Magia a la luz de la Luna
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Crítica de Magia a la luz de la Luna.
Woody Allen lo ha vuelto a hacer. Y no me refiero a que ha vuelto a dar en el clavo con una película digna de tan legendario director, sino que su nuevo film anual es otra floja y anodina propuesta, claro ejemplo de desgaste e intento de querer estar siempre al pie del cañón.

Funcionando a la perfección como retrato de la Costa Azul durante los ostentosos años 20 del pasado siglo, cabe decir que tanto la música como la ambientación juegan a favor de esta ‘Magia a la luz de la Luna’. La premisa, cuanto menos peculiar, también parecía uno de sus puntos fuertes: un ilusionista dispuesto a desenmascarar a una farsante que se hace pasar por vidente. La idea podría haber servido como argumento para cualquier otra comedia romántica de las que pasan sin pena ni gloria por nuestras salas año tras año, pero esta vez la banal perpetración de lo edulcorado llevado al extremo viene de la mano de un director avalado por una prestigiosa trayectoria. Es fácil imaginarse al pequeño neoyorkino de 79 primaveras ideando el guion del film en plan: “haré lo que hago siempre pero enmarcándolo en un entorno que quede bonito; y lo adornaré con bonita música para que se note menos las pocas ganas con la que lo estoy haciendo. Total, soy Woody Allen, la película será éxito seguro…”. Pues mire Señor Allen: no.

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Y es que cuando alguien hace películas como churros, es normal que no todas sean obras maestras que merezcan ser nominadas a todos los premios habidos y por haber y que la crítica, de forma unánime, se postre ante ellas. Porque, queridos lectores, la película que ha decidido estrenar este 2014 el director de joyas como ‘Hannah y sus hermanas’ (1986) o ‘Match Point’ (2005) –por citar tan sólo dos–, es una soberana tontería hecha para el único goce y disfrute de él mismo y de todos los que ni siquiera se atrevan a cuestionar la calidad de sus films. No estamos, en absoluto, ante la peor película de su dilatada filmografía, pues difícil es igualar aquella flojísima cinta titulada ‘Vicky Cristina Barcelona’ (2008), pero sí ante una de las más mediocres de la misma.

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La trama, correcta en cuanto a finalidad, parece estar sostenida únicamente por la presencia de unos actores liderados por un estupendo Colin Firth (el ilusionista) y una sosísima Emma Stone (la vidente), quienes sirven de nexo en un conjunto de situaciones que más bien parecen una retahíla de sketches sobre cómo se relacionan un grupo de pijos en mitad de sus mansiones y lujosas cenas y reuniones. Porque, repito, como representación de ese estrato social que tanto gusta de plasmar en pantalla a Allen que es la clase alta, es maravillosa. Tan maravillosa como vacía de contenido. Una sucesión de diálogos y una historia tan predecible como edulcorada al máximo, que hará las delicias de aquellos que se conformen con poco y que, estoy seguro, no gustará a todos los seguidores confesos del prolífico realizador.

Aun y todo esto, la corta duración y lo ligero de la puesta en escena (la música y la deliciosa ambientación ayudan mucho) son el punto clave para que, pese a que no nos cuente nada, ‘Magia a la luz de la Luna’ no llegue a ser una película nefasta. Eso sí, si la película fuese la misma pero el nombre del director fuese otro, cuasi por unanimidad lloverían los vilipendios. Pero es Woody Allen señores, y por mucho que pese, hay veces que (sin entender por qué) cuesta admitir que hasta los grandes se equivocan. Vean y juzguen ustedes mismos.

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En conclusión.
Como cierre final de esta crítica de Magia a la luz de la Luna cabe decir que si eres un gran admirador de Allen, te gustará (o no). Si quieres deleitarte con bonitos paisajes, escuchar buena música y transportarte a los locos años 20, esta es tu película. Esperemos que su proyecto para 2015 (su película número 45, ahí es nada) sea superior a esta, algo más que fácil.

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