Sherlock Holmes: Juego de sombras
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Tras sólo un año de espera después de Sherlock Holmes‘, llegó a nuestras pantallas la secuela de las aventuras de Robert Downey Jr. en este nuevo papel. Si bien en la primera película ya pudimos hablar de excesos, no cabe duda que en ‘Sherlock Holmes: Juego de sombras’ Guy Ritchie consiguió rizar el rizo. Porque con esta segunda película todo aquello que aún podía recordarnos al detective más famoso de la historia quedó totalmente eclipsado por una pirotecnia visual en ocasiones descontrolada.

“Los malvados hacen el mal porque pueden”.-Sherlock Holmes.

Watson y Holmes

Crítica de Sherlock Holmes: Juego de sombras.
Cuando comenté Sherlock Holmes ya di mi sincera opinión sobre Guy Ritchie y sobre lo peligroso que me parecía darle una película como esa a un director como él. Y también remarqué que no era sólo un problema de dirección, sino que una película que relate las aventuras de Sherlock Holmes requiere una atmósfera y un tono muy concretos. No basta con pintarnos una hermosa ciudad de la época victoriana sino que es la esencia misma de la obra original lo único que otorga grandeza al conjunto, y prueba de ello es la serie ‘Sherlock’ de la televisión. Una serie donde la acción se sitúa en pleno siglo XXI y que sin caer en el efectismo visual mantiene intacto el espíritu de los personajes de Conan Doyle. En fin, no me extenderé, dije en su momento que el estilo frenético y caótico de Guy Ritchie eran un lastre para una película como esa y con esta segunda entrega me reafirmo con más fuerza si cabe.

Porque en esta segunda película podríamos decir que se han vuelto a caer en ciertos errores e incluso algunos se agravaron. En Sherlock Holmes constatamos con alivio que el ritmo no era tan frenético y acelerado como cabía esperar con Guy Ritchie manejando el timón, pero en esta segunda película sí lo fue. En esta ocasión Ritchie se desmelena totalmente desplegando toda su artillería. Voces en off, secuencias en slow motion, explosiones y pirotecnia… Pero todo multiplicado por diez, con lo que se convierte en algo repetitivo que deja de estar al servicio de la película para convertirse en el eje alrededor del cual todo gira. Un ejemplo muy sencillo es esa peculiar forma de pelear que tiene Holmes, donde primero nos narran lo que va a hacer y luego lo vemos en acción. Una vez vale, dos también. Incluso tres. Pero ¿más? Con la ingeniosa habilidad de Holmes con los disfraces sucede lo mismo, en la primera película se disfrazaba un par de veces, aquí en cambio parece que se haya convertido en Mortadelo. En líneas generales parece que Ritchie pensara: “Voy a hacer lo mismo que en la primera, pero más aún”. Y para bien o para mal lo consiguió, con un montaje casi disparatado que no resistiría un examen minucioso.

Claro, no toda la responsabilidad fue de Guy Ritchie, ni mucho menos. Otro problema es el guión, que vete a saber por qué acabó en manos de Kieran Mulroney y su mujer. ¿Y quiénes son estos? Pues los conocen en su casa, así de claro, o a lo mejor son compañeros de mus de Guy Ritchie. Yo soy de los que piensan que cuando uno pretende hacer una película de estas dimensiones es importantísimo encargarle el guión a alguien competente, con experiencia y sobre todo con talento. Y… ¿qué tenemos aquí? Pues una trama simplona y vacía de contenido que además requeriría más tiempo del disponible para alcanzar su fin, algo que repercute en un claro atropellamiento de sucesos. Es fácil que a mucha gente puedan pasarles por alto todos estos fallos porque el conjunto está hábilmente camuflado por un impresionante diseño de producción y una soberbia puesta en escena. Pero repito, es todo un espejismo, tras la pirotecnia y el efectismo no hay nada.

