La venganza del ninja
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En el mundo de las artes marciales ninguna figura ha despertado tanta fascinación como el ninja. Se sabe que eran mercenarios y espías adiestrados en el arte del asesinato, pero aún en pleno siglo XXI sigue rodeándoles un aura de misterio. Corrían los años ochenta cuando la productora Cannon Films decidió adentrarse en el mundo del ninjitsu abriendo la lata de un subgénero que aún hoy en día sigue contando con multitud de seguidores. Hoy os hablo de… ‘La venganza del ninja’.

“Sólo un ninja puede parar a otro ninja”.-Cho Osaka.

La Justicia del Ninja

Crítica de La venganza del ninja

La figura del ninja ha sufrido una profunda transformación desde sus primeras apariciones en el cine. Es importante tenerlo en cuenta porque, a principios de los ochenta, apenas había referencias de este personaje histórico si exceptuamos pequeñas producciones o películas como ‘Sólo se vive dos veces’ (Lewis Gilbert, 1967). En 1981 se rodaba La justicia del ninja’ (Menahem Golan), cediendo por primera vez el protagonismo a estos misteriosos mercenarios. Pero sería en películas como la que vamos a comentar cuando finalmente el ninja se convertía por derecho propio en un personaje cinematográfico. Obviamente, hablamos de una época donde los videojuegos no tenían ni la repercusión ni la popularidad de la que gozan hoy en día. Eso se traduce en unos ninjas que, vistos desde la distancia, pueden parecer algo cutres, o si preferís poco sofisticados.

Recordemos que allá por 1979 Cannon Films había sido adquirida por dos empresarios judíos que a la postre formarían una productora mítica del cine ochentero: la Golan Globus Productions. Por eso no es de extrañar que el director escogido fuera también judío, en este caso Sam Firstenberg. Un director bastante mediocre que firmaría películas ya memorables como ‘El guerrero americano’ (1985) o ‘Desaparecido en combate 3’ (1988). Tampoco hacía falta más, en películas como la que nos ocupa el trabajo de dirección suele ser bastante irrelevante, y si algo centra el interés son los combates y las escenas de acción. Quizás también destacaríamos el guión que, sorprendentemente, no está nada mal. Evidentemente no es para echar cohetes, pero para los estándares del momento es más que suficiente.

Y volviendo a las escenas de acción es obligado hablar de Sho Kosugi, un artista marcial japonés especializado en ninjitsu. Ésta sería una de las muchas películas de ninjas que protagonizaría, llegando incluso a hacerse con el papel de maestro Ozunu en la reciente Ninja Assassin (James McTeigue, 2009). Aquí trabaja sus escenas de lucha como marcaban los cánones de la época: con buenas coreografías, liquidando a golpe de katana y con los siempre omnipresentes shuriken. Hay que advertir que los efectos visuales dejan mucho que desear, nada que ver con lo que se puede ver hoy en día. No por falta de sangre, sino por esa poca sofisticación de la que hablaba al principio. Además, en muchas ocasiones los ataques del ninja son más estéticos que letales, aunque cumplen su cometido. Finalmente constatar que no hay ni rastro de poderes sobrenaturales por ningún lado, las habilidades de los ninjas son más verosímiles y fieles a la realidad que lo que puede verse en los videojuegos.

El resto del reparto es francamente malo, aunque al tratarse de una producción de bajo presupuesto no cabe esperar otra cosa. Interesante la presencia de Keith Vitali, un artista marcial recordado por la película American kickboxer’ (Frans Nel, 1991). Y en el otro extremo tenemos la bochornosa presencia de Ashley Ferrare, una modelo rubia que, aparte de enseñar cacho y ofrecer todos los topicazos habidos y por haber, no pinta nada. El papel de Braden recae sobre Arthur Roberts, actor televisivo que cumple con la papeleta aunque de artes marciales no tenga ni idea. Afortunadamente para la productora, los ninjas llevan el rostro cubierto, lo cual les permitió usar un doble en las escenas de lucha.

La Venganza del Ninja

Conclusión.
No vamos a engañar a nadie en esta crítica de La venganza del ninja, la película sería calificada de mala por la mayoría de gente, incluso por aficionados a las artes marciales. Pero al mismo tiempo fue una de las primeras películas que se atrevieron a utilizar a los ninjas como protagonistas absolutos, y eso es algo que el cine de artes marciales tiene que agradecerle. Yo crecí con este tipo de películas, y que con el tiempo hayan envejecido mal no significa que en su momento no me parecieran fabulosas y entretenidas. En realidad me parecen incluso mejores que productos como ‘Ninja Assassin’, al menos en ciertos aspectos. Desgraciadamente hoy en día en el mundo del cine el impacto visual lo es todo, por lo que se hace difícil defender a una película clásica como esta donde las espadas no mutilan ni destripan al adversario. Pero si somos capaces de aceptarla como hija de su tiempo, con lo que ello supone, veremos que tiene mucho que ofrecer.