la misión en sí tiene algún sentido. Así las cosas, el asunto queda en manos de los paseos de Bond por la India. También del destape que aflora por todo el film en cuanto a las apariciones femeninas. Y, por supuesto, del escuadrón de amazonas que cuida del misterioso personaje con nombre clave “Octopussy”. Se nota en la historia, refritos de otras entregas y esbozos de ideas delirantes. Todo este material, con mejor mano, podía haber sido algo “mítico” (el esbirro del yo-yo con forma de sierra) pero queda en muy poco.

El director fue John Glen, firmante de cinco films Bond como realizador, y tres como director de segunda unidad. Se le nota a Glen mayor pericia en cuanto a las set-pieces que respecto a la historia. Y ese es el defecto del que siempre carecieron sus aportaciones a la saga. Destacar lo real que se ven casi todas las escenas de stunts. Por ejemplo, aquella en la que un esbirro atraviesa con su cabeza una pecera para acabar con la cara succionada por un pulpo. También destaca la tremenda secuencia aérea del duelo final. En esta última, un especialista dobla a Roger Moore jugándose la vida encima de un avión a varios miles de metros sobre el suelo.

Como curiosidad, mencionar el excesivo parecido del asalto a la mansión de Octopussy con el del clímax deEl precio del poder (Brian De Palma, 1983). Especialmente con los esbirros escalando la fachada y pillando a los protagonistas en la cama. La música del film corrió a cargo de John Barry, contando ¡cómo no! con la ineludible pieza de Bond.

Sobre la acción, prima sobre todo lo exótico que luce la India en pantalla. Aquí se aprovechan todos sus clichés al máximo. El súmmum lo representan las diferentes confrontaciones de Bond contra los esbirros de Khamal Khan en el mercado y la caza a muerte por la jungla. El villano, el ya citado Khamal Khan (interpretado por Louis Jordan), no deja de ser un mero títere incompetente. Un sujeto que depende por completo de su lugarteniente, el gigante Gobinda (Kabir Bedi). Khan apenas aguanta el tipo ante las fugaces y siempre cabreadas apariciones del Coronel Olov, un desaprovechado Steven Berkoff.

Por su parte, Roger Moore no se sale en ningún momento de su ya conocida pose de gentleman. Aunque en la mencionada caza a muerte en la jungla le toca ensuciarse a base de bien. Eso sí, a cambio pasa sus buenos minutos en una isla habitada exclusivamente por mujeres, siendo el único varón. En este sentido, las actrices principales para esta ocasión fueron las suecas Maud Adams y Kristina Wayborn.

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Octopussy. Estamos claramente ante un capítulo de relleno en la franquicia. Al final deja entrever que fue rodada a toda prisa para luchar en taquilla contra la entrega “bastarda” de Connery. No obstante, y a pesar de sus fallos, es un film de acción y aventuras que se deja ver. Una película que vale perfectamente para pasar algo más de dos horas de evasión. Además, está servida con un gusto por el destape femenino mayor de lo usual en las cintas de James Bond.

Curiosidades.
-Los villanos liquidados en el film ascienden a un total de 15.
-James Bond utiliza 7 gadgets a lo largo de la película y conduce 3 vehículos.
-Si queréis conocer más curiosidades de ‘Octopussy’ y de otros films de Bond no dejéis de visitar Bond en cifras.