¡Tintorera!
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Película basada en la novela del mismo nombre publicada por Ramón Bravo en el ya lejano 1975. Dirigida por el ilustre realizador mexicano René Cardona Jr., ‘¡Tintorera!’ relata la forma de vida liberal y festiva de un trío de amigos que veranean en los lugares más paradisíacos de México, hasta que un gran tiburón tigre irrumpe en la zona. Pura Serie B para uno de los films más inclasificables que surgieron tras el éxito de ‘Tiburón’.

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Valoración

Cine basura azteca para unos, cult-movie de Serie B para otros, posiblemente todos tengan su parte de razón. Porque ‘¡Tintorera!’ posee todas las características para ser, o sumamente odiada por su ‘look’ de saldo, por lo desconcertante de su propuesta y por su extraño tono; o muy querida por asumir una identidad muy particular que la hace distanciarse por completo de ‘Tiburón’ (Jaws, Steven Spielberg, 1975), la película de la que, en teoría, esta producción del cineasta mexicano René Cardona Jr. es un exploit. Y remarco lo de ‘en teoría’ porque, en el fondo, ‘¡Tintorera!’ no es otro plagio más de los muchos que surgieron tras el éxito del film de Spielberg, aunque es indudable que Cardona Jr. aprovechó la repercusión mediática de aquel para adaptar a la gran pantalla la novela en la que está basada su película. De este modo, y al igual que sucediera con ‘Tiburón’ –recordemos que se trataba de una adaptación cinematográfica de la novela ‘Jaws’, publicada en 1974 de la mano de Peter Benchley–, ‘¡Tintorera!’ surgió como consecuencia de la publicación en 1975 de la novela homónima del escritor y oceanógrafo Ramón Bravo, curiosamente justo un año después del éxito internacional del relato de Benchley. ¿Casualidad o causalidad?

Pero antes de hablar sobre el film, es necesario recordar los méritos y las carreras profesionales de los ya fallecidos Ramón Bravo y René Cardona Jr., los principales artífices del asunto, para ponernos en situación y comprender que, en realidad, ‘¡Tintorera!’ no se trata de una producción tan deplorable como se ha dicho, y que no está exenta de virtudes y de ciertas pinceladas de interés obra de sus dos afamados responsables, aunque el resultado final sea decepcionante.

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Ramón Bravo (1925-1998, México), fue un famoso oceanógrafo, escritor, documentalista, camarógrafo e investigador ecologista especializado en el estudio del comportamiento de los tiburones, especialmente del famoso tiburón tigre (también conocido en México como tintorera, mientras que este término es asociado en España al más inofensivo tiburón azul), se convirtió en toda una celebridad al dar a conocer al mundo cómo duermen los tiburones. Considerado como uno de los mayores exponentes en el arte del adiestramiento de escualos y del mundo del submarinismo de la época, Bravo fue también autor de casi una veintena de obras literarias, la mayoría de ellas relacionadas con el mar y con los tiburones. Amigo y colaborador de Jacques-Yves Cousteau en un buen número de sus documentales, Bravo también trabajó como asesor, director de fotografía, adiestrador y operador de cámara en escenas submarinas de casi una quincena de películas, entre las que se encuentran ‘Nueva York bajo el terror de los zombi’ (Zombi 2, Lucio Fulci, 1979) –donde ejerció de stunt y de entrenador del famoso tiburón que luchaba contra un zombi–; ‘Tiburón 3’ (L’ultimo squalo, Enzo G. Castellari, 1981) –como asesor y co-guionista no acreditado–; ‘Leviathan. El demonio del abismo’ (Leviathan, George P. Costamos, 1989) –fotógrafo de las secuencias submarinas–; o incluso ‘Licencia para matar’ (Licence to Kill, John Glen, 1989), como operador de cámara y fotógrafo de planos submarinos. Toda una carrera al servicio del mar, de la investigación y de los escualos, los cuales llegaron a herirlo de gravedad en más de una ocasión.

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Mientras que de René Cardona Jr. (1939-2003, México), hijo del célebre cineasta e intérprete René Cardona, podemos decir que fue considerado como uno de los realizadores mexicanos más infravalorados y difamados de la Serie B azteca. Pero también como uno de los precursores principales de la gran irrupción del cine de géneros que tuvo lugar en su país natal durante las décadas de los 60 y 70. Y es que como solía ser habitual en este tipo de artesanos del bajo presupuesto y del denominado cine basura, Cardona Jr. se adaptaba sin problemas a las tendencias cinematográficas del momento, rodando una serie de productos que, independientemente de sus escasos medios y de sus excesivas limitaciones, alternaban todo tipo de géneros, temáticas y conceptos, por lo que Cardona Jr. podía considerarse como uno de los cineastas más polifacéticos y versátiles del panorama fílmico azteca. Estrechamente relacionado con el mundo del cine desde edades muy tempranas, con su muerte dejó un significativo legado cinematográfico que quizás no fue del todo respetado a nivel internacional por estar enfocado, principalmente, hacía el ámbito del exploitation y de la Serie B latina más rudimentaria, aunque ello no le impediría filmar algunas producciones interesantes del cine de género mexicano de la época. De este modo, películas –algunas de ellas hasta de cierto culto– como ‘El tesoro de Moctezuma’ (1968), ‘Robinson Crusoe’ (1970) ‘La noche de los mil gatos’ (1972), o ‘El valle de los miserables’ (1975) sólo verificaban que René Cardona Jr. no era un tan mal cineasta, sólo que no contó con los medios adecuados para demostrarlo.

