Wall-E
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¿En qué piensa un robot que vive en un planeta abandonado? Pues muy posiblemente en la soledad y en lo hermoso que sería tener a alguien con quien compartir su existencia. Con esta premisa tan sencilla Pixar nos regaló una de las películas más entrañables de los últimos años. Una aventura en clave de romance donde dos robots descubrirán su lado más humano. Todo esto y mucho más a continuación en esta crítica de Wall-E.

Crítica de Wall-E

Cuando Philip K. Dick escribió la novela ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ estaba proponiendo una interesante cuestión acerca de los robots y sus anhelos, de sus miedos y deseos. Y con su particular estilo, Pixar nos ofrece una de las muchas respuestas a esa cuestión, en este caso tras la mirada de un robot que posee una serie de rasgos y comportamientos propios del ser humano.

La verdad es que la idea de humanizar a un robot no es nueva, hay películas, series de televisión y cortometrajes que ya han abordado ese punto de vista. En ocasiones se ha buscado captar la necesidad existencial de sentirse humanos, por ejemplo en ‘El hombre bicentenario’. También se les ha dotado de sentimientos, ¿quién no recuerda a HAL de ‘2001, una odisea del espacio’? Y por supuesto se les ha mostrado como fieles compañeros en infinidad de películas de distintos géneros. Pero dentro de la larga lista de robots que forman parte de la historia del cine, el pequeño protagonista de esta película adquiere una importancia especial.

Wall-E

La primera vez que vi a Wall-E acudieron a mi memoria dos películas clave de los años ochenta, no sólo por la fisonomía del robot protagonista sino también por otras características muy concretas. Una era ‘ET, el extraterrestre’, protagonizada por un alienígena ecologista que siente especial debilidad por las plantas y las flores, y cuyo rasgo físico más destacable era un largo cuello con dos enormes ojos. Y la otra es ‘Cortocircuito’, donde el simpático robot Johnny 5 adquiría un comportamiento humano tras una sobrecarga eléctrica. La mezcla de dos personajes tan dispares da lugar a un robot diseñado para reciclar pero que acaba mostrando sensibilidades que van más allá de su programación. No se nos ofrece ninguna explicación, porque las causas son irrelevantes y forman parte de la magia de esta película. Lo único importante es que en un mundo desolado donde la basura y los desperdicios son la tónica dominante, aún hay lugar para la belleza y la sensibilidad, aunque se encuentre encerrada entre los circuitos de un robot.

Para dar vida a esta historia se contó con Andrew Stanton, un guionista y director que ya había mostrado maneras con ‘Bichos‘ pero que alcanzó las mejores cotas enBuscando a Nemo‘. Para esta película gozó de control creativo absoluto, gracias a lo cual pudo aportar mucho más que en sus anteriores trabajos. Y el resultado es absolutamente magistral, con ‘Wall-E’ Pixar demuestra que no todo estaba inventado, que aún hay muchas historias por contar.

El diseño de producción es exquisito, como suele ser habitual en producciones de Pixar. Podríamos dividir la trama en dos actos, uno tiene lugar en la tierra y otro en el espacio. Y si hay dos elementos que juegan un papel importante son la iluminación y la fotografía. Así, en el primer acto dominan los colores terrosos y los altos contrastes, en un claro intento de mostrar una Tierra devastada y vacía de vida. En cambio, la llegada del robot EVA se acompaña con la incorporación de colores más cálidos o azulados para potenciar el romanticismo de las secuencias y el inicio de algo nuevo.

