Quo Vadis
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En otros artículos ya hemos hablado del «cine de romanos» o “peplum”. Quizás la película que más fácilmente identificamos con este género sea Ben Hur‘, pero en esta ocasión vamos a centrarnos en otra que, pese a guardar un evidente parecido con la que protagonizara Charlton Heston, difiere tanto en la forma como en el contenido. ‘Quo Vadis’ centra la acción en los tiempos en que Nerón gobernaba Roma caprichosamente. Unos años oscuros marcados por el misterioso incendio de la Ciudad Eterna y la persecución implacable de los cristianos.

«No basta con saber vivir, hay que saber morir».-Petronio.

Quo Vadis

Crítica de Quo Vadis.
Como decía al inicio de este artículo, una de las cosas que llaman la atención de esta película es el parecido que guarda con Ben Hur, una superproducción que se rodaría ocho años más tarde y que al contrario que ésta sí que arrasaría en los Oscar. Ambas películas narran una historia de redención, en este caso la de un soldado romano que acaba enamorándose de una cristiana proscrita, y tanto la estética como el estilo narrativo son poderosamente similares. No obstante, en esta ocasión no hay venganza de por medio sino una lucha frente a la adversidad y una trama de intrigas palaciegas.

La película está basada en hechos históricos y principalmente en la novela homónima del escritor polaco Henryk Sienkiewicz. La pregunta en latín que da nombre a la película está tomada de los textos apócrifos de los Hechos de Pedro. Según esos textos, durante su precipitada huida de Roma para escapar de la persecución, al apóstol Pedro se le apareció Jesús que se dirigía a la ciudad. Él le preguntó «Quo vadis Domine?». Es decir, «¿Adónde vas, Señor?». A lo que Jesús contestó «A Roma, la ciudad que tu abandonas, para hacerme crucificar de nuevo». Y ese fue el motivo que le llevaría a afrontar su destino.

Aunque es un dato desconocido por gran parte del público, esta película ya contaba con una precursora. En efecto, en 1932 el genial Cecil B. DeMille rodaba ‘El signo de la cruz’ con un elenco de estrellas del momento entre los cuales estaban Claudette Colbert, Charles Laughton y Fredic March. En la película que nos ocupa hay notables mejoras respecto a la original que contribuyen a elevarla por encima, en gran parte debido al trabajo de un equipo de guionistas que otorga una mayor relevancia a la conversión de Marco Vinicio y que dibuja a personajes como el de Popea y Nerón con una mayor verosimilitud histórica.
El nombre de Mervyn LeRoy es sinónimo de buena factura, algo fácilmente comprobable viendo otras películas suyas como ‘Mala semilla’ o ‘Mujercitas’. Y en general podemos decir que las distintas secuencias que dan forma a esta película están rodadas con mano firme y sobre todo con un tempo narrativo acompasado. De hecho hay escenas magníficas, por ejemplo las del Coliseo, con esa lucha con el toro protagonizada por el gigantón Ursus o el incendio de Roma, absolutamente majestuoso.

El eje central de la trama gira principalmente alrededor de los personajes interpretados por Robert Taylor y Peter Ustinov. Por una parte el comandante romano que debe enfrentarse a su deber como soldado para proteger a la mujer que ama, y por la otra un emperador maníaco y egocéntrico que amenaza con destruir todo lo que le rodea. Aunque a caballo pasado es fácil opinar, creo que la elección de Robert Taylor para el papel no fue del todo acertada. A mi siempre me pareció un actor resultón, guaperas y con un punto de chulería. Pero al contrario que actores como Charlton Heston o Anthony Quinn carecía de la prestancia necesaria para encarnar un papel como este. Es algo que podemos observar en películas como ‘Ivanhoe’ o ‘Caravana de mujeres’. En el caso de Peter Ustinov ocurre justo lo contrario, dibuja un Nerón extravagante e inolvidable que navega entre la parodia y la sobreactuación. Podría decirse que incluso llega a despertar nuestra simpatía y compasión cuando le llega la hora. Seguramente habrá quien se pregunte si el verdadero Nerón era como lo describen aquí, y la respuesta es que no lo sabemos. Lo único cierto es que historiadores contemporáneos como Tacito o Suetonio no le dejan demasiado bien, y también es verdad que fue un tirano amante de la cultura que se rodeó de excesos, pero separar mito y realidad resulta casi imposible.

