Recuerda
Comparte con tus amigos










Enviar

En 1944 Alfred Hitchcock regresaba a Estados Unidos para retomar su carrera en Hollywood. Basándose en el libro “La casa del Dr. Edwardes” emprendió la que sería su película más onírica (‘Recuerda’), contando con la inestimable colaboración de otro maestro de los sueños, Salvador Dalí.

“Las mujeres son las mejores psicoanalistas hasta que se enamoran. Después son las mejores pacientes”.-Dr. Brulov.

Recuerda

Crítica de Recuerda.
Alfred Hitchcock abordó en muchas de sus películas los conceptos del sueño y la ilusión. Ejemplos palpables de ello los podemos encontrar en títulos como Encadenadoso ‘Vertigo’, que no son otra cosa que auténticos sueños filmados. Por ello es lógico que en una película de Hitchcock que versa sobre el mundo del psicoanálisis esperemos encontrar una historia delirante y alocada. Y sorprendentemente no es así, sino que una vez más Hitchcock propone la historia de la caza del hombre, con retazos de pseudopsicoanálisis de fondo. La idea inicial era distinta, ya que basándose en la novela de Francis Beeding él quería proponer la historia de un loco que acababa tomando el control de una casa de locos. El director tenía en mente rodar la primera película sobre el psicoanálisis, y la elección de Ben Hecht para escribir el guión fue muy acertada porque era un hombre muy interesado en esta disciplina médica.

Sin embargo, el guión de Hecht, aunque interesante y bien trabajado, se nos antoja demasiado razonable para lo que podíamos esperar de una historia como esta. Es decir, contiene muchos diálogos y carece de ese toque fantasioso que podemos encontrar en otras películas del director británico. El motivo no es casual, sino que según el propio Hitchcock tuvieron miedo de la irrealidad que rodea al psicoanálisis, lo cual les llevó a tratar las peripecias de John Ballantine desde un prisma mucho más lógico. No obstante es muy importante resaltar la visión que tenía Hitchcock de los sueños y cómo quería rodarlos. Por aquel entonces las secuencias oníricas en el cine solían ser borrosas, con cierto movimiento irreal, incluso rodeadas de neblina. Su idea era diametralmente opuesta y pasaba por mostrar los sueños de Ballantine en imágenes nítidas y muy visuales. Por ello solicitó a Selznick, que controlaba mucho todas sus producciones, que consiguiera la colaboración de Salvador Dalí, un artista por entonces de talla internacional que era considerado como el maestro del Surrealismo y que tenía experiencia previa en el mundo del cine.

El trabajo de Dalí ayudó considerablemente a plasmar lo que Hitchcock tenía en mente. Sus obras, caracterizadas por un uso muy particular de la perspectiva y la luz, se puede apreciar en cada secuencia onírica que contemplamos, por ejemplo cuando Ballantine desciende a toda prisa por un plano inclinado huyendo de una perturbadora sombra. Obviamente el genio creativo de Dalí estaba algo limitado dentro del estudio y había convencido a Hitchcock de lo interesante que sería rodar las secuencias en espacios abiertos. Pero el coste que implicaba no fue aprobado por Selznick, que en el fondo veía la participación de Dalí como un simple ardid publicitario.

Recuerda

Hitchcock contó con un buen plantel para esta película. La productora puso a su disposición a Ingrid Bergman, que había dado el salto al estrellato con ‘Casablanca’ y ‘Luz que agoniza’, por la que ganaría el primero de sus tres Oscars. Y para interpretar a John Ballantine se contrató a un joven y prometedor Gregory Peck que acababa de alcanzar el estatus de estrella con la película ‘Las llaves del reino’. La verdad es que Ingrid Bergman fue siempre una actriz extraordinaria que se amoldaba a la perfección a lo que Hitchcock buscaba. Gregory Peck, por el contrario, carecía de la mirada o emoción necesarias para encarnar al pobre Ballantine. Sin embargo, la pareja protagoniza algunos momentos realmente bellos, como la escena donde se besan por primera vez y que precede a una maravillosa secuencia de apertura de puertas, un simbolismo que nos dice que el personaje de la Bergman ha superado sus miedos e inhibiciones.

Quizás otro actor que cabe destacar es Michael Chekhov, que da vida al doctor Brulov. Un personaje interesante pero a la vez algo intranscendente, de hecho la parte de la trama que se centra en la visita de la pareja al viejo doctor es algo floja. No obstante es allí cuando a través de los sueños de Ballantine se van desgranando las pistas que nos llevarán a dar con la solución al rompecabezas y el por qué de su misterioso pasado. Obviamente Hitchcock aprovecha esta parte del metraje para recurrir a elementos muy repetidos en sus películas, como por ejemplo la escena donde Ballantine baja al salón con una navaja en la mano y se encuentra al doctor ofreciéndole un vaso de leche.

No podríamos acabar esta crítica de Recuerda, sin destacar la labor compositiva de Miklos Rozsa, que con los temas que acompañan a algunas de las más bellas escenas consiguió el Oscar. Especialmente hermoso el tema lírico que suena mientras Constance sube la escalera del sanatorio para dirigirse a la habitación de Ballantine, si bien los violines que suenan en el momento del beso resultaron horribles según el propio Hitchcock.

Recuerda

Conclusión.
La verdad es que ‘Recuerda’ no es una de mis películas favoritas de Hitchcock y la razón es que, como he comentado al principio, todo es demasiado razonable y carente de fantasía. En su favor hay que decir que la mayor parte de lo que quería hacer con Dalí sufrió la tijera de la productora, que no quería demasiados gastos. Pero en general tenemos una historia que se basa más en la investigación que en el propio psicoanálisis. Es decir, los entresijos de la mente deberían haber sido el centro de todo y en realidad son un pretexto para presentarnos la caza de un presunto asesino. Francamente, esperaba más de una película onírica como esta pero no quisiera dar a entender que no merece la pena ser vista. Al contrario, ‘Recuerda’ es una película cautivadora, bien realizada y con los suficientes aciertos como para disfrutar de ella plenamente.