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El primer acto, de una duración aproximada de 40 minutos, es la quintaesencia del cine. Sin diálogos, con apenas unos sonidos, pero de una sensibilidad que no solemos encontrar en películas sonoras. No es sólo una historia tierna y entrañable, sino también conmovedora. Porque ver a Wall-E trabajando laboriosamente a pesar de que el planeta se nos antoja irrecuperable es un grito a la esperanza. Al principio contemplamos el día a día del robot pensando que su única ocupación es la que ordenan sus circuitos, pero muy pronto comenzamos a atisbar esos rasgos humanos que misteriosamente han impregnado al pequeño robot. Primero descubrimos que su único amigo es una cucaracha, algo que causaría repugnancia en la mayoría de personas pero que para él es un signo de vida y por lo tanto de esperanza. Y luego nos asomamos al taller donde pasa las noches, un verdadero museo donde Wall-E almacena con mimo todo aquello que le parece especialmente valioso.

A pesar de las duras condiciones en que vive, Wall-E transmite la sensación inequívoca de que es feliz. Pero al mismo tiempo anhela el contacto con aquellos que le han dejado solo con un puñado de recuerdos. En cierto modo se siente atrapado en un planeta que no puede ofrecerle lo que necesita para que su felicidad sea completa. Por ello es una elección perfecta el tema “Put on your sunday clothes” que abre los créditos de entrada, porque es un canto a descubrir las bellezas que hay más allá de su monótona existencia. Como también es muy indicada la canción “It only takes a moment” para reflejar la soledad que siente el pequeño robot y cómo ansía tener a alguien junto a él. Ese anhelo se ve recompensado cuando llega EVA, otro robot que busca signos de vida vegetal en el planeta. El flechazo es instantáneo, y a partir de ese momento la vida de Wall-E da un giro radical. Quizás haya quien se pregunte por qué escoger temas musicales de una película como ‘Hello Dolly’. Pero ¿acaso no estamos ante una sencilla historia de amor?

Wall-E y EVA

El diseño de EVA es mucho más sofisticado que el de Wall-E, en parte para reflejar una mayor dificultad a la hora de expresar unos sentimientos que aparentemente no tiene. Pero ese brutal contraste de acabados entre ambos robots hace que comprendamos al instante por qué Wall-E queda prendado de su compañera y de sus estilizadas líneas. Poco después de la llegada de EVA arranca el segundo acto, centrado en el espacio y sobre todo a bordo del Axioma, la nave terrestre que alberga a los humanos que viven exiliados de su planeta. En mi opinión, el bajón es evidente respecto al primer acto, ya que pasamos de un romanticismo pausado al un divertimento mucho más trepidante. Eso sí, la idea de mostrar a los humanos como personas obesas y torpes que han olvidado sus orígenes es interesante. Y la verdad es que el diseño de estos humanos es de un realismo notable, un tanto alejado del caricaturismo habitual.

Durante su estancia en el Axioma Wall-E deberá hacer frente al ordenador de abordo, claramente inspirado en el ya famoso HAL 9000. Una computadora que juega el papel de villano de la historia y que pretende perpetuar las condiciones de conformismo y dejadez a las que ha llegado el ser humano. Sólo los esfuerzos de Wall-E para conseguir que EVA finalice su programa podrán evitarlo. No hay duda de que visualmente estamos ante una de las mejores producciones de Pixar, pero insisto en que este segundo acto carece de la grandiosidad del primero. No obstante pocas pegas podemos ponerle, por no decir ninguna.

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Conclusión.
No creo que haga falta añadir más a lo ya expuesto en esta crítica de Wall-E, esta película es una absoluta obra maestra del cine, una de esas experiencias cinematográficas que difícilmente pueden olvidarse. Es una historia llena de ternura y amor pero que en ningún momento se permite caer en la edulcoración. Posee un primer tramo tremendamente poderoso, cargado de sensibilidad y un desenlace que, aún siendo menos intenso a nivel emocional, recompensa con creces nuestras expectativas. Pero lo más destacable, lo que convierte esta película en algo inolvidable, es el inmenso trabajo interpretativo de un robot diseñado por ordenador que consigue parecer más humano que nadie. Creo que es algo que debería hacernos reflexionar, porque pocos actores consiguen conmover al público con tan pocas palabras. Una película imprescindible para todo aquel que quiera emocionarse y descubrir una maravillosa historia de amor.

Tráiler de Wall-E