Nerón

El papel de Ligia recayó sobre una bellísima Deborah Kerr que por entonces había sido contratada por los estudios MGM y que en años siguientes realizaría inolvidables películas como ‘Las minas del rey Salomón’ o ‘El prisionero de Zenda’. Por el camino se quedaron nombres como Elizabeth Taylor (que finalmente haría de extra) o Audrey Hepburn que por entonces era una desconocida. La elección fue todo un acierto, y Kerr consiguió dotar a Ligia de esa mezcla de aristocracia e ingenuidad que requería el papel, pese a resentirse de cierta superficialidad.
Una mención especial para dos de los secundarios. Primero para Leo Genn que da vida a un Petronio virtuoso y contrario a los vicios desbocados de Nerón, deparándonos un final a la par que cómico y punzante. Y segundo para Patricia Laffan, que interpreta a Popea, la manipuladora mujer de Nerón. Tengamos en cuenta que Popea fue quien convenció a Nerón para que matara a su propia madre, y llegó a controlar al emperador hasta sus últimos momentos. Era una mujer de moral disipada, ambiciosa y sumamente cruel. Justo lo que sentimos cuando vemos el trabajo de Patricia Laffan. Como anécdota diré que en realidad tuvo una muerte menos digna que la que pueda ofrecerse en esta película: murió de una patada propinada por el propio Nerón.

Los decorados de esta película son bastante resultones, digamos que el término «cartón piedra» adquiere gran significado en este film, y es que no hay que olvidar que era el año 1951. Uno de las principales preocupaciones de los estudios era que no se disparara el presupuesto, y para eso contaron con la ventaja de rodar en los populares estudios Cinecittà de Roma. Gracias a eso se pudo contratar a miles de extras y se lograron construir unos espléndidos decorados exteriores donde rodar las escenas.
El tiempo no en balde, y actualmente la sensación de acartonamiento es bastante palpable en la película, llegando a puntos casi cómicos en escenas como las de los leones devorando cristianos. Pero en los tiempos que corren, donde las cromas y el trabajo digital son el pan de cada día, es refrescante comprobar lo que se podía lograr en aquellos años con un buen puñado de profesionales.

Sin duda el otro elemento destacable es la banda sonora compuesta por Miklós Rózsa, un genio de la música que trabajaría en muchas de las siguientes superproducciones dejando su sello inconfundible.

Quo Vadis

No quisiera acabar esta crítica de Quo Vadis, sin advertir que el nivel de rigor histórico de esta película es discutible. No me refiero sólo a la figura de Nerón o a lo que se nos relata, sino que unos hechos que tuvieron lugar a lo largo de varios años se despachan como si todo hubiera sucedido en pocos días. También hay licencias que se han tomado por motivos puramente contextuales, por ejemplo el hecho de que veamos diversas cruces cristianas de madera a lo largo de la película, cuando en realidad este símbolo no se adoptó hasta 400 años más tarde. Otras interpretaciones son cuanto menos discutibles, como la famosa estampa de Nerón tocando la lira mientras arde Roma… Algo que no pudo ocurrir jamás porque en ese momento estaba de vacaciones en su ciudad natal. De hecho no son pocos los expertos que aseguran que él no quemó la ciudad.

Otro elemento que no puede pasarnos por alto antes de terminar es el aspecto propagandístico de este tipo de superproducciones. Recordemos que a finales de la década de los cuarenta la «caza de brujas» orquestada por el senador McCarthy ya había comenzado, a la busca y captura de sospechosos de simpatizar con el comunismo. ‘Quo Vadis’ no fue ajena a estas circunstancias, y si observamos atentamente nos daremos cuenta que se intenta evidenciar un fino paralelismo entre la Roma de Nerón y la Rusia estalinista. Los filósofos que sirven a Nerón ocultan algunos de los elementos ideológicos característicos de la propaganda soviética en sus diálogos. Y el propio Nerón, una criatura demente y autodestructiva, es fácilmente identificable con Stalin. Todo pues al servicio del espectáculo pero también de la política.

Quo Vadis

Conclusión.
Tal como hemos comentado en otros artículos, este tipo de superproducciones nacieron para conseguir captar a un público que acababa de descubrir la televisión y era reacia a acudir a las salas. Presupuestos generosos y la presencia de grandes estrellas del momento, unido a una historia épica y colosal, eran un poderoso atractivo al que nadie se resistía. Así nacía el cine más espectacular, y películas como ‘Quo Vadis’ son sin duda recomendables aún a día de hoy.
En mi opinión hay alguna que otra escena que podrían haberse ahorrado sin que se resintiera la trama, reduciendo así un metraje algo excesivo. También hay numerosas licencias históricas que, teniendo en cuenta la poca exactitud de las fuentes originales, son totalmente disculpables. Pero los fallos que podamos encontrar quedan compensados por unas grandes interpretaciones, sobre todo la de Peter Ustinov, y una historia conmovedora que creo hay que disfrutar aunque sea una vez en la vida.