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Lástima que tampoco pudiera hacerlo con ‘¡Tintorera!’, una de las películas más exitosas de la carrera de Cardona Jr. a nivel nacional y, a la postre, una de sus producciones más ilustres y conocidas –hasta el punto de alcanzar un reconocido status de culto dentro del circuito de la Serie B–; pero también, uno de los productos más pueriles y planos argumentalmente de la filmografía de un cineasta que ya comenzaba a dar ciertos signos de decadencia a finales de los años 70.

Como decía unos párrafos más arriba, el proyecto, que nació a rebufo de ‘Tiburón’, era una adaptación cinematográfica de una novela que el propio Ramón Bravo publicó tras el éxito cosechado por el relato de Peter Benchley. Así que como buen director oportunista, René Cardona Jr. encontró una ocasión de oro para sacar provecho de todo ello, llevando a la pantalla la novela que Bravo había escrito sobre una tintorera que atacaba a un trio de amigos en las paradisiacas playas de Isla Mujeres. Por supuesto, el propio Bravo formaría parte importante del proyecto al encargarse de todo el proceso de entrenamiento de los escualos, de la fotografía del film, del rodaje de las numerosas escenas submarinas, y del propio guion de la película, que co-escribiría junto a Cardona.

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Todo ello dio lugar a una especie de ‘versión tropical’ de ‘Tiburón’, sólo que con un problema: aquí el tiburón (o la tintorera, como prefieran) no es el motor central de la historia, y sí las aventuras sexuales, festivas y románticas de nuestros tres protagonistas, interpretados por los entonces actores fetiche de Cardona Jr. Se trata de los mexicanos Hugo Stiglitz y Andrés García, el primero de ellos interpretando al personaje de Steven, un americano que viaja a Isla Mujeres en busca de diversión en una de las peores y más risibles actuaciones que recuerdo. Mientras que el segundo, García, se mete en la piel de Miguel, un simpático vividor que enseña a Steven no sólo a cortejar a las mujeres de la zona o a cazar tiburones arpón en mano, sino también a apreciar y disfrutar cada segundo de vida como si fuera el último (en un personaje que, al final, logra incluso caer bien al espectador). Ambos acompañados por la atractiva actriz americana Susan George interpretando a una guapa turista de claras intenciones: sexo y regocijo.

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Ya de entrada lo que vislumbramos en uno de los posters promocionales originales (y más honestos que recuerdo) del film no hace presagiar lo mejor. Porque resulta imposible tomarse en serio una película sobre escualos asesinos cuyo slogan reza lo siguiente: “una mujer y dos hombres en el más perfecto triángulo… sin saber qué les esperaba…”; con los medios cuerpos de nuestros protagonistas insertados en el interior de una silueta de tiburón en un momento de lujuria y éxtasis. Y es que tras esto bien podríamos pensar que estamos ante un film erótico donde el sexo y los ménage à trois forman parte importante del relato. Pues bien, lo desconcertante del asunto es que, efectivamente, ‘¡Tintorera!’ más que un film de terror es todo un producto melodramático con una clara connotación softcore y nude muy propia de la época del destape (no faltarán escenas de desnudos, tetas, culos blancos y algún que otro frontal completo. Eso sí, nunca haciendo uso de lo obsceno y lo explícito), y donde lo que verdaderamente prima en la historia es la relación entre los tres protagonistas de la película. Una trama que toma peligrosos tintes de telenovela de sobremesa al mostrarnos un argumento insípido y sin demasiado interés que se rige en base a la amistad, el sexo, el romance, la diversión, el vicio y la lealtad de nuestros tres personajes principales. Hasta que Cardona Jr. recuerda que está filmando una película sobre escualos asesinos y decide introducir algún que otro esporádico ataque perpetrado por el animal.

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Es precisamente por ello que su condición de derivado de ‘Jaws’ se neutraliza por completo a consecuencia del poco peso del escualo en una historia que gira exclusivamente en torno al triángulo amoroso de los tres protagonistas, mientras que la tintorera pasa a ser un mero ‘actor secundario’ en una subtrama que tendría que haber tomado mayor relevancia en el metraje. Claro que, por otra parte, desconozco la fidelidad de la película con respecto a la novela original de Bravo, pero el hecho de que se distancie tanto de ‘Tiburón’ podría ser una de sus mayores virtudes en caso de contar con una historia principal cautivadora (que no es el caso), pero también, uno de sus peores defectos, sobre todo teniendo en cuenta el título de un film que es claramente proclive al engaño y a la confusión.

