Mil maneras de morder el polvo
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Seth MacFarlane nos trae en esta ocasión una nueva comedia en la que lleva su particular y personal estilo y humor al salvaje oeste. Contando con un gran reparto, MacFarlane nos descubre las ‘Mil maneras de morder el polvo’ que había en Arizona en 1882.

“Odio el oeste y todo lo que contiene”.-Albert Stark.

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Crítica de Mil maneras de morder el polvo.
Oeste y comedia son dos géneros que nunca me ha gustado ver juntos porque quitando las películas de Bud Spencer y Terence Hill no suelen funcionar bien, al menos para mi gusto… y ‘Mil maneras de morder el polvo’ no es una excepción.

Esta película del famoso y divertido Seth MacFarlane quiere ser tan graciosa y divertida que termina haciéndose cansina y/o pesada. Sí, es cierto que tiene gags muy divertidos y logrados (por ejemplo, yo me reí mucho con uno que tiene a un bloque de hielo y a unos trabajadores como protagonistas) pero entiendo que peca de saturar al espectador/a con demasiadas “gracietas” a lo largo de un metraje de casi dos horas que me parece excesivo para lo que había que contar. Quizás habiendo limitado el número de bromas/gags y reduciendo la duración de la cinta… esta habría funcionado mucho mejor.

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El humor se asemeja mucho al que vimos en Ted (ya se encarga el póster de dejarlo bien claro con esa frase promocional “Del tío que te trajo a Ted”) pero aquí no funciona tan bien como allí por la saturación comentada en el párrafo anterior, y no nos engañemos, aquí tampoco está esa sensacional pareja que formaron Ted y Mark Wahlberg. ¿Y cuál es ese humor? Pues un humor escatológico, sexual, absurdo e irreverente. Todo ello potenciado al máximo durante todo el metraje y funcionando irregularmente…

La historia del film tampoco ayuda a ver nada nuevo ni original: un tipo que pierde a su novia, se consuela con su mejor amigo y termina por conseguir la ayuda de otra mujer de bastante buen ver que le ayudará a intentar recuperarla. Como vemos, nada nuevo bajo el sol, y todos los actores y actrices vistiendo ropas tan limpias que parecen lavadas con “Micolor”… con lo que la ambientación se resiente. A la cinta se le añade una BSO de carácter aventurero/western obra de Joel McNeely que parece evocar las composiciones del mítico Johh Williams, no en vano, McNeely ha compuesto la música de varios episodios del joven Indiana Jones…

En consecuencia, lo que más puedo destacar en esta crítica de Mil maneras de morder el polvo, son algunos gags que entrega el film, y el ir reconociendo al famoso plantel de artistas que intervienen… con algunos cameos esta vez sí originales, inesperados y muy divertidos…

“Si bebes no cabalgues”.-Edward.

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“Bienvenidos a nuestra fabulosa ciudad”… Mordiendo el polvo.

En el terreno interpretativo la estrella de la función es el propio Seth MacFarlane que se ocupa de dar vida al protagonista, el granjero llamado Albert Stark. No le niego a MacFarlane su talento para la comedia, pero como actor me ha resultado decepcionante, se pasa casi todo el film soltando frases sin parar como si fuera una auténtica “ametralladora humana de palabras”. Seth incurre así en la misma saturación que en párrafos anteriores comenté que presentaban las bromas del film. Un poco de pausa habría sido bastante de agradecer también en su personaje…

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El resto de famosos intérpretes corren suerte dispar… Charlize Theron (Anna) y Amanda Seyfried (Louise) son las mejor libradas aportando, por un lado, seriedad y saber estar (Theron), y por otro lado, aguante y profesionalidad para saber reírse de sí misma y de sus “defectos” (Seyfried). Otro que sale bien parado es Neil Patrick Harris con su odioso personaje de Foy, el nuevo novio de Louise obsesionado con su mostacho.

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Los papeles de Giovanni Ribisi (Edward, el mejor amigo de Albert) y Sarah Silverman (Ruth, la novia prostituta de Edward) son para hacérselos mirar… y, para colmo, pasan de ser muy importantes al principio del film para caer luego de manera casi inexplicable en el olvido… Finalmente, y sin mayor trascendencia,  pasan también por la película gente como un Liam Neeson totalmente desaprovechado en el papel del bandolero “Clinch” (guiño a Clint Eastwood) o Wes Studi, relegado a la parte final del film y para cumplir el expediente sacando a la correspondiente banda de indios para buscar gags más exóticos… De los cameos que podemos ver en ‘Mil maneras de morder el polvo’ no os diré nada para que los podáis disfrutar plenamente.

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En conclusión.
Mucho MacFarlane y muchos gags provocan un gran empacho que se va acentuando a medida que la película avanza en una duración que se me antoja excesiva. Es cierto que algunos gags son divertidos pero ‘Mil maneras de morder el polvo’ no es una comedia que vaya a ser recordada ni a aguantar un segundo visionado. Si hubiera tenido un “término medio” en todo habría funcionado muchísimo mejor.

“En el oeste hay mil maneras de morder el polvo”.-Albert Stark.

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