Sherlock Holmes: Juego de sombras

Hablemos ahora en esta crítica de Sherlock Holmes: Juego de sombras de los actores. Nuevamente la trama contó con el dúo protagonista formado por Robert Downey y Jude Law para aguantar el invento. Pero en esta ocasión el personaje de Sherlock Holmes se sumó a los excesos, y todo aquello que en la primera película era gracioso o incluso ocurrente se transformó ahora en cargante. Sí, seguimos viendo una serie de guiños dirigidos a contentar a los fans de las novelas de Conan Doyle, pero se nota cierta dejadez en ese aspecto. Robert Downey consiguió ofrecer un personaje extravagante, pero rizar el rizo tiene sus consecuencias y la verdad es que lo visto en pantalla no me gustó. Lo poco que quedaba de Sherlock Holmes quedó eliminado, ahora sólo hay un clon que se autoparodia y casualmente tiene grandes dotes deductivas, en fin… Por su parte, Jude Law volvió a dar vida al Dr. Watson, aunque sigo pensando que escoger a otro actor hubiera sido mejor opción.

Un personaje que en cambio sí mantuvo el tipo fue el de James Moriarty, interpretado con sobriedad por Jared Harris, un secundario con experiencia al que hemos visto en películas como El curioso caso de Benjamin Button‘. Es curioso porque a lo largo de las sesenta aventuras del famoso detective, Moriarty sólo aparece en dos, pero el estatus alcanzado por este genio del crimen es comprensible. En cualquier caso, el personaje estuvo muy bien dibujado, tanto que se hace raro verle en esta película. También hizo un gran trabajo Paul Anderson en el papel de Sebastian Moran, el lugarteniente de Moriarty. Interesante el papel de Stephen Fry dando vida al hermano de Sherlock Holmes, aunque no quiero saber quién tuvo la pajarera idea de hacerlo ir en pelotas delante de sus invitados. Y quizás el personaje más desaprovechado de todos fuera el de Madam Simza que corrió a cargo de Noomi Rapace, conocida sobre todo por su trabajo en la saga ‘Millenium’.

James Moriarty

Antes he elogiado el diseño de producción y hay motivos para ello, porque junto con los efectos visuales es lo que más se salva. La recreación de Londres volvió a ser magnífica, si bien esta vez Guy Ritchie optó por darle un toque retrofuturista a la ciudad, algo que, en cierta forma, chirría bastante teniendo en cuenta que la historia se ubica a finales del siglo XIX. Para entendernos, tiene cierto regusto a esa maravilla dirigida por Otomo que es ‘Steamboy’. Otras localizaciones como Berlín o París no se quedaron atrás, y en cuanto a las célebres cataratas de Reichenbach, pues no tienen mucho que ver con las de verdad pero tampoco importa.

El apartado musical volvió a correr a cargo de Hans Zimmer, un magnífico compositor que nuevamente compuso una serie de temas que acompañaron el drama y la acción. Tal como comentamos en la anterior película algunos de estos temas son estridentes, demasiado chillones, pero siguen la ola de excesos creada por Guy Ritchie. También se reciclaron viejos temas, como uno de Enio Morricone que compuso para la película ‘Dos mulas y una mujer’ y que en este caso vino como anillo al dedo.

Sherlock Holmes: Juego de sombras

Conclusión.
Poco más puedo decir sobre esta película que no dijera en su momento sobre la anterior. Es más de lo mismo, Guy Ritchie no quiso arriesgar y optó por repetir una fórmula que ya le funcionó en su momento, sólo que además potenció los excesos y el histrionismo. El resultado es una secuela disparatada que probablemente gustará a los que disfrutaron deSherlock Holmes pero que se hará insoportable para los que no salieron demasiado contentos. En mi caso me hallo en aguas neutrales. Considero que estamos ante una película entretenida pero que, en casi todos los aspectos que la conforman, aprueba por los pelos.
Esto no es Sherlock Holmes, es otra cosa. Y tal como he repetido en muchas otras ocasiones, cuando un director utiliza como reclamo un personaje o título emblemático está obligado a hacerle justicia. Y Guy Ritchie no ha cumplido, más bien ha convertido al detective más famoso de la literatura universal en un payaso. Quien sea capaz de asumirlo probablemente pase un buen rato, a los demás les recomiendo que vean otra cosa si no quieren terminar cabreados.