En cualquier caso, y como afirmaba al principio del artículo, la película no se puede considerar un producto totalmente desechable dado que también está lleno de virtudes y méritos, entre ellos unas localizaciones realmente bellas que rotan entre los increíbles paisajes de las ruinas mayas, y unos magníficamente filmados ambientes submarinos. Precisamente el mar tiene un peso importante en la película dado que uno de los personajes es un buceador que se dedica a la caza de tiburones por placer, y es aquí donde Cardona Jr. y Bravo demuestran sus mejores cualidades con la cámara, ofreciéndonos una sucesión de bellas escenas submarinas e impactantes secuencias de caza de tiburones. Este tipo de secuencias se encuentran filmadas con una perfección y realismo insólitas para cualquier otra película del subgénero, algo logrado gracias a un Cardona Jr. que creó la primera cámara acuática de México para que el propio Ramón Bravo hiciera uso de ella filmando algunos de los más conseguidos planos submarinos vistos en un film de este rango. Esto mismo podemos extrapolarlo a los contados ataques del tiburón tigre –atención al brutal ataque del escualo a Miguel, o a la muy tensa secuencia final en la playa–, rodados sin el uso de ningún tipo de efecto especial y sí con escualos auténticos amaestrados para la ocasión por Bravo, dando lugar a varios ataques que, francamente, sorprenden por su impacto visual, por su credibilidad y por su crudeza, dejando de lado efectismos baratos que sólo hubieran puesto en tela de juicio el nulo apartado técnico de la película. Todo lo que vemos en el film destila realismo a raudales, y esto es uno de los puntos que convierten esta limitada producción en una cinta, como mínimo, curiosa pese a su extraña naturaleza y a su ambigua definición.

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Y es que por momentos estamos ante una propuesta que no sabe muy bien sobre qué aguas narrativas navegar. Por momentos ‘¡Tintorera!’ se rige en base a las estructuras fundamentales de un documental sobre la caza submarina de tiburones, para pasar a encuadrarse dentro de un marco estrictamente melodramático con cierto aire sexploitation de la época, convirtiéndose con el paso de los minutos en todo un ensayo cinematográfico sobre el estilo de vida liberal que se lleva a cabo en algunos de los lugares más exóticos de Cancún e Isla Mujeres –algo que desde esta perspectiva está bien narrado y representado tanto por el realizador como por los actores, especialmente por Andrés García y Susan George–, para concluir en un thriller dramático con ciertos tintes de terror. Este cokctail resulta tan difuso e indefinido como sorprendente por lo inusual de su planteamiento, quedándose finalmente la película por momentos en tierra de nadie aunque su arriesgada propuesta sea más que meritoria y destile cierto encanto, especialmente para los amantes del cine de Serie B y Serie Z.

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En resumidas cuentas

René Cardona Jr. se apunta al carro de ‘Tiburón’ con una cinta de Serie B azteca que, curiosamente, parece de todo menos un exploit de la película de Spielberg. En realidad, todo un film melodramático con cierto aire softcore que trata sobre las aventuras e infortunios de un trío de amigos que deciden pasar sus vacaciones en Isla Mujeres disfrutando de la vida, del sexo, y de la caza de tiburones. El único y más importante valor cinematográfico de la película trasciende a través de su capacidad para mostrarnos en pantalla bellos entornos submarinos filmados por el propio Bravo, además se agradece el hecho de que tanto Cardona Jr. como Bravo recurran al realismo a través de una serie de secuencias con tiburones auténticos interactuando con humanos en lugar de  usar los típicos FX y animatronics. Pero todo ello no es suficiente para poder considerar esta película, al menos, una propuesta importante dentro del género, aunque sí rescatable y con cierto encanto para todos aquellos que sepan degustar el cine de Serie B de bajo escalafón y que sientan especial predilección por los documentales sobre escualos. Aunque para esto último, mejor recurrir a un documental de National Geographic antes que a esta propuesta de Cardona Jr.

Curiosidades

  • Quentin Tarantino es un fanático declarado de la película, hasta el punto de tener una edición original en su colección personal.
  • La película se rodó originalmente en dos idiomas, en español mexicano y en inglés. Ambos se hablan durante la película.
  • Pese al carácter austero y muy barato de la película, la major ‘Metro-Goldwyn-Mayer’ decidió distribuirla en diversos territorios.
  • El compositor de la banda sonora de la película es, nada más y nada menos que Basil Poledouris, también autor de las partituras musicales de películas como ‘Conan, el bárbaro‘ (Conan the Barbarian, John Milius, 1982) o  ‘Robocop (Robocop, Paul Verhoeven, 1987).
  • El montaje original estrenado en México dura 126 minutos, aunque la versión que llegó al mercado internacional fue recortada hasta los 83 minutos de duración. Entre el metraje recortado, podremos encontrar un mayor número de secuencias submarinas, algunas subtramas protagonizadas por el trío de actores principales, y algún momento de mayor casquería que fue censurado para el mercado anglosajón y España.